domingo, 1 de junio de 2014

PREMIO ESPECIAL EN EL XVI CONCURSO DE POESÍA DE MOTRIL (Granada, España) ORGANIZADO POR EL ÁREA DE IGUALDAD 2013.



LA MUJER QUE VIENE

                             Rolando Salas Cabrera


Dedicado a L. M. G. Ch.


Te espero.
No tardes.
Si me parece
que ya diviso en lontananza
la silueta de esta mujer deseada
y satisfecha.
De esta mujer amiga, compañera.
Pero siempre libre.
Que no ha plegado sus alas y
no ha sellado sus labios
y viene caminando por los viejos senderos,
cubiertos de flores sus breves ropajes.
La espero aquí,
como si fuera un muerto
y atisbando está el milagro
que nos devuelva al mundo, al empeño
de reiniciar la vida cada día.

Pues, es eso. Ella es el alma de todas las mujeres.
No es hermana, ni madre, ni esposa.
ni siquiera una novia
que bosteza en la soledad de la noche.
Es libertad, aquella libertad
que se quedó dormida en la maleza
del hombre y sus conquistas.

Entre guijarros transcurrieron los siglos
Era el hombre el que afirmaba su temor
y sus glorias,
y ella, una ausencia
que ofrecía sus cántaros
a los despojos del mundo.
La historia ha sido infiel,
y es la mujer, amada y denostada,
quien debe despertar
de este sopor.

Que se me entienda.
En este sueño, ella vive, trabaja, ama, y
más de una vez sucumbe
al poder del hombre y de sus miedos.
La hipocresía de los hombres,
intenta redimir al varón y sus desmanes.
Yo, nosotros,
simples y mínimos poetas
queremos el milagro de una mujer
caminando, lo hemos dicho,
por los viejos senderos.
Despierta, con la lucidez
en la mirada, en las manos,
en el cuerpo y la conciencia.

Nunca una virgen de pálidos desvelos.
Ni una hembra acuciada
por tórridas caricias.
Simplemente una mujer,
algo tan tenue y tan hermoso:
que va de prisa hacia el trabajo,
que elige en el mercado
los dones venturosos del mar y de la tierra.
Que busca el monedero para
ajustar las cuentas y en algún momento
del día o de la noche
descubre la ternura de la entrega:
el placer de ser serpiente
o ser gacela.

A veces es horrible.
Grita, maldice hacia los cielos
y hasta el señor de los infiernos
se esconde en su palacio invisible.
A veces es una flor encantada
cuyos pétalos tiemblan
con el rugir del mundo y su locura.
Amamanta a los hijos,
Analiza con la lucidez del sabio
el oscuro misterio de la física cuántica,
Reinventa en el silencio de la tarde
unos versos poblados de secretos.

Sus amores son siempre amor
y no repiten el gastado discurso
de las normas,
ni las etiquetas ya antiguas
del sexo masculino.
Y sin embargo, ya lo he dicho:
avanza por los viejos senderos.

Aquí la espero. Te espero.
No tardes. Antes de marcharme
hacia los arrabales del silencio,
quiero saber que llegas.
Que has llegado.

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