domingo, 6 de octubre de 2013

LAS ESTRUCTURAS ECONÓMICO-SOCIALES Y LOS MALLS





   Tres fenómenos estructurales que presenta la economía nos parecen puramente modernas. La verdad es que son muy antiguas aunque con algunos rasgos distintos. Comencemos con la globalización, que consiste fundamentalmente en una intensificación  de las relaciones económicas y comerciales entre los pueblos y se habla de totalidad en el sentido que nadie queda fuera del intercambio. Hay productos, entonces, que es posible encontrar en todos los mercados, sean ellos: útiles, ropas, teléfonos, y miles de otros que podemos enumerar, pero que se conocen con el nombre de mercancías. En tiempos antiguos, el fenómeno de globalización también ocurrió con Marco Polo, con Cristóbal Colón, Alonso Pinzón, los fenicios, griegos, romanos, persas y sus conquistas y también con los árabes, que fue un renacimiento oriental, mientras en Europa transcurría la oscura y cerrada Edad Media. Cuánta envidia tendrían esos antiguos de haber sabido la instantaneidad y velocidad que la electrónica e internet proporcionan a los negocios, a las informaciones y a las transferencias.

   Otro es el fenómeno de la concentración de los capitales en pocas familias, que es posible observar desde los tiempos del Imperio Egipcio y en todas las clases dominantes, sean ellas realezas, principados, noblezas, burguesías, determinadas a través de la historia como minoría enriquecida y dominante y otra mayoría dominada, pobre, sin progreso hacia el futuro. Son las tradicionales clases sociales en las que se establecía una dinámica (o dialéctica según Hegel) que desde los tiempos tribales se resolvía violentamente en la que los poseedores eran desposeídos y asesinados y el circuito criminal proseguía en sentido inverso. Las revoluciones tienen esa impronta, pero en concentraciones de población ya más numerosas y con regímenes autoritarios que provocaban la rebeldía, la rebelión. Las clases dominantes se fueron haciendo cada vez más astutas y mediante recursos legales, militares, financieros, montan un poder fáctico. En los tiempos actuales, a causa del sistema democrático, se ha instalado entre ambas clases un colchón que retarda o impide el choque. Son los sectores medios, conocidos también como clase media.

   De acuerdo al acontecer histórico, el planteamiento comunista de fin de la lucha de clases, es irreal. Una sociedad sin esa dinámica de enfrentamiento de intereses es una utopía: es una sociedad paralítica.
Los filósofos alemanes, como Spengler, que adjudican al ente sociedad un alma, quizás no adivinaron que el karma de esa alma-sociedad, se supone civilizada, son las matanzas entre las clases sociales.

   Un estudio de economistas bancarios señalan que en Chile, como en todos los países del mundo, hay familias que controlan la economía. Ricardo Lagos, hace medio siglo, en su estudio sobre la concentración económica, los llamada grupos económicos. Hoy se prefiere el apelativo de familias. El asunto que destacan es que un 1% de la población del país, cautiva más del 30% del producto bruto del erario. Lo anterior establece uno de los rangos más brutales de desigualdad en el mundo. Se señala que unas 6.500 familias establecidas en Chile, disponen de un millón de dólares a lo menos, como excedente, cash o neto o disponible, fuera de monos (sean éstos propiedades, automóviles, etc.) Se calcula que tienen a su disposición unos 90.000 millones de dólares. Todo ello fruto de los buenos negocios, como por ejemplo, el de las AFP. En ellas, los trabajadores que ahorran para una futura jubilación, entregan una suma anual de 4 a 5 BILLONES de pesos. Sin embargo, las administradoras no les garantizan ni siquiera el aumento del IPC y los dineros son prestados a través de las instituciones financieras a los mismos ahorrantes para comprar viviendas, para el consumo y otros bienes, con un interés verdaderamente usurario. Basta conocer las espectaculares ganancias de las instituciones bancarias, cada año.

   ¿Qué hacer en un sistema democrático?
Si descartamos la matanza y la apropiación violenta de esos dineros, un sistema de impuestos más justo, significaría un ingreso al presupuesto de, a lo menos, 9.000 millones de dólares, esto es un 10% sobre esos 90.000 millones de dólares.

   Lo increíble de todo esto es que los electores de la gran mayoría sometida, eligen y reeligen representantes que van al Congreso y que en lugar de revertir la situación impositiva, legislan para la continuidad de los privilegios de la clase dominante.

   ¡Si se decidiera hacer un monumento a la tontería, sería más enorme de una pirámide del Antiguo Egipto!

   El tercer fenómeno que obedece a la ley del pastoreo, rodeo y encierro de ganado, es la concentración de las mercancías y por lo tanto de los consumidores en los lugares ad hoc. Basta recordar en la Antigüedad los templos ubicados en colinas como el de Jerusalem, donde para llegar al lugar de culto a los dioses, ubicado en la parte más alta, debía atravesar por gigantescas ferias agrícola-ganaderas. Esta práctica se continúa hoy en nuestro país con celebraciones religiosas como: la Virgen del Rosario en Pelequén, la Fiesta de la Tirana, la Virgen en Lo Vásquez y otras.

   En estos días tecnológicos, toda la sinergia del sistema capitalista se concentra, se nidifica en polos energéticos para producir la constante renovación de la ideología y la práctica del sistema a través del consumo en el interior del mismo. Los centros para esta gran aspiración de los hombres como seres en el mercado, el sumo referente de la intelectualidad rumiante y el quehacer cotidiano, son los MALLS.

   El mall es un huevo capitalista, reproductor de fortunas, y llena los espacios espirituales del nuevo ser humano. En ellos se encuentran todos los productos ideados para consumirse, mediante imágenes repetidas y televisadas hasta el cansancio, hasta producir el espíritu consumista, provisto de una ansiedad por tenerlos o tenerlas, probarlas, degustarlas, admirarlas, usarlas, conseguirlas para satisfacer la estética, la dietética, la gastronomía, desde los Mac Donalds que chorrean grasa, hasta los restoranes para gourmets. Todo ello junta a la arquitectura moderna y que ofrece comodidad a la clientela de peluquería, lencería, bisutería, joyerías, los cines… y en sus espacios chicos y grandes encontrarán la diversión, el paseo y mucho más.

   Han logrado crear la ciudad mal. Más aún, la metrópoli mal. Las ciudades artesanales quedaron en el pasado. Sin embargo, los productos de las pymes son ofrecidos y ofertados en las grandes tiendas del retail. Esto no para aquí. Las grandes concentraciones de consumidores requieren espectáculos y artistas de moda que se deben presentar en recintos, sean arenas, estadios, lugares de peregrinación, estaciones culturales, centros de eventos y de turismo,

   Al parecer, todo habla de progreso, pero el ritmo de funcionamiento depende de los grandes centros internacionales y se observa esto en la adaptación, ampliación de puertos, aeropuertos, carreteras. Sin entusiasmarse porque los vaivenes de la economía mundial dan siempre coletazos.

   El quid ontológico del hombre de hoy es de un ser atrapado en el mercado. Afuera, encuentra la nada existencial y a veces, el suicidio.

Enrique Lamas Morales

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