sábado, 31 de diciembre de 2011

MICROCUENTOS

LA VECINA DEL LADO


¡La vieja del lado lo sabe todo! ¡Sabe todo-todo-todo sobre nosotros! He llegado a pensar que tiene mi teléfono intervenido.

También he pensado que nos ha hecho poner micrófonos en todas las habitaciones de mi pareada casa.

Además, estuve recordando que ella una vez me contó que su finado marido en su juventud fue paramédico, lo que me lleva a suponer que perfectamente puede ella poseer un estetoscopio que él se haya robado…y lo ponga en la pared para escuchar mis conversaciones con Roberto y mis pataletas y nuestras peleas. Porque, ¿Por qué entonces sabe tanto?
También sospecho de los niños. Que ella les tire la lengua y ellos lo cuenten todo. ¡Par de traidores! ¡Espías mal nacidos! “Cría cuervos y te sacarán los ojos” ¡Y así me siento! ¡ciega! Pero ciega de rabia porque aún no doy con la última prueba que me faltaría para demandar a esta vieja desgraciada.

El mes pasado volví a leer “El Diario de Ana Frank” Y ahora se me ha ocurrido que a lo mejor esta vieja, cuando tuvo a un maestro cambiándole los pizarreños que se le llovían – eso hace meses atrás – bien pudo entre martilleo y martilleo haber hecho hacer un altillo con doble pared que quizás la comunica con mi entretecho y me imagino…O sea, ¡ya la estoy viendo! Esta vieja en las noches gatea por mi cielo para espiarnos y escucharnos pelear. ¡Vieja degenerada, pienso lo peor, cochina!

Pero no, mis sospechas se disiparon cuando me subí al entretecho y ví que tengo mi techo normal. Además, revisé detrás de cada cuadro de la casa y no hay ningún gran hoyo o perforación en las paredes.
Ella es buena…después de todo es mi mejor y única amiga que tengo…

SUICIDIO

Tuve una vez un “carassius”. Pez grande y muy gordo de “ojos saltones de pez” y muchas aletas delgadas como la seda, que más bien parecían alas de mariposa. Un mal día, mi bello pez tomó la drástica decisión de suicidarse, saltando fatalmente fuera del  acuario porque según su nota póstuma que dejó debajo de una  roca, estaba aburrido de ver la vida pasar frente a sus ojos desde el otro lado del cristal.

Vivi Schwager


LA FUERZA DE LA COSTUMBRE


A pesar de haber trabajado hasta esa hora de la madrugada, conducía atento. Por eso fue que lo vio, caminando por la avenida en calzoncillos; seguro lo habían asaltado. En un gesto solidario se detuvo y ofreció: . taxi, caballero – y…con qué ropa – respondió el hombre.



EN SERIO


Mes de marzo año ochenta y cinco, tarde de domingo; terremoto en el país. En Rinconada jugábamos un partido de fútbol. Angustiados y tal como estábamos, con el equipo puesto, corrimos a recoger los bolsos para subir al bus y regresar a nuestros hogares. Cruzando el puente antiguo, Carlos Flores, el chistoso del Club, muy serio tratando de animar a la gente, se pone a cantar: -El puente se va a caer…



Julio Abel Sotomayor

2 comentarios:

  1. todos son entretenidos, asombrosos por lo cotidiano, livianos y próximos por el lenguaje...me encantó el del pez suicida, a veces comparto ese malestar...un abrazo y felicitaciones amiga.
    Carolina Pombett

    ResponderEliminar