miércoles, 29 de junio de 2011

ANECDOTARIO DE GONZALO ROJAS




                                                   

                                                     Emilia Páez Salinas. 

     Algunas de las situaciones que cuento no corresponden a un anecdotario, muestran aspectos menos conocidos de la vida de este notable poeta que ha fallecido recientemente.
      En la primavera de 1998, Gonzalo Rojas llegó a México para recibir la primera edición del premio de poesía Octavio Paz. En lugar de recibir una llamada de su gran amigo, a quién llamaba “hermano de horizonte” fue informado de la muerte de Octavio Paz.
      En su obra “La otra voz de Gonzalo Rojas”, Fabienne Brandu nos dice que la presencia de Gonzalo fue para el pueblo de México en esos oscuros días, una especie de bálsamo. Gracias a él muchos entendieron que la poesía no muere con la muerte del poeta.
       La voz ronca del chileno en mangas de camisa con los tirantes rojos enmarcando su pecho de pulmonar aliento, los párpados caídos sobre unos ojos como ágatas rodando entre la lejanía y la calidez, su voz leyendo poemas que se entendían en su totalidad leídos por él, todo eso fue un consuelo. En Gonzalo Rojas oí, nos dice Fabienne Brandu, correr la sangre de la poesía en las venas de sus versos.
      Es en este momento cuando, previo acuerdo, mi amiga Yorka Gallegos lee el poema Urgente a Octavio Paz, de Gonzalo Rojas.



77 es el número de la germinación de la otra
Palabra, en lo efímero
de la vuelta
mortal
con tanto Octavio todavía
por aprender del aire, con tanta ceiba
libre que uno pudiera ser, si uno pudiera
ser ceiba en la tormenta con exilio
y todo en la germinación del número
de esta América de sangre con ventisquero
y trópico y grandes ríos
de diamante, sin más tinta
que esta respiración para escribir tu nombre más allá de las nubes
de México ciego hasta cómo decirlo
el otro México que somos todos cuando la aorta
del amanecer abre ritual el ritmo de las violetas
carnales de la Poesía, las muchachas de bronce que marchaban airosas al sacrificio
desnudas al matadero por nosotros antes de parirnos
altas en su doncellez hacia lo alto de los cóndores
desde donde jugarnos mientras caemos página
tras página en este juego de adivinos
del siempre y el nunca de las estrellas y tú te llamas por ejemplo
77 ángeles corno Blake y yo mismo me llamo
77 especies de leopardos voladores porque es justo que el aire
vuelva al aire del pensamiento y no muramos
de muerte y esto sea el principio Octavio
de otro principio y otro, y además no vinimos
aquí a esto.




       En su juventud alguien le preguntó qué era la palabra poética. Entre asfixia real y asfixia irreal – por esas fechas él era un tartamudo irremediable – le respondió en tres o cuatro líneas:

                                  Un aire, un aire, un aire
                                   un aire, un aire nuevo
                                   no para respirarlo
                                   sino para vivirlo


       En una ocasión una persona interrumpió  la lectura pública que hacía Gonzalo desde el fondo de la sala gritándole “Viejo retro, -¿Hasta cuando vamos a soportar tus versos que no se entienden? Devuelve de una vez el Premio Nacional “. De acuerdo, le respondió, pero ¿qué hago con el Reina Sofía, el José Hernández, de Buenos Aires y el Octavio Paz, de México?



       Solía lanzar un cuchillo a una mesa de madera y se sentaba a escribir sólo si el cuchillo se clavaba en la mesa.



       Un niño pobre, de unos diez años, en una escuelita pobre de Chiloé, le hizo una pregunta al poeta una vez terminada la lectura: “Oiga, poeta, y cuando usted termina de hacer una de esas poesías ¿no le funciona como que le quedó inconclusa?”
       Dice Gonzalo que le fascinó la consulta que dio en el clavo mucho más que cualquiera de esas formulaciones académicas sobre el ejercicio de decir el mundo.



       En el año 2006, el periodista Marcelo Mendoza hizo una entrevista al vate nacional. Fue publicada como parte del libro “Todos confesos”, aparecido en enero de este año.
      Algunas de las cosas que el poeta dice en esta entrevista:
      Chile es un país “miedoso y mierdoso” con mentalidad de “perro apaleado”. Confesó que echaba de menos, los puteríos, el olor a puterío. Me divertía eso, nos dice, parecía tan sucio, pero no era envilecedor. No es el puterío de la calle San Camilo de Santiago de Chile, que los había, y cinco o siete en Valparaíso, sino que es algo que viene de más lejos, de la España, de Grecia, de la Roma antigua. Los romanos eran puteros, pero tenían su gracia al compartir las niñas, las bacantes del burdel más remoto, a unos milímetros de su sacralidad. Cuando yo escribo poesías de amor, dice el poeta, y me brota la poesía no de amor, sino sexualizada,  no es una erótica de la carne, de que el pajarito se le pare bien a uno. No, no, no, no es eso. Todo es sagrado: el orgasmo es sagrado, el puterío aquel era sagrado, en el caso mío.

       De nuevo recurro a Yorka que esta vez lee Qedeshim  Quedeshoth, de Gonzalo Rojas.

Mala suerte acostarse con fenicias, yo me acosté
con una en Cádiz belísima
y no supe de mi horóscopo hasta
mucho después cuando el Mediterráneo me empezó a exigir
más y más oleaje; remando
hacia atrás llegué casi exhausto a la
duodécima centuria: todo era blanco, las aves,
el océano, el amanecer era blanco.

Pertenezco al Templo, me dijo: soy Templo. No hay
puta, pensé, que no diga palabras
del tamaño de esa complacencia. 50 dólares
por ir al otro Mundo, le contesté riendo; o nada.
50, o nada. Lloró
convulsa contra el espejo, pintó
encima con rouge y lágrimas un pez: -Pez,
acuérdate del pez.

Dijo alumbrándome con sus grandes ojos líquidos de
turquesa, y ahí mismo empezó a bailar en la alfombra el
rito completo; primero puso en el aire un disco de Babilonia y
le dio cuerda al catre, apagó las velas: el catre
sin duda era un gramófono milenario
por el esplendor de la música; palomas, de
repente aparecieron palomas.

Todo eso por cierto en la desnudez más desnuda con
su pelo rojizo y esos zapatos verdes, altos, que la
esculpían marmórea y sacra como
cuando la rifaron en Tiro entre las otras lobas
del puerto, o en Cartago
donde fue bailarina con derecho a sábana a los
quince; todo eso.

Pero ahora, ay, hablando en prosa se
entenderá que tanto
espectáculo angélico hizo de golpe crisis en mi
espinazo, y lascivo y
seminal la violé en su éxtasis como
si eso no fuera un templo sino un prostíbulo, la
besé áspero, la
lastimé y ella igual me
besó en un exceso de pétalos, nos
manchamos gozosos, ardimos a grandes llamaradas
Cádiz adentro en la noche ronca en un
aceite de hombre y de mujer que no está escrito
en alfabeto púnico alguno, si la imaginación de la
imaginación me alcanza.

Qedeshím qedeshóth, personaja, teóloga
loca, bronce, aullido
de bronce, ni Agustín
de Hipona que también fue liviano y
pecador en Africa hubiera
hurtado por una noche el cuerpo a la
diáfana fenicia. Yo
pecador me confieso a Dios.



     Estábamos un día en una comida acá en Chillán, en el Hotel Riquelme, Neruda y muchos escritores de distinto pelaje. Estábamos todos en torno a él, en distintas mesas. Un amigo de Pablo y amigo mío se le acerca y le pregunta: Oye,  Pablo, ahora que estamos aquí ¿qué te parece ese joven que está por allá? dicen  que él es poeta. Se refería a mí. Entonces Neruda le contesta: “Gonzalo no es malo, pero escribe poquito”. Ése fue su juicio. El intrigante de mierda y simpático que era mi amigo fue volando hacia la otra punta de la mesa y me dijo: “Mira lo que está diciendo Pablo, que tú no eres malo, pero que escribes poquito”. Y a mí  me nació del alma esta frase: “Dile a Pablo que él es un genio, pero que escribe demasiadito”.




CARTA A GONZALO



                           Amanda Espejo
                                  Grupo La Mancha


Me han cedido estas páginas, exactamente dos carillas para que hable sobre ti.

¿Cómo puedo contenerte en tan corto espacio?


Creo que por hoy, los hitos de tu biografía y la enumeración cronológica de tus premios, se quedarán guardados en la gaveta de la memoria. He de concentrarme en el meollo del asunto: lo que se produce en mí, al ver ante mis ojos el logrado mosaico de tus palabras.


Escucha, Gonzalo, hijo de Lebu...¡bendito seas entre todos los poetas!
Porque aún siendo niño, intuiste el modo de borrar de tu cielo las nubes de hollín, y asombrado, soplaste... soplaste un susurro de palabras frescas que se remontó en el aire y se hizo imagen.


Porque haciendo uso de tu libre albedrío, no tuviste empacho en cortar amarras y caminar tu propia senda bajo el candil de tus sentidos, sin perder ni por un momento, la certeza de la fragilidad e indefensión del hombre frente a lo infinito.


Porque convertiste a tu voz las preguntas universales de todos los hombres y mujeres conscientes, heredándonos la experiencia de tu propia búsqueda.


Porque no te bastó con escuchar el canto de las caracolas... tú ascendiste y descendiste, te diste licencia para volar con el viento y para cavar hasta lo más profundo de la tierra y del SER mismo.


Porque se me nublan los ojos cuando junto a ti, también veo a tu padre, espejismo de muerte... montado, bajo la lluvia... (es un olor a caballo mojado...) mirando a través de ti, sin poder verte.


Porque tu madre, Celia, también es la mía mientras recorro a tu lado la historia viva de su muerte. Soy una entre los siete... y me lloro... y la lloro junto contigo.



ACONTECIMIENTOS




                                               Julio Abel Sotomayor Campos


No dejé de mirarte mientras el camión
cargando cacharros y familia,
se alejaba oscilando por la calle polvorienta.
Jugabas... tus brazos abiertos como alas,
saltando en la vereda parecías volar;
un día de otoño de mil novecientos
sesenta y seis, cuando nos mudamos.

No te he vuelto a ver, pero no te olvidé.
Convertida en un recuerdo casi cotidiano,
en cada acontecimiento
que desde entonces sobrevino,
me he preguntado dónde estabas,
qué hacías en aquel tiempo;
cómo has sobrevivido a esta historia...

El abrazo emocionado de tu padre,
la esperanza tangible en sus ojos
evidente en el alma de los trabajadores,
el amanecer del cinco de septiembre
de mil novecientos setenta,
una vida más justa comenzaba.

¿Te lastimó el frío aquella gélida noche
en el invierno del setenta y dos?
Extraño fenómeno, poco frecuente;
la nieve caía sobre Santiago
mientras, fusil y casco, vigilante,
mi deber cumplía con la patria.

Cuánto temor habrás padecido
la mañana del once de septiembre
de mil novecientos setenta y tres;
ocultándonos en cada esquina
de conjurados aniquilando al pueblo,
incrédulos y consternados cruzamos la ciudad
para saber de los nuestros,
anhelando el refugio del hogar.

¿Dónde encontraste amparo
para resguardar tu vida del bárbaro acoso,
aquellos días de persecución y tortura?
Por entonces, furtivo militante, 
en la barricada junto a los compañeros,
alentando la resistencia contra el tirano,
redactando proclamas olvidé la poesía.

¿A qué columna te sumaste el once de mayo
de mil novecientos ochenta y tres.
Una década de terror transcurrida?
Venciendo el temor a la muerte,
agazapada en cada rincón de la ciudad,
resurgiendo de las sombras clandestinas
nos atrevimos a dar el primer paso.
Que más daba perder la vida
si ya tanto habíamos perdido.

¡Mineros, obreros cesantes, pobladores,
mujeres, estudiantes y jóvenes sin esperanza,
a enfrentar al opresor y decir basta!

Te busqué sin hallarte;
esperaba emergieras entre la multitud,
marchando con júbilo por las alamedas
que de nuevo se abrían al paso del pueblo.
Un arco iris multicolor en una fiesta triunfal,
erigía el fulgor de la alegría
destellando en la mirada de la gente,
el cinco de octubre de mil novecientos
ochenta y ocho; un lápiz fue el instrumento.

Abrazando tu recuerdo despedí el milenio
segundo de nuestra cristiana era,
al filo de cumplir la quinta década
y casi cuatro sin verte.
Achacando a las burbujas del champán
la emoción que humedecía mis ojos, delatando
la fragilidad que adquiere el corazón
con el paso irremediable de los años.

Dos lustros transitamos ya del primer siglo.
los albores del milenio se llevaron
sin pena ni gloria al dictador
y de los miles, anónimos ejecutados sin inhumar,
de cuyas muertes fueron cómplices
los camaleones que hoy rubrican decretos,
la tenacidad de hermanos, hijos, madres...
a muchos de ellos rescató
y les han dado cristiana sepultura.

En nuestros días, los pobres han perdido la esperanza
en esos parlanchines, que a fuerza de cínica retórica
usurparon el derecho, conquistado con la sangre
de mujeres y hombres proletarios,
de escribir su propia historia.
Sin embargo, la esperanza de encontrarte
y contemplar tu risa de colmena,
tus ojos llenos de emoción mientras declamo
los poemas que te he escrito, aún está latente en mí.









Concurso: CON LAS PALABRAS UN CUENTO



Fecha Entrega de trabajos hasta el 31 de agosto.
Lugar En cada sede de Vitamayor.

Pensando en todas aquellas personas  que se interesan por escribir y tienen facilidades para hacerlo, Vitamayor invita a todos los mayores de 60 años a participar en  su  XII concurso literario, que se realiza  a nivel nacional, y donde se entregarán  interesantes premios.

Como en años anteriores, la convocatoria será “Con las palabras, un cuento”, un llamado simple que ofrece a los escritores gran  libertad para escribir.

BASES

-    Participantes: podrán participar todos los Adultos Mayores del país ( aficionados) que acrediten tener 60 años o más.
-    Género: prosa
-    Tema: cualquier trabajo literario en prosa que se enmarque dentro de las bases.
-    Trabajos: se aceptará solamente un trabajo por participante, deberá ser inédito y  podrá tener un máximo de 6 carillas, escritas a máquina o en computador, en hoja tamaño carta  y a doble espacio.

ENTREGA DE TRABAJOS
Desde este año existirán dos modalidades  de entrega: 
  • Cualquiera de las sedes de Vitamayor: Sede Luis Pasteur (Luis Pasteur 6625); Sede Padre Hurtado (Padre Hurtado 1873) y Sede Eduardo Marquina (Eduardo Marquina 3942).
- Horario: 9:30 a 13:30 hrs. y 15:30 a 18:00 hrs.
- Cada concursante deberá enviar un sobre cerrado, identificado en el exterior con un seudónimo. En el interior deberá incluir  un original de su trabajo y cuatro fotocopias del trabajo.
- En sobre aparte, cerrado e identificado exteriormente con el respectivo seudónimo, se consignarán los datos personales del autor del trabajo (nombre, fotocopia de cédula de identidad, dirección y teléfono).
  • También  se podrá entregar el trabajo por Internet a concursoliterariovitamayor@gmail.com. El concursante deberá enviar 3 archivos adjuntos. El primero con el cuento en formato carta, a doble espacio y en letra Arial N 12. Cada hoja deberá llevar el seudónimo en el borde superior derecho. En el segundo, deberá ir la  cédula de identidad escaneada. Y en el tercero, carta con los datos personales del autor (nombre, seudónimo, dirección y teléfono).

MIERCOLES 31 DE AGOSTO vence impostergablemente el plazo de entrega de los trabajos.


JURADO: durante el mes de octubre, un jurado integrado por los escritores Marta Blanco, M. Luisa Silva y Carmen Basañez, y el abogado y crítico literario de la Revista de Libros de El Mercurio Javier Edwards, todas destacadas personas representativas del quehacer literario nacional,  decidirá por mayoría de votos los premios correspondientes.

VITAMAYOR se reserva el derecho de declarar los premios desiertos, si es que no existe ningún trabajo merecedor de las distinciones. Los trabajos que no cumplan con las bases requeridas quedarán automáticamente fuera de concurso.Los trabajos  originales no serán devueltos.

PREMIACIÓN: la  Ceremonia de Premiación se efectuará el miércoles 19 DE OCTUBRE a las 12.30 hrs. en  el Auditorio del Centro Cívico (Avda. Bicentenario 3800).  

Se otorgarán tres premios y tres menciones honrosas:
- Primer premio:        $ 300.000
- Segundo premio:     $ 200.000
- Tercer premio:         $ 100.000
- Menciones honrosas: colección de libros.






UNA NOCHE DE FURIA



                                                                                                                                                              Mauricio González


Cuando recién llegué al barrio los vecinos me miraban de reojo. No te imaginás cuánto costó que me aceptaran. Yo venía de un lugar mucho más tranquilo, allá la gente dormía con la puerta abierta, no existían alarmas ni rejas. Por eso tardé tanto en adaptarme.
           
Puedo entender que un hombre solo y de mi edad sea mal mirado. En la villa muchos criticaban mi pinta de atorrante, siempre con la misma ropa, todo el tiempo maestreando y cachureando.

¡No me entra en la cabeza que el Turco hiciera esto conmigo! Está bien, entiendo su desesperación, además el tipo estaba fundido, tenía problemas con su mujer y un montón de deudas  ¡pero eso no le daba derecho!

Esa noche el Turco llegó reventado del trabajo y encontró a su hija sola en la casa haciendo las tareas. Comió algo frente al televisor y al rato se durmió en el sillón. De repente despertó sobresaltado llamando a la Carlita que no aparecía por ninguna parte. Descontrolado salió a la calle llamándola a gritos y se encaminó derecho a mi casa, casi en la esquina. Vio la luz de la sala prendida y -según él- escuchó la voz de la nena adentro, cuando en realidad era la radio que siempre dejo encendida cuando salgo. Gritaba mientras sacudía la reja como un poseído. Varios vecinos se asomaron para ver qué era tanto escándalo.

No sé como hizo el Turco para forzar la reja que estaba con cadena y candado, meterse al jardín y darle de patadas a la puerta.  Algunos trataron de calmarlo diciéndole que yo no estaba, que me vieron salir en la mañana y que nunca llegaba tan temprano así que era imposible que la nena estuviera allí. Entre todos empezaron a buscarla hasta que apareció en la casa de un amiguito justo frente a la suya.

Esa misma noche voy entrando al pasaje  y me encuentro con una ambulancia frente a mi casa, el Turco desmayado en el medio de la calle, dos enfermeros bajando una camilla, más adelante una patrulla con las luces rojas y azules y todos los vecinos afuera mirándome como si se tratara de una aparición. Entonces me informaron lo que había pasado;  ¡yo no lo podía creer!

Varias veces estuve conversando con el Turco e incluso le prestaba mis herramientas cuando se ponía a enchular su taxi los domingos. Cuando lo vi tendido en el suelo, blanco como un papel, te juro que me dieron ganas de matarlo. Pero me aguanté, conté hasta diez y me dije quedáte piola flaco que éste va a caer solito.

Dicho y hecho, al poco tiempo el tipo apareció tirado en un terreno baldío, desnudo, todo golpeado, amarrado de pies y manos, le habían robado el auto y hasta ahora nadie sabe quién fue el responsable.

¿Ahora entendés por qué todavía me siguen mirando raro?





LA RECETA







                                                                         Carlos Acevedo

-         No se preocupe Abuela, le llevamos el vino, las bebidas, el pan y el postre, Alicia va a hacer una ensalada, como le digo es sólo esa receta suya, es que nos vino una añoranza con el Quique que no puedo explicarle, nos vemos a eso de la una…

-         M’hijito, el problema es que ya ni me acuerdo, creo que tengo un cuaderno donde tengo anotada la receta, si no lo encuentro será a la suerte de la olla.

-         Sé que lo va a encontrar, Usted siempre guarda todo, un beso Abu, nos vemos.

      Y lo encontró, ya tenía las verduras, el pollo, la fuente de pyrex y las especias en la mesada de la cocina, pero la receta no venía a su mente. Desde hacía mucho que cocinaba sólo para ella, platos simples, rápidos, de vez en cuando algo más complejo pero en cantidad doble para un par de días. Desempolvó el cuaderno, se lavó las manos por quinta vez, se sentó en el piso alto que le servía para cuando picaba cebolla, rallaba zanahorias o estaba condenada a revolver la olla para evitar grumos. En la mano derecha abrió el cuaderno, el pulgar como señalador y fue repasando la lista de ingredientes en voz alta mientras la mano izquierda tomaba dos zanahorias y las llevaba quince centímetros más allá en la mesa, tomaba el pollo y  lo llevaba, el pimiento y lo llevaba, la cebolla y el perejil, la nuez moscada no, no estaba, dejó el libro, buscó en la despensa y si no fuera por el envoltorio demasiado grande para tan poco, no la hubiera encontrado. Nuez moscada y se volvió a sentar, volvió a abrir el cuaderno y un papel suelto cayó al suelo. Lo levantó y leyó, era su letra, el trazo englobado de su caligrafía, pero temblorosa, como si un apuro le amenazara, y comenzó a leer en murmullos inentendibles, se detuvo, sonrió y moviendo la cabeza hacia un lado y al otro, como flexionando, carraspeó siempre sentada, enderezó su columna y en voz alta leyó:

                                             Héroe, Tú, mi héroe
                                             no sólo destrozaste el sueño eterno de mi maldición
                                             con solo un beso,
                                             No sólo trepaste por mi pelo que temí cortar
                                             por no perderme,
                                             ni temiste los pies promiscuos ante la  tentación
                                             Vestida de cristal.
                                             Tú, mi Héroe,
                                             supiste del tesoro que señalaba el mapa
                                             y fuiste en su hallazgo
                                             y sé que no fue fácil vencer el tiempo y el espacio,
                                             el destino de mares y tierras,
                                             llegarme, abrirme la caverna
                                             desafiarme al dragón que escupía su fuego
                                             y no le temiste,
                                             héroe mío, a tu miedo,
                                             venciste el mío
                                             y pudimos ser felices para siempre
                                             pero confundí el había una vez…
                                             la llave del comienzo con el candado del final
                                             y entonces, maldito héroe
                                             …hubo una vez.
          
                  

                          Al terminar de leer era nuevamente un murmullo su decir, estaba de pie, afirmada a la mesada, como asumiendo un golpe a la altura del estómago, lloraba y sus lágrimas se licuaban con los mocos de su nariz antes de llegarles a su boca. ¿Por qué el olvido? La receta, ahora el poema. Se acordaba de los ingredientes e ignoraba como mezclarlos, recordó sólo su letra y supo, maldito héroe, como destruir el presente manso de su cuerpo sin memoria, se recordó mujer y cuerpo alguna vez, esa sola vez  y lo evocó a él y su cuerpo, y rompió el papel amarillento en incontables pedazos y sollozando fue tomando puñado tras puñado y se lo llevó a la boca y fue apenas masticando, haciéndolos pequeñas bolas envueltas en saliva, en el ácido que las lágrimas y los mocos producían, y mientras masticaba, abrió las patas del pollo , metió su pequeña mano derecha en el vientre muerto, sacó el envoltorio de las menudencias, y volvió a lavar la carne, tomó el paño de cocina, lo fue secando y empezó a acariciar esa piel desnuda, lenta, muy lenta y buscando la zanahoria más grande, la empuñó y la fue metiendo y sacando de la abertura del animal, fue cada vez más rápida y violenta, ella misma se fue agitando, con el respirar cada vez más radical  y siguió así hasta que casi se cae, y entonces escupiendo las bolas de papel sobre los ingredientes en la mesada, tomó el  cuchillo más grande y una y otra vez, otra vez y otra,  lo clavó en la carne muerta.
                                              
                                            

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El Comité Editorial de la REVISTA PALABRAS, del Círculo Literario de Maipú, les invita a enviar sus comentarios, artículos, poemas, cuentos, al correo: sinalefa25@hotmail.com


sábado, 28 de mayo de 2011


PALABR@S

 Revista del Círculo Literario de Maipú
                            
    Nº 8    -   28 de mayo de 2011

        
                 Escriben:      
                Enrique Darío Lamas, Carolina Rosales Stevenson, Emilia Páez 
                   Salinas, Osvaldo Mora Rivas, Felipe Rojas, Julio Abel Sotomayor y Rhenan Vilas                                          

    
              http://revistapalabrasclit.blogspot.com

               correo: sinalefa25@hotmail.com

Se está cerrando mayo, mes de festividades, comenzando por el primero, el día del trabajo con su imaginería de banderas al viento, desfile, fiesta de todos; luego aquel de la madre, alegre fiesta familiar a veces atizada por la parafernalia comercial; el 11 se recuerda el primer libro impreso en la historia, en China, ciertamente, en el año 868: se trata de El Sutra del Diamante por Wang Jie ("este famoso   pergamino fue robado  hace aproximadamente cincuenta años por el inglés Ssu-t'an-yin [ Stein ] quien provoca el rechinar de dientes del pueblo en odio amargo." Actualmente se encuentra expuesto en el museo británico. El pergamino lleva la inscripción siguiente: " reverentemente hecho para  distribución libre e universal por Wang Jie en nombre de sus padres en el décimo quinto de la cuarta luna del noveno año de Xian Long (11 de mayo de 868)"

Sigue la conmemoración del 21 de mayo, que une el recuerdo de una batalla perdida con honor con la cuenta política del año. No siempre resulta ese dos en uno, y hay quienes están pidiendo cuentas claras y separación de mutuo acuerdo. Un sistema propuesto es que dicha cuenta sea el análisis del año informado por la Contraloría, analizando lo propuesto y lo efectivamente realizado, a fin de darle objetividad a un asunto espinudo.

Llega también la Revolución de Mayo en Argentina, estableciéndose como conmemoración oficial desde el 25 de mayo de 1810, fecha de asunción de la primera Junta, aunque la declaraciòn de independencia de España ocurrió el 9 de julio de 1916.

Una celebración actualísima; el 25 también es el día del “completo” por obra y gracia de un establecimiento comercial.

Y el viernes 27, se presentó el libro de poemas  “De ocio y conjeturas” de Melania Tello Romero, en la Sociedad de Escritores de Chile, grata celebración con muchos escritores y amigos, música, canciones vino de honor y otras delikatessen junto a esta talentosa poeta.





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COMENTARIO DE LIBRO


"PASIÓN Y MUERTE  DEL  CURA DEUSTO" DE AUGUSTO  D’HALMAR


                                            


Enrique Lamas Morales.

                  Es la historia  de un amor  homosexual  no consumado.
                   
                  El joven cura Ignacio  Deusto llega  a Sevilla  para hacerse cargo de la parroquia  de San Juan de la Palma y el Provisor  del  Arzobispado  llama   a uno de los niños mayores  del  coro, Pedro Miguel, el gitanillo, para que lo guíe  hasta  ese lugar .El  adolescente  de  piel trigueña, hermosos ojos  azules, lengua fácil, despierto  y  rumboso, despertó  la simpatía  del cura.
                    
                  Nada  más  contrapuesto .La región  andaluza  con  el Guadalquivir marcando la  ruta hacia el océano .Sevilla  y Córdoba ,espacios  para  la fusión  de culturas: mezquitas  y en  su  interior  templos  cristianos  y  sinagogas , plazas  de toros  y tablaos  para  el baile  flamenco y el cante  jondo . El catolicismo  lleno de  grandiosidad  feérica y dramatismo  en Semana Santa. Y  la región vasca  del norte  de España , de  donde  provenía  Iñigo Deusto, mesurada , austera,  pero profunda en su concepción  del mundo. Es  la rica diversidad  de España   porque  en Bilbao  el  culto  arquitectónico  muestra  a pocos  pasos  que  uno  dé  un  nuevo  e  impensado  horizonte  con  sus  escalinatas, los  puentes  que  cruzan  la  riada y sus  museos  donde  el Guggenheim  impresiona  por  fuera  y  por  dentro : No le queda  en zaga  la  vecina  y  esplendorosa ciudad  de San Sebastián .Hacia el Mediterráneo  está  la  gran Barcelona que  tiene un plus más cosmopolita.
                 
                 Dos caracteres,dos  temperamentos,dos culturas  personificadas en  el cura Deusto y  el gitanillo  que  se  van  a  aproximar  a una  fusión amorosa . El cura lo lleva  a vivir  a  la parroquia  en una  habitación vecina  a la suya .Deusto  enferma  y Pedro Miguel  lo cuida  y le prodiga  caricias. Después  el destino  lo incorpora  a  su  carisma de cantaor  y comienzan sus correrías y sus actuaciones  con la  coplera  llamada Neva .A una  presentación  acude  el  cura  disfrazado  a espiarlo, pero el muchacho  lo sorprende  y le dedica  al celoso Ignacio  esta  endecha:
                
                 Si  un  imposible  no fuera
                 mi oración  sería  así:
                 Que  tú  siempre  me quisieras
                 pero  que  nunca  supieras
                 lo  que  yo te quiero  a ti

                Las  escapadas  del muchacho,  ya  convertido  en  hombre  gracias  al encanto de la cantadora ,  no borran  la atracción  entre ambos .El gitanillo  vuelve  a cantar  en  el  coro de la iglesia .Pero  como  no se produce la  relación  sentida  por  el voto  de  castidad  del cura se termina  escapando  una vez  más  y toma  el tren hacia  Madrid .Hasta  el tren  llega Deusto  a rogarle que  se quede  en Sevilla, pero  él ya  no accede porque  seguirían  siendo  pasto  de comentarios , habladurías y el hazmerreír  del  pueblo .Desalentado  y  sin salida   Deusto  camina  por  la  vía  del   ferrocarril .Así  termina  su  pasión  a  los  33 años.
                 
                No se puede  evitar  el enlace  de  ese  drama  con  lo  que  sucede  en  la  Iglesia  católica  en nuestro  país . Tres  suicidios  de eclesiásticos  en  casi  un  año   y  cuántas  depresiones .El  cura  Muñoz  de Melipilla  condenado  por  abusos  sexuales  con mujeres jóvenes  actuando  como  macho, sin freno de sus instintos. El cura  Karadima  que simula ser  hembra, emporcando  a  muchos  jóvenes  y  a  la feligresía .Han cambiado los  tiempos  y no solamente  en Chile, la fortaleza  de la continencia ya  no existe .D`Halmar tiene  al respecto  el siguiente  comentario: “ es la más insidiosa  de las formas que puede tomar  la lujuria “.
                
                 Todo  deriva  del creacionismo  adoptado por la teología  católica  pues  los  sacerdotes  quieren representar  a  un Dios que  es  solamente  espíritu  y  realizó  la creación  de  arriba  hacia  abajo .Si hubiese  sido  al  revés,  el cuerpo, los  organismos y  sus  instintos, habrían tenido consideración  y respeto  y  no  el  menosprecio y la execración  del sexo que  se manifiesta   tan evidentemente  en la forma  que  la Virgen María , la Inmaculada , recibió  la concepción, pues  quedó  preñada  sin mediar  el  acto sexual, sin pecado.  Este  misterio   gozoso  es casi  copia  fiel  de  una antigua  leyenda  griega .
                  
                 En suma  si  no hay un cambio pronto, si no hay posibilidad  de que  los  curas  puedan casarse tal como  lo hacen los protestantes hace ya  tantos  años , la iglesia seguirá  derrumbándose  y la hipocresía  será  el manto de la  bullada  continencia  que  pasó  a constituirse como  envilecimiento.
                  
                 Muy  bien lo sabía  el Premio  Nacional de  Literatura, 1942,  el novelista  y poeta  Augusto  D’Halmar . El escritor  estudió  en  el  seminario  y  no  se  ordenó  como  sacerdote  pues  era  honesto  y  confesó  abiertamente  en  esa época  su  homosexualidad .
                   
                 Es  una   novela  excelente que  vale  la  pena  releer .
                 

             



COMENTARIO DEL LIBRO EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA




Carolina Rosales Stevenson

El Caballero de la Armadura Oxidada escrita por Robert Fisher nos muestra por medio de un cuento de caballería la importancia y la necesidad de expresar cada sentimiento existente en nuestros corazones. En cierto modo nos comprueba que todos nosotros utilizamos de modo constante una armadura para enfrentar las cotidianidades correspondientes a nuestra vida, por ejemplo, nuestro  protagonista llegó a tal punto que no se quitaba su armadura ni para comer, porque deseaba estar preparado para salir de inmediato a cualquier misión encomendada por orden del rey o por necesidad personal de sentirse un héroe. Hasta que llegó el día que intentó quitarse la armadura y no pudo quitársela porque no se percató que durante tanto tiempo la tuvo puesta que se le oxidó. Ese fue el instante en que se dio cuenta que estaba a punto de perder a su esposa Julieta y a su hijo Cristóbal las dos personas que más amaba en su vida. Aquí nuestro caballero comienza la aventura que cambiará su vida para siempre.

Como dice Terry Lim Taylor, autora de “Los Ángeles como Mensajeros”. El Caballero de la armadura oxidada se trata de una fantasía adulta que simboliza nuestra ascensión por la montaña de la vida. El viaje del caballero está plagado de esperanzas y desesperanzas, ilusiones y desilusiones, risas y lágrimas. El Caballero de la Armadura Oxidada es mucho más que un libro.

3 TEXTOS DE FELIPE ROJAS




Lejos

La distancia tiene forma de guadaña
Cuando tu voz es la de un teléfono ocupado
Cuando tu mirada me dibuja invisible
Cuando tu voluntad elige de mi cariño ausencia
La distancia tiene forma de guadaña
                                              de silencio árido
                                         que congela el cariño
                                                 y la pena hierve.


En el paradero

Mientras espero el vehiculo verde con blanco, mi celular vibra alarmado: su pantalla me lee: ‘’terminamos, lo siento, cuídate. ’’  Viene, levanto mi dedo índice, estiro mi brazo como la barrera negra amarilla de los rieles ferroviarios, aun así, la quiebra y sigue su rumbo, indiferente. ‘’ Se me paso la micro… ya vendrá otra. ‘’ dije y reí.


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La micro se cree ferrari en el gris reflejo de las nubes, miro como la cotidianidad avanza hacia atrás, veloz. Para. Sube un peinado enmarañado parecido a un montón de paja con un bolso. Parte. Recita la típica ganga: ''Señores pasajeros... compre... tan solo cien...'' (el ruido del motor opaca su guión, aunque algo alcanzo a oír: ''lleve su parche curita... no está demás... siempre hay algo que sana...'' y la micro frena y la alfalfa se tambalea) Para. El vidrio me revela tristeza: dos bocas se acarician encendidas en el paradero, la de un tipo equis y la de mi fiel polola, dulce,  dulce coincidencia. Parte. El señor de los bucles tormentosos observa como se diluyen las imágenes en el vidrio. Le hago una seña y viene con ojos de cien pesos. Se los doy y me pasa una tira de parches. Corto el primero, lo doy vuelta, saco el par de papelitos blancos y veo una herida de lagrimas rojas.


AZOTE DEL MAR






                                                                         Osvaldo Mora Rivas.


Allí llegó el amor con su pureza, con
cálida  voz al mar le dijo: amigo del
saber y de la tierra, dueño de la razón,
eres inmenso, de gran fertilidad y eres
tan bello; tú no aceptas cadenas, ni
tiranos, inagotable fuente de
alimentos; con furia enceguecida,
                       castigas
cuando te contaminan y matan
la semilla de tu vientre perfecto.


Yo comparto tu enojo. Da miedo; sé
      que un día no lejano, invadirás
      los valles, aplastarás montañas,
sepultarás riquezas que acumulan los
hombres con sufrimiento ajeno;
remojarás tus aguas salares y desiertos,
                     fértil tierra será,
               lo que ha sido tu lecho.


              Y nosotros los hombres,
                   mezquinos y ciegos,
              dormiremos la muerte por
                    millones de años;
               fecundando la tierra en
                  nuestro largo sueño.