miércoles, 29 de junio de 2011

POEMAS AL PADRE


UN RELOJ SE DETUVO
                                                    Emilia Páez Salinas

                      a la hora equis,
                      sus pétalos
                      perdió
                      el lirio.
“ Padre,
¿verme
puedes
el sentimiento
ahora que
el color
han tus
ojos
perdido?”



-Separaron la piedra
                      y su musgo
                      las manos,
                      eres tan
                      lejana,
                      sombra en
                      las sombras.



“Árbol de ásperos
frutos, hay
horas que
huérfanas
pasaron.
No las
viviste,
ausente
de ellas
y de mí.
Anciano joven,
joven anciano
¿en qué navío
se fueron
las
caricias?
Con
pisadas
de
gigante
transitaste
 la
 vida “.



                      -Si pudieras adivinar los
                      infinitos trabajos,
                      encadenado a
                      días sin
                      descanso,
                      noches en
                      vela.
                      Abrí mi caja de Pandora
                      y la esperanza
                      también
                      partió.



                      Perdí todas las
                      ilusiones,
                      mañana quizás
                      iré con la
                      hija al
                      río Acon
                      cagua a
                      lavar mis
                      penas,
                      mañana quizás
                      nos sentaremos
                      bajo el
                      acacio
                      a mirar
                      fotos
                      y beber
                      un vaso
                      de vino,
                      mañana quizás
                      conversaremos


                      a la hora del
                      almuerzo,
                      no más
                      silencios.
                      Buscaré
                      palabras que
                      nadie conoz
                      ca para
                      acariciar
                      tu
                      corazón.
                      “Es febrero, la
                      noche hizo
el eterno
camino
deslizando
estrellas
hasta
el amanecer.



 Padre,
sumergido
en
Thánatos,
ya no
estás más.
Desterrado
del paraíso,
padre “.


JINETE

                                 
Mario Cáceres Contreras

Detente para que tu caballo pueda beber
entre los bambúes del río
y yo pueda verte
jinete nacido del silencio
un aire de secretos volátiles
esconden mi presencia en el agua
y mis ojos juegan a espiarte
mientras tu cabalgadura olfatea los genes
parecidos a tu rostro y que vestí
en ropa de piel adornada de pretéritos
déjame verte jinete nacido del silencio
déjame nombrarte al respirar el agua
y mi voz como un eco
se apoye en las cañas cimbreantes
unidos al cantar de grillos
entre melodía de tristes bambúes
mientras mis ojos juegan eternos a espiarte
te nombro sin palabras
padre, padre, soy tu hijo dormido
Padre, padre, mi desconocido de siempre.





DIÁLOGO EN EL FUNERAL DEL PADRE

                                                                     Patricia Franco Muller
                                            

El ojo se acerca a la escena
secuencia larga de sombra a claridad
sordo rumor de pasos silenciados
palabras desmigajan su gota a gota

Has llegado tarde, no te esperé
Traigo un antiguo rito en tu honor
demoré buscándolo en todas las gavetas
de la memoria de otros
No lo reconozco, me es extraño, no lo quiero

Era sólo para mí
para cerrar por fin el libro
obstinadamente abierto entre los dos
Lo aceptaré entonces aunque nada signifique
y lo escuche como el parloteo
de la gente que aquí se ha reunido

Nada nos deberemos
desde hoy
nuestras máscaras quedarán abandonadas
en la mesa de la fiesta.

Círculo Literario de Maipú presenta:

HOMENAJE A           
GONZALO ROJAS     
Participan: Osvaldo Mora - Ricardo Lagos - Emilia Páez
Invitada:

Amanda Espejo

     

Biblioteca municipal de Maipú
Martes 14 de junio – 19 horas

ESPAÑA E HISPANISMO EN LA VIDA Y OBRA DE GONZALO ROJAS (1917 – 2011)




                                                                       Ricardo Lagos Núñez

Este insigne poeta chileno recibió en España, 1992, el Premio Reina Sofía de la Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes de Literatura el año 2003.
Sin duda alguna, entre los méritos de ambas distinciones se alude explícitamente a su hispanismo en su contacto permanente con España y su cultura tradicional con énfasis en el Siglo de Oro Español.
Así, en La Miseria del Hombre, (1948) su poema¿A qué mentirnos? Está dedicado como homenaje a Quevedo, y expresa:


Vivimos, gran Quevedo, vivimos tiempo que ni se detiene, ni
tropieza, ni vuelve.


¿A qué mentirnos con la llama del perfume, con la noche moderna
de los cinematógrafos, antesalas terrestres del sepulcro?
Pongamos desde hoy el instrumento en nuestras manos.
Abramos con paciencia nuestro nido para que nadie nos arroje por lástima al reposo.
Cavemos cada tarde el agujero después de haber ganado nuestro pan.

Que en esa tierra hay hueco para todos: los pobres y los ricos.
Porque en la tierra hay un regalo para todos:
los débiles, los fuertes, las madres, las rameras.
Caen de bruces. Caen de cabeza o sentados.
Por donde más les pesa su persona, todos caen y caen.
Aunque el cajón sea lustroso o de cristal. Aunque las tablas
sin cepillar parezcan una cáscara rota con la semilla reventada.

Todos caen y caen, y van perdiendo el bulto en su caída,
¡hasta que son la tierra milenaria y primorosa!



También se refiere a él en “La Almohada de Quevedo” de sus 50 Poemas, con su estilo picaresco, muy a tono con el polémico vate medioeval.
Entre los varios segmentos que acreditan hispanidad está además su hipotético diálogo con el Arcipreste de Hita, Juan Ruiz de Alarcón y su Libro del Buen Amor, marcando un paralelismo de vida y literatura con el seductor de la Edad Media ibérica.

Pero lo más recurrente en su eminente poesía, su “gaya ciencia”, es su sensualidad viva: como por ejemplo, ante su amante desnuda en la playa, con sus superficies sensibles húmedas por el oleaje, él exclama: “Vienes y vas, y adoras el mar que te arrebata con su espuma, y quedas como inmóvil oyendo que te amo”.
O en Del Relámpago con “La palabra placer”, en que se refiere tanto a la palabra placer como al placer de la palabra seductora u erótica previa a la seducción consumada:

La palabra placer, cómo corría larga y libre por tu cuerpo
la palabra placer
cayendo del destello de tu nuca, fluyendo
blanquísima por lo vertiginoso oloroso de
tu espalda hasta lo nupcial de unas caderas
de cuyo arco pende el Mundo, cómo lo
músico vino a ser marmóreo en la
esplendidez de tus piernas si antes hubo
dos piernas amorosas así considerando
claro el encantamiento de los tobillos que son
goznes que son aire que son
partícipes de los pies de Isadora
Duncan la que bailó en la playa
abierta para Serguei
Iesénin, cómo
eras eso y más para mí, la
danza, la contradanza, el gozo
de olerte ahí tendida recostada en tu ámbar contra
el espejo súbito de la Especie cuando te vi
de golpe, ¡con lo lascivo
de mis dedos te vi!
la arruga errónea, por decirlo, trizada en
lo simultáneo de la serpiente palpándote
áspera del otro lado otra
pero tú misma en
la inmediatez de la sábana, anfibia
ahora, vieja
vejez de los párpados abajo, pescado
sin océano ni
nada que nadar, contradicción
siamesa de la figura
de las hermosas desde el
paraíso, sin
nariz entonces rectilínea ni pétalo
por rostro, pordioseros los pezones, más
y más pedregosas las rodillas, las costillas:
                                   -¿Y el parto, Amor, el
tisú epitelial del parto?
De él somos, del
mísero dos partido
en dos somos, del
báratro, corrupción
y lozanía y
clítoris y éxtasis, ángeles
y muslos convulsos: todavía
anda suelto todo, ¿qué
nos iban a enfriar por eso los tigres
desbocados de anoche? Placer
y más placer.
Olfato, lo primero el olfato de la hermosura, alta
y esbelta rosa de sangre a cuya vertiente vine, no
importa el aceite de la locura:
-Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma...


Lo mismo, pero referido a la erótica femenina en “Las muchachas que hacen eso en lo oscuro”, uno de sus 50 Poemas.

Sin embargo, esta poesía amatoria y sensual se vuelve un tanto filosófica, como buscando el enigma que esconde la realidad, mas no como una prosa fría al estilo de Erich Fromm (El Arte de amar) u Ortega y Gasset, sino siempre alumbrado con su poesía amatoria majestuosa.

Así por ejemplo, en Contra la muerte, el poema “¿Qué se ama cuando se ama?, ¿La luz terrible de la vida o la luz de la muerte?” O bien, francamente existencialista cuando comentó en una de sus premiaciones:”Lo cierto es que la poesía encarna en uno como por azar y de nada valen los espejismos”. Se refería a que lo demás serían elucubraciones.

Respondía así a una pregunta del auditorio, de si el poeta nace o se hace. ¿Y a veces un leve fatalismo? Encabezó un verso con: “Que todo es todo en la gran búsqueda del desnacido que salió de madre a ver el fuego mortal”.

Si bien mereció el Premio Miguel de Cervantes en el año 2003, se le suele considerar en Chile a distancia de Gabriela Mistral, Pablo Neruda o Vicente Huidobro, pero en el ámbito internacional, connotados hispanistas como Gonzalo Sobejano, en Nueva Cork, le conceden mayor importancia que en su propio país.
Ante su féretro, la profesora y ex alumna suya, Berta López Morales, de la Universidad del Bio-Bio, leyó el primer poema de Contra la muerte

Al silencio

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera,
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.



Estas sentidas palabras, las últimas antes de su descenso a la tierra en el Cementerio de Chillán ese 28 de abril de 2011, despidieron a quien estuvo talvez muy próximo al Premio Nobel:

A quien prestigió la poesía chilena en sus 15 años de exilio en EE.UU. como profesor de las Universidades de Pittsburg y Pennsylvania,
A quien incorporó parte de sus poemas a la Biblioteca del Congreso en Washington,
A quien reforzó en diversas latitudes la fama de Chile como país de poetas,
A quien se quedó en su pasado juvenil, pletórico de poesía, vitalidad y libido,
A quien tuvo la osadía de titular uno de sus poemarios como “Contra la muerte”.

ANECDOTARIO DE GONZALO ROJAS




                                                   

                                                     Emilia Páez Salinas. 

     Algunas de las situaciones que cuento no corresponden a un anecdotario, muestran aspectos menos conocidos de la vida de este notable poeta que ha fallecido recientemente.
      En la primavera de 1998, Gonzalo Rojas llegó a México para recibir la primera edición del premio de poesía Octavio Paz. En lugar de recibir una llamada de su gran amigo, a quién llamaba “hermano de horizonte” fue informado de la muerte de Octavio Paz.
      En su obra “La otra voz de Gonzalo Rojas”, Fabienne Brandu nos dice que la presencia de Gonzalo fue para el pueblo de México en esos oscuros días, una especie de bálsamo. Gracias a él muchos entendieron que la poesía no muere con la muerte del poeta.
       La voz ronca del chileno en mangas de camisa con los tirantes rojos enmarcando su pecho de pulmonar aliento, los párpados caídos sobre unos ojos como ágatas rodando entre la lejanía y la calidez, su voz leyendo poemas que se entendían en su totalidad leídos por él, todo eso fue un consuelo. En Gonzalo Rojas oí, nos dice Fabienne Brandu, correr la sangre de la poesía en las venas de sus versos.
      Es en este momento cuando, previo acuerdo, mi amiga Yorka Gallegos lee el poema Urgente a Octavio Paz, de Gonzalo Rojas.



77 es el número de la germinación de la otra
Palabra, en lo efímero
de la vuelta
mortal
con tanto Octavio todavía
por aprender del aire, con tanta ceiba
libre que uno pudiera ser, si uno pudiera
ser ceiba en la tormenta con exilio
y todo en la germinación del número
de esta América de sangre con ventisquero
y trópico y grandes ríos
de diamante, sin más tinta
que esta respiración para escribir tu nombre más allá de las nubes
de México ciego hasta cómo decirlo
el otro México que somos todos cuando la aorta
del amanecer abre ritual el ritmo de las violetas
carnales de la Poesía, las muchachas de bronce que marchaban airosas al sacrificio
desnudas al matadero por nosotros antes de parirnos
altas en su doncellez hacia lo alto de los cóndores
desde donde jugarnos mientras caemos página
tras página en este juego de adivinos
del siempre y el nunca de las estrellas y tú te llamas por ejemplo
77 ángeles corno Blake y yo mismo me llamo
77 especies de leopardos voladores porque es justo que el aire
vuelva al aire del pensamiento y no muramos
de muerte y esto sea el principio Octavio
de otro principio y otro, y además no vinimos
aquí a esto.




       En su juventud alguien le preguntó qué era la palabra poética. Entre asfixia real y asfixia irreal – por esas fechas él era un tartamudo irremediable – le respondió en tres o cuatro líneas:

                                  Un aire, un aire, un aire
                                   un aire, un aire nuevo
                                   no para respirarlo
                                   sino para vivirlo


       En una ocasión una persona interrumpió  la lectura pública que hacía Gonzalo desde el fondo de la sala gritándole “Viejo retro, -¿Hasta cuando vamos a soportar tus versos que no se entienden? Devuelve de una vez el Premio Nacional “. De acuerdo, le respondió, pero ¿qué hago con el Reina Sofía, el José Hernández, de Buenos Aires y el Octavio Paz, de México?



       Solía lanzar un cuchillo a una mesa de madera y se sentaba a escribir sólo si el cuchillo se clavaba en la mesa.



       Un niño pobre, de unos diez años, en una escuelita pobre de Chiloé, le hizo una pregunta al poeta una vez terminada la lectura: “Oiga, poeta, y cuando usted termina de hacer una de esas poesías ¿no le funciona como que le quedó inconclusa?”
       Dice Gonzalo que le fascinó la consulta que dio en el clavo mucho más que cualquiera de esas formulaciones académicas sobre el ejercicio de decir el mundo.



       En el año 2006, el periodista Marcelo Mendoza hizo una entrevista al vate nacional. Fue publicada como parte del libro “Todos confesos”, aparecido en enero de este año.
      Algunas de las cosas que el poeta dice en esta entrevista:
      Chile es un país “miedoso y mierdoso” con mentalidad de “perro apaleado”. Confesó que echaba de menos, los puteríos, el olor a puterío. Me divertía eso, nos dice, parecía tan sucio, pero no era envilecedor. No es el puterío de la calle San Camilo de Santiago de Chile, que los había, y cinco o siete en Valparaíso, sino que es algo que viene de más lejos, de la España, de Grecia, de la Roma antigua. Los romanos eran puteros, pero tenían su gracia al compartir las niñas, las bacantes del burdel más remoto, a unos milímetros de su sacralidad. Cuando yo escribo poesías de amor, dice el poeta, y me brota la poesía no de amor, sino sexualizada,  no es una erótica de la carne, de que el pajarito se le pare bien a uno. No, no, no, no es eso. Todo es sagrado: el orgasmo es sagrado, el puterío aquel era sagrado, en el caso mío.

       De nuevo recurro a Yorka que esta vez lee Qedeshim  Quedeshoth, de Gonzalo Rojas.

Mala suerte acostarse con fenicias, yo me acosté
con una en Cádiz belísima
y no supe de mi horóscopo hasta
mucho después cuando el Mediterráneo me empezó a exigir
más y más oleaje; remando
hacia atrás llegué casi exhausto a la
duodécima centuria: todo era blanco, las aves,
el océano, el amanecer era blanco.

Pertenezco al Templo, me dijo: soy Templo. No hay
puta, pensé, que no diga palabras
del tamaño de esa complacencia. 50 dólares
por ir al otro Mundo, le contesté riendo; o nada.
50, o nada. Lloró
convulsa contra el espejo, pintó
encima con rouge y lágrimas un pez: -Pez,
acuérdate del pez.

Dijo alumbrándome con sus grandes ojos líquidos de
turquesa, y ahí mismo empezó a bailar en la alfombra el
rito completo; primero puso en el aire un disco de Babilonia y
le dio cuerda al catre, apagó las velas: el catre
sin duda era un gramófono milenario
por el esplendor de la música; palomas, de
repente aparecieron palomas.

Todo eso por cierto en la desnudez más desnuda con
su pelo rojizo y esos zapatos verdes, altos, que la
esculpían marmórea y sacra como
cuando la rifaron en Tiro entre las otras lobas
del puerto, o en Cartago
donde fue bailarina con derecho a sábana a los
quince; todo eso.

Pero ahora, ay, hablando en prosa se
entenderá que tanto
espectáculo angélico hizo de golpe crisis en mi
espinazo, y lascivo y
seminal la violé en su éxtasis como
si eso no fuera un templo sino un prostíbulo, la
besé áspero, la
lastimé y ella igual me
besó en un exceso de pétalos, nos
manchamos gozosos, ardimos a grandes llamaradas
Cádiz adentro en la noche ronca en un
aceite de hombre y de mujer que no está escrito
en alfabeto púnico alguno, si la imaginación de la
imaginación me alcanza.

Qedeshím qedeshóth, personaja, teóloga
loca, bronce, aullido
de bronce, ni Agustín
de Hipona que también fue liviano y
pecador en Africa hubiera
hurtado por una noche el cuerpo a la
diáfana fenicia. Yo
pecador me confieso a Dios.



     Estábamos un día en una comida acá en Chillán, en el Hotel Riquelme, Neruda y muchos escritores de distinto pelaje. Estábamos todos en torno a él, en distintas mesas. Un amigo de Pablo y amigo mío se le acerca y le pregunta: Oye,  Pablo, ahora que estamos aquí ¿qué te parece ese joven que está por allá? dicen  que él es poeta. Se refería a mí. Entonces Neruda le contesta: “Gonzalo no es malo, pero escribe poquito”. Ése fue su juicio. El intrigante de mierda y simpático que era mi amigo fue volando hacia la otra punta de la mesa y me dijo: “Mira lo que está diciendo Pablo, que tú no eres malo, pero que escribes poquito”. Y a mí  me nació del alma esta frase: “Dile a Pablo que él es un genio, pero que escribe demasiadito”.




CARTA A GONZALO



                           Amanda Espejo
                                  Grupo La Mancha


Me han cedido estas páginas, exactamente dos carillas para que hable sobre ti.

¿Cómo puedo contenerte en tan corto espacio?


Creo que por hoy, los hitos de tu biografía y la enumeración cronológica de tus premios, se quedarán guardados en la gaveta de la memoria. He de concentrarme en el meollo del asunto: lo que se produce en mí, al ver ante mis ojos el logrado mosaico de tus palabras.


Escucha, Gonzalo, hijo de Lebu...¡bendito seas entre todos los poetas!
Porque aún siendo niño, intuiste el modo de borrar de tu cielo las nubes de hollín, y asombrado, soplaste... soplaste un susurro de palabras frescas que se remontó en el aire y se hizo imagen.


Porque haciendo uso de tu libre albedrío, no tuviste empacho en cortar amarras y caminar tu propia senda bajo el candil de tus sentidos, sin perder ni por un momento, la certeza de la fragilidad e indefensión del hombre frente a lo infinito.


Porque convertiste a tu voz las preguntas universales de todos los hombres y mujeres conscientes, heredándonos la experiencia de tu propia búsqueda.


Porque no te bastó con escuchar el canto de las caracolas... tú ascendiste y descendiste, te diste licencia para volar con el viento y para cavar hasta lo más profundo de la tierra y del SER mismo.


Porque se me nublan los ojos cuando junto a ti, también veo a tu padre, espejismo de muerte... montado, bajo la lluvia... (es un olor a caballo mojado...) mirando a través de ti, sin poder verte.


Porque tu madre, Celia, también es la mía mientras recorro a tu lado la historia viva de su muerte. Soy una entre los siete... y me lloro... y la lloro junto contigo.



ACONTECIMIENTOS




                                               Julio Abel Sotomayor Campos


No dejé de mirarte mientras el camión
cargando cacharros y familia,
se alejaba oscilando por la calle polvorienta.
Jugabas... tus brazos abiertos como alas,
saltando en la vereda parecías volar;
un día de otoño de mil novecientos
sesenta y seis, cuando nos mudamos.

No te he vuelto a ver, pero no te olvidé.
Convertida en un recuerdo casi cotidiano,
en cada acontecimiento
que desde entonces sobrevino,
me he preguntado dónde estabas,
qué hacías en aquel tiempo;
cómo has sobrevivido a esta historia...

El abrazo emocionado de tu padre,
la esperanza tangible en sus ojos
evidente en el alma de los trabajadores,
el amanecer del cinco de septiembre
de mil novecientos setenta,
una vida más justa comenzaba.

¿Te lastimó el frío aquella gélida noche
en el invierno del setenta y dos?
Extraño fenómeno, poco frecuente;
la nieve caía sobre Santiago
mientras, fusil y casco, vigilante,
mi deber cumplía con la patria.

Cuánto temor habrás padecido
la mañana del once de septiembre
de mil novecientos setenta y tres;
ocultándonos en cada esquina
de conjurados aniquilando al pueblo,
incrédulos y consternados cruzamos la ciudad
para saber de los nuestros,
anhelando el refugio del hogar.

¿Dónde encontraste amparo
para resguardar tu vida del bárbaro acoso,
aquellos días de persecución y tortura?
Por entonces, furtivo militante, 
en la barricada junto a los compañeros,
alentando la resistencia contra el tirano,
redactando proclamas olvidé la poesía.

¿A qué columna te sumaste el once de mayo
de mil novecientos ochenta y tres.
Una década de terror transcurrida?
Venciendo el temor a la muerte,
agazapada en cada rincón de la ciudad,
resurgiendo de las sombras clandestinas
nos atrevimos a dar el primer paso.
Que más daba perder la vida
si ya tanto habíamos perdido.

¡Mineros, obreros cesantes, pobladores,
mujeres, estudiantes y jóvenes sin esperanza,
a enfrentar al opresor y decir basta!

Te busqué sin hallarte;
esperaba emergieras entre la multitud,
marchando con júbilo por las alamedas
que de nuevo se abrían al paso del pueblo.
Un arco iris multicolor en una fiesta triunfal,
erigía el fulgor de la alegría
destellando en la mirada de la gente,
el cinco de octubre de mil novecientos
ochenta y ocho; un lápiz fue el instrumento.

Abrazando tu recuerdo despedí el milenio
segundo de nuestra cristiana era,
al filo de cumplir la quinta década
y casi cuatro sin verte.
Achacando a las burbujas del champán
la emoción que humedecía mis ojos, delatando
la fragilidad que adquiere el corazón
con el paso irremediable de los años.

Dos lustros transitamos ya del primer siglo.
los albores del milenio se llevaron
sin pena ni gloria al dictador
y de los miles, anónimos ejecutados sin inhumar,
de cuyas muertes fueron cómplices
los camaleones que hoy rubrican decretos,
la tenacidad de hermanos, hijos, madres...
a muchos de ellos rescató
y les han dado cristiana sepultura.

En nuestros días, los pobres han perdido la esperanza
en esos parlanchines, que a fuerza de cínica retórica
usurparon el derecho, conquistado con la sangre
de mujeres y hombres proletarios,
de escribir su propia historia.
Sin embargo, la esperanza de encontrarte
y contemplar tu risa de colmena,
tus ojos llenos de emoción mientras declamo
los poemas que te he escrito, aún está latente en mí.









Concurso: CON LAS PALABRAS UN CUENTO



Fecha Entrega de trabajos hasta el 31 de agosto.
Lugar En cada sede de Vitamayor.

Pensando en todas aquellas personas  que se interesan por escribir y tienen facilidades para hacerlo, Vitamayor invita a todos los mayores de 60 años a participar en  su  XII concurso literario, que se realiza  a nivel nacional, y donde se entregarán  interesantes premios.

Como en años anteriores, la convocatoria será “Con las palabras, un cuento”, un llamado simple que ofrece a los escritores gran  libertad para escribir.

BASES

-    Participantes: podrán participar todos los Adultos Mayores del país ( aficionados) que acrediten tener 60 años o más.
-    Género: prosa
-    Tema: cualquier trabajo literario en prosa que se enmarque dentro de las bases.
-    Trabajos: se aceptará solamente un trabajo por participante, deberá ser inédito y  podrá tener un máximo de 6 carillas, escritas a máquina o en computador, en hoja tamaño carta  y a doble espacio.

ENTREGA DE TRABAJOS
Desde este año existirán dos modalidades  de entrega: 
  • Cualquiera de las sedes de Vitamayor: Sede Luis Pasteur (Luis Pasteur 6625); Sede Padre Hurtado (Padre Hurtado 1873) y Sede Eduardo Marquina (Eduardo Marquina 3942).
- Horario: 9:30 a 13:30 hrs. y 15:30 a 18:00 hrs.
- Cada concursante deberá enviar un sobre cerrado, identificado en el exterior con un seudónimo. En el interior deberá incluir  un original de su trabajo y cuatro fotocopias del trabajo.
- En sobre aparte, cerrado e identificado exteriormente con el respectivo seudónimo, se consignarán los datos personales del autor del trabajo (nombre, fotocopia de cédula de identidad, dirección y teléfono).
  • También  se podrá entregar el trabajo por Internet a concursoliterariovitamayor@gmail.com. El concursante deberá enviar 3 archivos adjuntos. El primero con el cuento en formato carta, a doble espacio y en letra Arial N 12. Cada hoja deberá llevar el seudónimo en el borde superior derecho. En el segundo, deberá ir la  cédula de identidad escaneada. Y en el tercero, carta con los datos personales del autor (nombre, seudónimo, dirección y teléfono).

MIERCOLES 31 DE AGOSTO vence impostergablemente el plazo de entrega de los trabajos.


JURADO: durante el mes de octubre, un jurado integrado por los escritores Marta Blanco, M. Luisa Silva y Carmen Basañez, y el abogado y crítico literario de la Revista de Libros de El Mercurio Javier Edwards, todas destacadas personas representativas del quehacer literario nacional,  decidirá por mayoría de votos los premios correspondientes.

VITAMAYOR se reserva el derecho de declarar los premios desiertos, si es que no existe ningún trabajo merecedor de las distinciones. Los trabajos que no cumplan con las bases requeridas quedarán automáticamente fuera de concurso.Los trabajos  originales no serán devueltos.

PREMIACIÓN: la  Ceremonia de Premiación se efectuará el miércoles 19 DE OCTUBRE a las 12.30 hrs. en  el Auditorio del Centro Cívico (Avda. Bicentenario 3800).  

Se otorgarán tres premios y tres menciones honrosas:
- Primer premio:        $ 300.000
- Segundo premio:     $ 200.000
- Tercer premio:         $ 100.000
- Menciones honrosas: colección de libros.






UNA NOCHE DE FURIA



                                                                                                                                                              Mauricio González


Cuando recién llegué al barrio los vecinos me miraban de reojo. No te imaginás cuánto costó que me aceptaran. Yo venía de un lugar mucho más tranquilo, allá la gente dormía con la puerta abierta, no existían alarmas ni rejas. Por eso tardé tanto en adaptarme.
           
Puedo entender que un hombre solo y de mi edad sea mal mirado. En la villa muchos criticaban mi pinta de atorrante, siempre con la misma ropa, todo el tiempo maestreando y cachureando.

¡No me entra en la cabeza que el Turco hiciera esto conmigo! Está bien, entiendo su desesperación, además el tipo estaba fundido, tenía problemas con su mujer y un montón de deudas  ¡pero eso no le daba derecho!

Esa noche el Turco llegó reventado del trabajo y encontró a su hija sola en la casa haciendo las tareas. Comió algo frente al televisor y al rato se durmió en el sillón. De repente despertó sobresaltado llamando a la Carlita que no aparecía por ninguna parte. Descontrolado salió a la calle llamándola a gritos y se encaminó derecho a mi casa, casi en la esquina. Vio la luz de la sala prendida y -según él- escuchó la voz de la nena adentro, cuando en realidad era la radio que siempre dejo encendida cuando salgo. Gritaba mientras sacudía la reja como un poseído. Varios vecinos se asomaron para ver qué era tanto escándalo.

No sé como hizo el Turco para forzar la reja que estaba con cadena y candado, meterse al jardín y darle de patadas a la puerta.  Algunos trataron de calmarlo diciéndole que yo no estaba, que me vieron salir en la mañana y que nunca llegaba tan temprano así que era imposible que la nena estuviera allí. Entre todos empezaron a buscarla hasta que apareció en la casa de un amiguito justo frente a la suya.

Esa misma noche voy entrando al pasaje  y me encuentro con una ambulancia frente a mi casa, el Turco desmayado en el medio de la calle, dos enfermeros bajando una camilla, más adelante una patrulla con las luces rojas y azules y todos los vecinos afuera mirándome como si se tratara de una aparición. Entonces me informaron lo que había pasado;  ¡yo no lo podía creer!

Varias veces estuve conversando con el Turco e incluso le prestaba mis herramientas cuando se ponía a enchular su taxi los domingos. Cuando lo vi tendido en el suelo, blanco como un papel, te juro que me dieron ganas de matarlo. Pero me aguanté, conté hasta diez y me dije quedáte piola flaco que éste va a caer solito.

Dicho y hecho, al poco tiempo el tipo apareció tirado en un terreno baldío, desnudo, todo golpeado, amarrado de pies y manos, le habían robado el auto y hasta ahora nadie sabe quién fue el responsable.

¿Ahora entendés por qué todavía me siguen mirando raro?





LA RECETA







                                                                         Carlos Acevedo

-         No se preocupe Abuela, le llevamos el vino, las bebidas, el pan y el postre, Alicia va a hacer una ensalada, como le digo es sólo esa receta suya, es que nos vino una añoranza con el Quique que no puedo explicarle, nos vemos a eso de la una…

-         M’hijito, el problema es que ya ni me acuerdo, creo que tengo un cuaderno donde tengo anotada la receta, si no lo encuentro será a la suerte de la olla.

-         Sé que lo va a encontrar, Usted siempre guarda todo, un beso Abu, nos vemos.

      Y lo encontró, ya tenía las verduras, el pollo, la fuente de pyrex y las especias en la mesada de la cocina, pero la receta no venía a su mente. Desde hacía mucho que cocinaba sólo para ella, platos simples, rápidos, de vez en cuando algo más complejo pero en cantidad doble para un par de días. Desempolvó el cuaderno, se lavó las manos por quinta vez, se sentó en el piso alto que le servía para cuando picaba cebolla, rallaba zanahorias o estaba condenada a revolver la olla para evitar grumos. En la mano derecha abrió el cuaderno, el pulgar como señalador y fue repasando la lista de ingredientes en voz alta mientras la mano izquierda tomaba dos zanahorias y las llevaba quince centímetros más allá en la mesa, tomaba el pollo y  lo llevaba, el pimiento y lo llevaba, la cebolla y el perejil, la nuez moscada no, no estaba, dejó el libro, buscó en la despensa y si no fuera por el envoltorio demasiado grande para tan poco, no la hubiera encontrado. Nuez moscada y se volvió a sentar, volvió a abrir el cuaderno y un papel suelto cayó al suelo. Lo levantó y leyó, era su letra, el trazo englobado de su caligrafía, pero temblorosa, como si un apuro le amenazara, y comenzó a leer en murmullos inentendibles, se detuvo, sonrió y moviendo la cabeza hacia un lado y al otro, como flexionando, carraspeó siempre sentada, enderezó su columna y en voz alta leyó:

                                             Héroe, Tú, mi héroe
                                             no sólo destrozaste el sueño eterno de mi maldición
                                             con solo un beso,
                                             No sólo trepaste por mi pelo que temí cortar
                                             por no perderme,
                                             ni temiste los pies promiscuos ante la  tentación
                                             Vestida de cristal.
                                             Tú, mi Héroe,
                                             supiste del tesoro que señalaba el mapa
                                             y fuiste en su hallazgo
                                             y sé que no fue fácil vencer el tiempo y el espacio,
                                             el destino de mares y tierras,
                                             llegarme, abrirme la caverna
                                             desafiarme al dragón que escupía su fuego
                                             y no le temiste,
                                             héroe mío, a tu miedo,
                                             venciste el mío
                                             y pudimos ser felices para siempre
                                             pero confundí el había una vez…
                                             la llave del comienzo con el candado del final
                                             y entonces, maldito héroe
                                             …hubo una vez.
          
                  

                          Al terminar de leer era nuevamente un murmullo su decir, estaba de pie, afirmada a la mesada, como asumiendo un golpe a la altura del estómago, lloraba y sus lágrimas se licuaban con los mocos de su nariz antes de llegarles a su boca. ¿Por qué el olvido? La receta, ahora el poema. Se acordaba de los ingredientes e ignoraba como mezclarlos, recordó sólo su letra y supo, maldito héroe, como destruir el presente manso de su cuerpo sin memoria, se recordó mujer y cuerpo alguna vez, esa sola vez  y lo evocó a él y su cuerpo, y rompió el papel amarillento en incontables pedazos y sollozando fue tomando puñado tras puñado y se lo llevó a la boca y fue apenas masticando, haciéndolos pequeñas bolas envueltas en saliva, en el ácido que las lágrimas y los mocos producían, y mientras masticaba, abrió las patas del pollo , metió su pequeña mano derecha en el vientre muerto, sacó el envoltorio de las menudencias, y volvió a lavar la carne, tomó el paño de cocina, lo fue secando y empezó a acariciar esa piel desnuda, lenta, muy lenta y buscando la zanahoria más grande, la empuñó y la fue metiendo y sacando de la abertura del animal, fue cada vez más rápida y violenta, ella misma se fue agitando, con el respirar cada vez más radical  y siguió así hasta que casi se cae, y entonces escupiendo las bolas de papel sobre los ingredientes en la mesada, tomó el  cuchillo más grande y una y otra vez, otra vez y otra,  lo clavó en la carne muerta.
                                              
                                            

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