domingo, 5 de mayo de 2013

LONGEVIDAD EN LOS TALLERES DE ARTE






     Al ingresar a un taller de arte (literario, pintura al óleo, manualidades y escultura) podemos observar que la mayoría de los participantes han ingresado – y algunos más allá, pisando su ingreso al club de la cuarta edad – a la denominada edad del adulto mayor.  La pregunta nace por sí sola. ¿Qué los incita o los lleva a participar con entusiasmo? La respuesta la encontré, a mi parecer, en un artículo sobre Elías Canetti, de Carlos M. Moreno que nos dice: “Los creadores quizás, nos ayudan a ahondar más en la condición humana, a comprender mejor al mundo que nos rodea, a padecer y gozar de otra manera ¿Cuál es la tarea del Creador? ¿Por qué escribir, Pintar, Esculpir, Bailar…? Es como si algo ajeno a ellos, fuera de sí, un éxtasis nacida de la experiencia los arrastra a hacerlo”.
      En el 1900, a una persona nacida en Chile, se le pronosticaba una esperanza de vida de 30 años. Hoy, en el 2012 es tres veces mayor (79 años) y este brinco es producido por el mejoramiento de las condiciones de salud, alimentación y económicas registradas en el país, este hecho ha permitido el surgimiento propio de las naciones que envejecen aceleradamente.
     El Registro Civil e Identificación, destaca que en Chile viven 752 personas con 100 o más años. La mayoría son mujeres (81%) y se concentran en la Región Metropolitana. Los hombres representan el 19%, pero tienen entre sus filas a los más longevos del país. Arturo Larraín (102) médico y uno de los primeros chilenos en llegar a la Antártica en 1947. Por lo tanto no es de extrañarse la cantidad de participantes a los talleres de arte, si nos basamos puramente en los datos estadísticos. No debemos olvidar que grandes genios en el arte crearon sus mejores obras en el espacio de tiempo del adulto mayor.
     En literatura, que es el arte que nos convoca, podemos citar a Daniel Defoe (1660 a 1731) de vida aventurera, espía, comerciante en quiebra, periodista, poseedor de gran ingenio y de moral no muy sólida, publica su novela Robinson Crusoe a fines de 1719 pisando los 60 años de edad.
     Jonathan Swift (1667 a 1745). Al igual que Defoe, una vida muy accidentada, pero a diferencia de aquél, más que un aventurero fue un amargado pesimista, publica en 1726 (59 años) Los viajes de Gulliver. El libro salió a la luz como anónimo...
     Juan Jacobo Rousseau (Ginebra, 1712 Francia, 1778) Filósofo precursor de la sensibilidad moderna, y una de las grandes figuras de las letras de habla francesa y de la literatura universal, publica Emilio  en 1762 a los 50 años de edad
     Víctor Hugo (Besanzón 1802 - París 1885) Destacado como el más célebre escritor en el siglo XIX, Publica Los miserables, a los 60 años, El hombre que ríe, a los 67 años y Noventa y tres, a los 75 años.
     Antonio Machado (1875 a 1939) Publica La guerra en 1937, a los 62 años
     J.R.R Tolkien (1892 a 1973) 81 años. Publica  El señor de los anillos entre 1952 y 1956 con 64 años, anteriormente publicó el Hobbit en 1932.
     José Luis Borges (1899 a 1986) Podemos citar tres de sus obras El informe de Brodie, en 1970, a los 71 años, El libro de arena, en 1975 a  los 74 años, y La memoria de Shakespeare, en 1983 a los 86 años.
      Elías Canetti (1905 a 1994) Es presentado como el escritor que se escribió a sí mismo en trozos.  Sus tres volúmenes La lengua absuelta, en 1977 publicada a los 72 años, La antorcha al oído, publicada en 1980 a los 75 años y El juego de los ojos, en 1905, a la temprana edad de los 80 años.
    Y, de nuestros maravillosos poetas
     Pablo Neruda (1904 a 1973) citaremos La espada encendida, en 1970 a los 66 años, La barcarola, en 1967 a los 63 años.
     Gonzalo Rojas (1916 a 2011) Oscuro,  en 1977 con 61 años y varias otras obras, a partir de esta fecha, hasta cumplir 91 años.
      Nicanor Parra (1914 a   ) Sermones y prédicas del Cristo de Elqui en 1977 a los 63 años. Hojas de Parra en 1985 a los 71 años, Páginas en blanco en el 2001 a los 87 años y Discurso de sobremesa en el 2006  a los 92 años de edad y quizás qué sorpresa nos entregará, porque aún está con nosotros y totalmente lúcido.
     Entonces podemos decir que los aprendices de escritores que poblamos los talleres literarios, en algún momento de nuestras aciagas vidas, podemos escribir una obra notable. Sigamos en ese éxtasis nacido de la experiencia, continuemos en padecer y gozar en la búsqueda de ese poema o ese cuento, o tal vez esa novela,  que obligará  a mencionar nuestros nombres en alguna página de la historia literaria de nuestras comunas y por qué no, de nuestro amado Chile.


     Mario Alfredo Cáceres Contreras.


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