Mostrando entradas con la etiqueta REV Nº 9 artículo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta REV Nº 9 artículo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de junio de 2011

ALEJANDRO VENEGAS C. Filósofo social




                                                    Enrique Darío Lamas

Cuando  el Círculo  Literario el año 2009 realizó sus programas  en la radio Santiago Bueras  de Maipú, uno de los personajes que  cautivó  mi atención fue la del profesor  de  Francés, un chileno nacido  en  Melipilla el año 1871 y  cuyo deceso ocurrió  en nuestra comuna  de Maipú el año 1922. En su tiempo de maestro fue compañero y amigo de  Enrique  Molina  y  de Tancredo Pinochet.


En el día  de hoy,  por  sus  escritos sería  considerado más bien  como sociólogo. Poseedor  de una  gran  sensibilidad  pasó algunas vacaciones  conociendo  a  los  campesinos  y   mineros y a los  modestos  trabajadores  del paí. Fruto  de ese examen de la realidad escribió las  Cartas   a  Pedro Montt y el libro  Sinceridad Chile Intimo en 1910, escrito  en ese mismo año  en  el que  hace  un balance  de la situación  del país  a  cien años  de  la  independencia.
La clase  dirigente  reaccionó  con dureza contra el libro y su autor, debido al triunfalismo  de la celebración  del Centenario pues las críticas de Venegas  venían  a  aguar  la fiesta. Debió  abandonar  la  función  docente  y  dedicarse  al comercio en un verdadero ostracismo.


Usa, en verdad expresiones fuertes. Dice: “ frente  a la petulancia rayana  en la imbecilidad, hay  una visión realista, desmitificadora  y veraz. Hay una ola de fango que nos inunda con el oscurecimiento y la pérdida más extrema  del sentimiento  moral ..la causa  más  importante de esta  crisis moral, caracterizada por el utilitarismo grosero  que hace  consistir  el objeto de la vida  en el éxito y la principal  palanca para alcanzar  éste, en el dinero, en la codicia  y la rapiña, por el favoritismo que reina  en la  administración  pública, por el afán de lucro de la enseñanza, por  el engaño y mala fe de la prensa, por el despojo que se  ha hecho  al pueblo mapuche, por el abandono  en que se tiene al pueblo, por  el imperio de mezquinos  intereses  personales …”
¡Que  increíble!  A cien  años  de esas  declaraciones  en  el  Bicentenario que  hemos  celebrado  recién, estas   palabras  calzan  y  tienen vigencia. La  porfiada  realidad  hace  que  manifestaciones  multitudinarias  de  estudiantes,  maestros,  trabajadores,  rechacen  la educación mercantil  instalada,  los  fraudes  y desfalcos  en instituciones  fiscales, la crisis del sobreendeudamiento de la  gente  con las tarjetas  de crédito, el robo a más de 400.000   personas  en la multitienda  La Polar  por la usura de los intereses  cuando  caen  en morosidad, los  planes  privatizadores  de los  bienes  que nos pertenecen  a todos etc. etc. Está  presente una  situación  similar y  es necesario  combatir  la inmoralidad  con la fuerza  que  lo hizo  el profesor Venegas hace ya más  de  un siglo.


¿Es que la historia  se  ha detenido?  ¿El progreso  social  ha significado  un avance insubstancial tal como  en el caso del paso desde  la extrema  pobreza  a una pobreza dura con televisor  y teléfono celular? Como los fenómenos  que  duelen  en Chile, también  afectan  en muchos  países del mundo, el despertar de los pueblos  árabes  sometidos  por dictaduras  expoliadoras  durante  decenios, también la quiebra y hundimiento  de Grecia,  la cuna  de la  cultura  occidental, como los  movimientos  de los  indignados que  sacuden  España y otros,¿será  entonces  que  puedan cumplirse las profecías de los estudiosos  mayas de la cultura pre-hispánica, que dan el año 2012  para  el fin del mundo o un cambio  de era?              (CONTINUARÁ)

MEJOREMOS



                                                                             Gustavo Olate Ortega


El lenguaje adecuado - sea escrito, oral, visual, etc.-  constituye en eje indispensable para  mejorar la cadena de invisible titanio que fortalece la comunicación que, para bien de todos, debería ser permanente, comprensiva y respetuosa, entre muchos otros aspectos.

No obstante, esa comunicación también abarca conceptos tales como divergencias, acuerdos, dudas, críticas, etc.

Sin embargo, el festinar el lenguaje, utilizar barbarismos y/o groserías dificulta, baja el nivel para entregar o captar el mensaje que se pretende, según los casos.

Este preámbulo, sin pretensiones de ser un agnosticismo, pretende criticar positivamente el uso ordinario de gran parte del lenguaje actual, tanto en la prensa escrita, radial y televisiva, como en la conversación diaria.


Ya no se usan sinónimos  para explicar con claridad lo que se quiere decir, sino que se emplean términos soeces.
Actualmente, en un alto promedio de la comunidad se utilizan vulgaridades propias del argot de bajo nivel. A eso se suma que muchos medios de prensa – dejando de lado la parte sustancial del quehacer noticioso – resaltan con aquel tipo de expresiones los hechos de importancia y sólo entregan farándula barata.

Hoy por hoy, aparece como algo de mayor impacto informativo que tal o cual artista se colocó silicona en sus partes más íntimas, que denunciar situaciones tan graves como el “caso mapuche” o la prostitución infantil en barrios paupérrimos, así como los innumerables casos de corrupción social y politica y que cobran un alto costo ético, moral y económico a las comunidades más desposeídas.

Por eso es que urge que la sociedad – a partir de los propios hogares y colegios – considere básico el uso y aplicación de un lenguaje adecuado. Y eso abarca reflexionar que se debe asumir primero la obligación de cumplir las obligaciones antes de reclamar el derecho al beneficio. La sociedad lo requiere.

ESPAÑA E HISPANISMO EN LA VIDA Y OBRA DE GONZALO ROJAS (1917 – 2011)




                                                                       Ricardo Lagos Núñez

Este insigne poeta chileno recibió en España, 1992, el Premio Reina Sofía de la Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes de Literatura el año 2003.
Sin duda alguna, entre los méritos de ambas distinciones se alude explícitamente a su hispanismo en su contacto permanente con España y su cultura tradicional con énfasis en el Siglo de Oro Español.
Así, en La Miseria del Hombre, (1948) su poema¿A qué mentirnos? Está dedicado como homenaje a Quevedo, y expresa:


Vivimos, gran Quevedo, vivimos tiempo que ni se detiene, ni
tropieza, ni vuelve.


¿A qué mentirnos con la llama del perfume, con la noche moderna
de los cinematógrafos, antesalas terrestres del sepulcro?
Pongamos desde hoy el instrumento en nuestras manos.
Abramos con paciencia nuestro nido para que nadie nos arroje por lástima al reposo.
Cavemos cada tarde el agujero después de haber ganado nuestro pan.

Que en esa tierra hay hueco para todos: los pobres y los ricos.
Porque en la tierra hay un regalo para todos:
los débiles, los fuertes, las madres, las rameras.
Caen de bruces. Caen de cabeza o sentados.
Por donde más les pesa su persona, todos caen y caen.
Aunque el cajón sea lustroso o de cristal. Aunque las tablas
sin cepillar parezcan una cáscara rota con la semilla reventada.

Todos caen y caen, y van perdiendo el bulto en su caída,
¡hasta que son la tierra milenaria y primorosa!



También se refiere a él en “La Almohada de Quevedo” de sus 50 Poemas, con su estilo picaresco, muy a tono con el polémico vate medioeval.
Entre los varios segmentos que acreditan hispanidad está además su hipotético diálogo con el Arcipreste de Hita, Juan Ruiz de Alarcón y su Libro del Buen Amor, marcando un paralelismo de vida y literatura con el seductor de la Edad Media ibérica.

Pero lo más recurrente en su eminente poesía, su “gaya ciencia”, es su sensualidad viva: como por ejemplo, ante su amante desnuda en la playa, con sus superficies sensibles húmedas por el oleaje, él exclama: “Vienes y vas, y adoras el mar que te arrebata con su espuma, y quedas como inmóvil oyendo que te amo”.
O en Del Relámpago con “La palabra placer”, en que se refiere tanto a la palabra placer como al placer de la palabra seductora u erótica previa a la seducción consumada:

La palabra placer, cómo corría larga y libre por tu cuerpo
la palabra placer
cayendo del destello de tu nuca, fluyendo
blanquísima por lo vertiginoso oloroso de
tu espalda hasta lo nupcial de unas caderas
de cuyo arco pende el Mundo, cómo lo
músico vino a ser marmóreo en la
esplendidez de tus piernas si antes hubo
dos piernas amorosas así considerando
claro el encantamiento de los tobillos que son
goznes que son aire que son
partícipes de los pies de Isadora
Duncan la que bailó en la playa
abierta para Serguei
Iesénin, cómo
eras eso y más para mí, la
danza, la contradanza, el gozo
de olerte ahí tendida recostada en tu ámbar contra
el espejo súbito de la Especie cuando te vi
de golpe, ¡con lo lascivo
de mis dedos te vi!
la arruga errónea, por decirlo, trizada en
lo simultáneo de la serpiente palpándote
áspera del otro lado otra
pero tú misma en
la inmediatez de la sábana, anfibia
ahora, vieja
vejez de los párpados abajo, pescado
sin océano ni
nada que nadar, contradicción
siamesa de la figura
de las hermosas desde el
paraíso, sin
nariz entonces rectilínea ni pétalo
por rostro, pordioseros los pezones, más
y más pedregosas las rodillas, las costillas:
                                   -¿Y el parto, Amor, el
tisú epitelial del parto?
De él somos, del
mísero dos partido
en dos somos, del
báratro, corrupción
y lozanía y
clítoris y éxtasis, ángeles
y muslos convulsos: todavía
anda suelto todo, ¿qué
nos iban a enfriar por eso los tigres
desbocados de anoche? Placer
y más placer.
Olfato, lo primero el olfato de la hermosura, alta
y esbelta rosa de sangre a cuya vertiente vine, no
importa el aceite de la locura:
-Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma...


Lo mismo, pero referido a la erótica femenina en “Las muchachas que hacen eso en lo oscuro”, uno de sus 50 Poemas.

Sin embargo, esta poesía amatoria y sensual se vuelve un tanto filosófica, como buscando el enigma que esconde la realidad, mas no como una prosa fría al estilo de Erich Fromm (El Arte de amar) u Ortega y Gasset, sino siempre alumbrado con su poesía amatoria majestuosa.

Así por ejemplo, en Contra la muerte, el poema “¿Qué se ama cuando se ama?, ¿La luz terrible de la vida o la luz de la muerte?” O bien, francamente existencialista cuando comentó en una de sus premiaciones:”Lo cierto es que la poesía encarna en uno como por azar y de nada valen los espejismos”. Se refería a que lo demás serían elucubraciones.

Respondía así a una pregunta del auditorio, de si el poeta nace o se hace. ¿Y a veces un leve fatalismo? Encabezó un verso con: “Que todo es todo en la gran búsqueda del desnacido que salió de madre a ver el fuego mortal”.

Si bien mereció el Premio Miguel de Cervantes en el año 2003, se le suele considerar en Chile a distancia de Gabriela Mistral, Pablo Neruda o Vicente Huidobro, pero en el ámbito internacional, connotados hispanistas como Gonzalo Sobejano, en Nueva Cork, le conceden mayor importancia que en su propio país.
Ante su féretro, la profesora y ex alumna suya, Berta López Morales, de la Universidad del Bio-Bio, leyó el primer poema de Contra la muerte

Al silencio

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera,
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.



Estas sentidas palabras, las últimas antes de su descenso a la tierra en el Cementerio de Chillán ese 28 de abril de 2011, despidieron a quien estuvo talvez muy próximo al Premio Nobel:

A quien prestigió la poesía chilena en sus 15 años de exilio en EE.UU. como profesor de las Universidades de Pittsburg y Pennsylvania,
A quien incorporó parte de sus poemas a la Biblioteca del Congreso en Washington,
A quien reforzó en diversas latitudes la fama de Chile como país de poetas,
A quien se quedó en su pasado juvenil, pletórico de poesía, vitalidad y libido,
A quien tuvo la osadía de titular uno de sus poemarios como “Contra la muerte”.

ANECDOTARIO DE GONZALO ROJAS




                                                   

                                                     Emilia Páez Salinas. 

     Algunas de las situaciones que cuento no corresponden a un anecdotario, muestran aspectos menos conocidos de la vida de este notable poeta que ha fallecido recientemente.
      En la primavera de 1998, Gonzalo Rojas llegó a México para recibir la primera edición del premio de poesía Octavio Paz. En lugar de recibir una llamada de su gran amigo, a quién llamaba “hermano de horizonte” fue informado de la muerte de Octavio Paz.
      En su obra “La otra voz de Gonzalo Rojas”, Fabienne Brandu nos dice que la presencia de Gonzalo fue para el pueblo de México en esos oscuros días, una especie de bálsamo. Gracias a él muchos entendieron que la poesía no muere con la muerte del poeta.
       La voz ronca del chileno en mangas de camisa con los tirantes rojos enmarcando su pecho de pulmonar aliento, los párpados caídos sobre unos ojos como ágatas rodando entre la lejanía y la calidez, su voz leyendo poemas que se entendían en su totalidad leídos por él, todo eso fue un consuelo. En Gonzalo Rojas oí, nos dice Fabienne Brandu, correr la sangre de la poesía en las venas de sus versos.
      Es en este momento cuando, previo acuerdo, mi amiga Yorka Gallegos lee el poema Urgente a Octavio Paz, de Gonzalo Rojas.



77 es el número de la germinación de la otra
Palabra, en lo efímero
de la vuelta
mortal
con tanto Octavio todavía
por aprender del aire, con tanta ceiba
libre que uno pudiera ser, si uno pudiera
ser ceiba en la tormenta con exilio
y todo en la germinación del número
de esta América de sangre con ventisquero
y trópico y grandes ríos
de diamante, sin más tinta
que esta respiración para escribir tu nombre más allá de las nubes
de México ciego hasta cómo decirlo
el otro México que somos todos cuando la aorta
del amanecer abre ritual el ritmo de las violetas
carnales de la Poesía, las muchachas de bronce que marchaban airosas al sacrificio
desnudas al matadero por nosotros antes de parirnos
altas en su doncellez hacia lo alto de los cóndores
desde donde jugarnos mientras caemos página
tras página en este juego de adivinos
del siempre y el nunca de las estrellas y tú te llamas por ejemplo
77 ángeles corno Blake y yo mismo me llamo
77 especies de leopardos voladores porque es justo que el aire
vuelva al aire del pensamiento y no muramos
de muerte y esto sea el principio Octavio
de otro principio y otro, y además no vinimos
aquí a esto.




       En su juventud alguien le preguntó qué era la palabra poética. Entre asfixia real y asfixia irreal – por esas fechas él era un tartamudo irremediable – le respondió en tres o cuatro líneas:

                                  Un aire, un aire, un aire
                                   un aire, un aire nuevo
                                   no para respirarlo
                                   sino para vivirlo


       En una ocasión una persona interrumpió  la lectura pública que hacía Gonzalo desde el fondo de la sala gritándole “Viejo retro, -¿Hasta cuando vamos a soportar tus versos que no se entienden? Devuelve de una vez el Premio Nacional “. De acuerdo, le respondió, pero ¿qué hago con el Reina Sofía, el José Hernández, de Buenos Aires y el Octavio Paz, de México?



       Solía lanzar un cuchillo a una mesa de madera y se sentaba a escribir sólo si el cuchillo se clavaba en la mesa.



       Un niño pobre, de unos diez años, en una escuelita pobre de Chiloé, le hizo una pregunta al poeta una vez terminada la lectura: “Oiga, poeta, y cuando usted termina de hacer una de esas poesías ¿no le funciona como que le quedó inconclusa?”
       Dice Gonzalo que le fascinó la consulta que dio en el clavo mucho más que cualquiera de esas formulaciones académicas sobre el ejercicio de decir el mundo.



       En el año 2006, el periodista Marcelo Mendoza hizo una entrevista al vate nacional. Fue publicada como parte del libro “Todos confesos”, aparecido en enero de este año.
      Algunas de las cosas que el poeta dice en esta entrevista:
      Chile es un país “miedoso y mierdoso” con mentalidad de “perro apaleado”. Confesó que echaba de menos, los puteríos, el olor a puterío. Me divertía eso, nos dice, parecía tan sucio, pero no era envilecedor. No es el puterío de la calle San Camilo de Santiago de Chile, que los había, y cinco o siete en Valparaíso, sino que es algo que viene de más lejos, de la España, de Grecia, de la Roma antigua. Los romanos eran puteros, pero tenían su gracia al compartir las niñas, las bacantes del burdel más remoto, a unos milímetros de su sacralidad. Cuando yo escribo poesías de amor, dice el poeta, y me brota la poesía no de amor, sino sexualizada,  no es una erótica de la carne, de que el pajarito se le pare bien a uno. No, no, no, no es eso. Todo es sagrado: el orgasmo es sagrado, el puterío aquel era sagrado, en el caso mío.

       De nuevo recurro a Yorka que esta vez lee Qedeshim  Quedeshoth, de Gonzalo Rojas.

Mala suerte acostarse con fenicias, yo me acosté
con una en Cádiz belísima
y no supe de mi horóscopo hasta
mucho después cuando el Mediterráneo me empezó a exigir
más y más oleaje; remando
hacia atrás llegué casi exhausto a la
duodécima centuria: todo era blanco, las aves,
el océano, el amanecer era blanco.

Pertenezco al Templo, me dijo: soy Templo. No hay
puta, pensé, que no diga palabras
del tamaño de esa complacencia. 50 dólares
por ir al otro Mundo, le contesté riendo; o nada.
50, o nada. Lloró
convulsa contra el espejo, pintó
encima con rouge y lágrimas un pez: -Pez,
acuérdate del pez.

Dijo alumbrándome con sus grandes ojos líquidos de
turquesa, y ahí mismo empezó a bailar en la alfombra el
rito completo; primero puso en el aire un disco de Babilonia y
le dio cuerda al catre, apagó las velas: el catre
sin duda era un gramófono milenario
por el esplendor de la música; palomas, de
repente aparecieron palomas.

Todo eso por cierto en la desnudez más desnuda con
su pelo rojizo y esos zapatos verdes, altos, que la
esculpían marmórea y sacra como
cuando la rifaron en Tiro entre las otras lobas
del puerto, o en Cartago
donde fue bailarina con derecho a sábana a los
quince; todo eso.

Pero ahora, ay, hablando en prosa se
entenderá que tanto
espectáculo angélico hizo de golpe crisis en mi
espinazo, y lascivo y
seminal la violé en su éxtasis como
si eso no fuera un templo sino un prostíbulo, la
besé áspero, la
lastimé y ella igual me
besó en un exceso de pétalos, nos
manchamos gozosos, ardimos a grandes llamaradas
Cádiz adentro en la noche ronca en un
aceite de hombre y de mujer que no está escrito
en alfabeto púnico alguno, si la imaginación de la
imaginación me alcanza.

Qedeshím qedeshóth, personaja, teóloga
loca, bronce, aullido
de bronce, ni Agustín
de Hipona que también fue liviano y
pecador en Africa hubiera
hurtado por una noche el cuerpo a la
diáfana fenicia. Yo
pecador me confieso a Dios.



     Estábamos un día en una comida acá en Chillán, en el Hotel Riquelme, Neruda y muchos escritores de distinto pelaje. Estábamos todos en torno a él, en distintas mesas. Un amigo de Pablo y amigo mío se le acerca y le pregunta: Oye,  Pablo, ahora que estamos aquí ¿qué te parece ese joven que está por allá? dicen  que él es poeta. Se refería a mí. Entonces Neruda le contesta: “Gonzalo no es malo, pero escribe poquito”. Ése fue su juicio. El intrigante de mierda y simpático que era mi amigo fue volando hacia la otra punta de la mesa y me dijo: “Mira lo que está diciendo Pablo, que tú no eres malo, pero que escribes poquito”. Y a mí  me nació del alma esta frase: “Dile a Pablo que él es un genio, pero que escribe demasiadito”.