miércoles, 30 de noviembre de 2011

COMENTARIO DE LIBROS



KAFKA en primera persona

Selección, traducción y notas de Carla Cordua
LOM Ediciones 2010 – 144 páginas
Disponible en: BIBLIOMETRO

Esta es una selección de los diarios de vida que Kafka se obligó a escribir como una tabla de salvación ante sus dificultades ante la vida y los problemas que le causaba su precaria salud.
Este libro atrae, no sólo por ser un medio para adentrarse en la literatura del autor checo, sino por la selección y notas de Carla Cordua, doctora en filosofía, distinguida académica y autora de varios libros de filosofía y ensayos sobre literatura y diversos aspectos de la vida cultural.

Se inicia con una introducción de 47 páginas en las cuales Cordua comenta el diario, la vida del escritor, su literatura y sus biógrafos. Entre éstos destaca a Elías Canetti, con su libro: El otro proceso de Kafka. Sobre las cartas a Felice, de la cual ella escribe: “Pocas biografías más completas pueden rivalizar con este ensayo en inteligencia y agudeza psicológica”.
La selección de diarios se inicia el 17 de mayo de 1910, para terminar el 12 de junio de 1923 y a través de ella afloran las obsesiones de Kafka, sus sueños, reflexiones, además de su incapacidad para reconocer el propio talento.

Franz Kafka, nació en Praga, entonces parte del imperio austro-húngaro. Fue el primer hijo en un hogar de judíos acomodados, germano hablantes. Se doctoró en derecho y debió atender por un tiempo una fábrica de asbesto, propiedad de un cuñado enviado al frente. ¿Influiría la posible atmósfera contaminada con asbesto en su posterior tuberculosis?Dos de sus hermanos menores murieron en la niñez y sus tres hermanas fueron asesinadas en campos de exterminio alemanes. Padeció de mala salud hasta contraer tuberculosis y fallecer a los 41 años, sin casarse nunca a pesar de varios intentos de los cuales se retraía a último momento. Fiel a la moral de la época, dividía a las mujeres en dos clases: la buena chica y la prostituta. Frecuentaba alegremente a las últimas y mantenía relaciones mayormente epistolares con sus prometidas. Cabe hacer notar que manifestaba sentir repugnancia ante el sexo, lo cual no le impedía practicarlo con asiduidad.
Sus obras mas conocidas y que se leen hasta hoy: El desaparecido (o America) El proceso, El castillo, que fueron publicadas póstumamente, contrariando el deseo del autor que quiso que fueran quemadas. Además, varios cuentos, el más conocido: La metamorfosis y numerosas cartas que han sido publicadas.

EXTRACTOS de diarios

31 octubre 1911

Para no olvidarme, en caso que mi padre vuelva a llamarme otra vez un mal hijo, anoto para mi que, delante de algunos parientes y sin un motivo especial, ya sea simplemente para oprimirme, ya sea para supuestamente salvarme, llamó a Max (su amigo  de muchos años y escritor Max Brod)“un loco irresponsable” y que ayer, cuando Löwy estaba en mi habitación, se refirió, con sacudidas irónicas del cuerpo, retorcimientos de la boca, a personas ajenas  a las que se dejaba entrar en la casa; preguntando qué podría resultar interesante en un extraño y para qué establecer relaciones tan inútiles, etc.

2 de agosto de 1914.

Alemania le declaró la guerra a Rusia. Por la tarde, clases de natación.

6 de agosto de 1914

Procesión patriótica. Discurso del alcalde. Luego desaparición, entonces aparición y el grito alemán “Viva nuestro querido monarca, viva”. Yo estoy presente con mi mirada maligna. Estas procesiones son uno de los fenómenos más repugnantes que acompañan a la guerra. Iniciada por comerciantes judíos, que son a veces alemanes, a veces checos y que lo reconocen pero que nunca pueden proclamarlo tan ruidosamente como ahora.

8 de enero de 1914.

¿Qué tengo en común con los judíos? Apenas tengo algo en común conmigo mismo y debería meterme bien silencioso, conforme con poder respirar, en un rincón.

14 de febrero de 1914

Si me suicidara, es seguro que nadie tendría la culpa, aunque resultara evidente, por ejemplo, que el motivo más próximo sería la conducta de Felice. Ya me he representado en una ocasión, durante el semisueño, la escena que tendría lugar cuando yo, previendo el final, llegara a su casa, fuera rechazado como pretendiente, con la carta de despedida en el bolsillo, depositara la carta sobre la mesa, me dirigiera al balcón, liberándome de todos los que acuden presurosamente para sujetarme, mientras una mano tras la otra tienen que soltarme, y saltara por encima de la reja del balcón. En la carta diría que aunque salto al vacío por Felice, pero en el caso que mi petición de mano hubiera sido aceptada, nada esencial habría cambiado para mi. Mi lugar está allá abajo y no encuentro otro arreglo. Felice es casualmente la persona a propósito de quien mi destino se hace manifiesto, no soy capaz de vivir sin ella y tengo que saltar al vacío, tampoco sería capaz – y Felice intuye esto – de vivir con ella…… Pero yo me atengo a representaciones, vivo enteramente enredado con la vida, no lo haré, estoy congelado, triste de que una camisa alrededor del cuello me apriete, estoy condenado, apenas respiro en la niebla.

30 de agosto de 1914

Frío y vacío. Siento demasiado los límites de mi capacidad, los cuales, cuando no estoy absolutamente poseído, son, sin duda, muy estrechos. Y creo que aún poseído soy arrastrado solo dentro de estos estrechos límites, los que,  por lo demás, no siento, ya que soy arrastrado. A pesar de ello hay, entre esos límites, especio para vivir y para eso es que tendré a bien usarlos hasta el envilecimiento.

30 de noviembre 1914

Ya no puedo seguir escribiendo. He llegado al límite definitivo, delante del que tal vez deba quedarme sentado otra vez por años, para comenzar acaso una vez más una nueva historia que quedará incompleta otra vez.

23 de enero de 1922

La vacilación antes del nacimiento. Si existe la transmigración de las almas, entonces todavía no estoy ni siquiera en el estadio inferior. Mi vida es la vacilación antes del nacimiento.

25 de septiembre de 1917

No es completamente perverso tener hijos siendo tuberculoso. El padre de Flaubert era tuberculoso. Elección: o al niño le silbará el pulmón (linda expresión musical, a propósito de la cual el médico posa el oído sobre el pecho) o se convierte en Flaubert. El padre tiembla mientras, en el vacío, se delibera acerca de ello.


REFLEJOS





El miércoles 7 de diciembre, a las 19 horas, se hará la presentación del primer libro de poemas del escritor
Julio Abel Sotomayor Campos: "Reflejos de una existencia común" en el local de la CUT de Maipú.


Hemos publicado microcuentos y poemas de este autor y socio, en la revista,  y nos complace en extremo
asistir a este acto, al que invitamos a socios y amigos.





















NACIDO EN NOVIEMBRE
 






Emilia Páez Salinas


       “Por asimilación, sino por la cuna, soy hijo de gaucho, hermano de gaucho, y he sido gaucho. He vivido años en campamentos, en los desiertos y en los bosques, viéndolos padecer, pelear y morir; abnegados, sufridos, humildes, desinteresados y heroicos”.
             
                                          José Hernández, 1881.

        En esta ocasión hablaré de José Hernández, autor de Martín Fierro, obra que da inicio a la poesía moderna argentina.
        José Hernández y Pueyrredón nace el 10 de noviembre de 1834 en Chacras de Perdriel,  partido  de San Martín, provincia de Buenos Aires.
        Entre 1852 y 1872, época de gran agitación política, defendió que las provincias no debían permanecer ligadas al gobierno de Buenos Aires.
         Vistió uniforme militar y combatió bajo las órdenes de Justo José de Urquiza. Intervino en las batallas de Cepeda y Pavón. Participó en una de las últimas rebeliones
federales dirigidas por  Ricardo López Jordán, un importante movimiento cuyo primer intento de acción finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández en Brasil. Después de esta revolución, siguió siendo,  por corto tiempo, asesor del general revolucionario.
        A su regreso a la Argentina, en 1872, continuó su lucha por medio del periodismo. También desempeñó los cargos de Diputado y Senador de la provincia de Buenos Aires.
        Pero fue a través de la poesía como consiguió un gran eco para sus propuestas y la más valiosa contribución a la causa de los gauchos. El gaucho Martín Fierro (1872) y su continuación, La vuelta de Martín Fierro (1879), en conjunto forman un poema épico popular que constituye la obra cumbre  de la literatura argentina. Este poema es considerado un clásico nacional, que canta la independencia, el estoicismo y coraje de los gauchos.
        Hernández descubre lo que es la oralidad y rescata un personaje que representa al pueblo. Martín Fierro es el texto fundacional de la nueva poesía argentina que presenta a un sujeto semianalfabeto que canta algunos versos y toca la guitarra.
        El 21 de octubre de 1886, José Hernández muere en su quinta de Belgrano. Sus últimas palabras fueron: “Buenos Aires…Buenos Aires”. En su homenaje, el 10 de noviembre (aniversario de su nacimiento) se festeja en la Argentina el Día de la tradición.


EL VIAJE




En la Revista Punto Final, número 745, edición del 28 de octubre al 10 de noviembre de 2011, aparece el siguiente comentario al libro de nuestra socia Emilia Páez.

"El viaje ( Editorial Mosquito). Emilia Páez Salinas publica su primer libro individual. Antes había aparecido en algunas antologías. El viaje es un libro de lenguaje sencillo, cotidiano, pero bien hilvanado en sus intenciones poéticas. Sus versos transmiten nostalgia, sentimientos encontrados y en no pocas ocasiones una sutil ironía. Paisajes lejanos y atardeceres fluyen en sus poemas. Alejandro Lavquen"

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO


Stand de Cuba


Stand de Bolivia

Stand de Marruecos


Este año la Feria del Libro de Santiago me produjo desencanto. Es posible que se necesite alguna renovación. No es agradable trepar varios pisos por escaleras estrechas y mal iluminadas buscando el sitio de una presentación de libros o charla literaria. No hay facilidades para las personas con discapacidad. Los escalones no son precisamente amigables. Quizá hizo falta permanecer la jornada completa para poder buscar con más acuciosidad algún tesoro escondido.




La autora de uno de los cuentos de ¡Basta! leyendo su cuento.



Estuve en la presentación del libro ¡Basta! 100 mujeres contra la violencia de género, preparada por Pía Barros. Libro de cuentos cortos, impactantes. Copio el de Alejandra Wolleter: Escarmiento:

“ Le dije al Guarén que no trajera el bate, que bastaba con los bototos con punta de fierro. Es que el Guarén es hombre de convicciones, no como yo que me quedé atrás cuando apareció, taconeando, la maraca. De un solo combo la tumbaron. Salieron volando su peluca, sus zapatos y su cartera. El Guarén comenzó a afanarse en la cara de la huevona con el bate, la reventamos. Bueno, fueron ellos, con sus patadas. Yo tenía miedo, no sé pos, que se fuera cortada y alguien hablara. Después, antes de irnos, el Guarén satisfecho me miró fijo y me dijo que el maricón – y ahí recién caché por qué era necesario el bate, porque no era mina- que el maricón quedó con el cráneo hecho pebre y la jeta tajeada, eso. Para que no pudiera besuquearse con ningún huevón, en un buen tiempo.”

Valió la pena darse una vuelta a mirar una parte de la colección de caracoles de Pablo Neruda.
Esta vez el stand de Cuba casi no tenía libros pues tuvieron problemas para despachar el material a tiempo. Una lástima porque los precios son muy accesibles. Se manifestó asombrado el exhibidor por el alto precio de nuestros libros que aún soportan el Iva que los vuelve inaccesibles a la mayoría de la población. El stand de Marruecos desplegaba sus revistas y libros de hermosas portadas e ilustraciones y una calígrafa dibujaba el nombre de los asistentes que se lo pidieran, en alfabeto árabe.
Es posible que la reacción de desencanto referida al comienzo, se deba a que el paso del tiempo parece pesar más en el precio de los libros y la compra de alguno, en especial los comics y otros textos ilustrados están ya lejos de mi alcance. En el fondo, se desea encontrar rebajas, ya que mucha de la mercadería expuesta es rezago de bodegas, pero para eso sería necesario asistir el último día y no tuve esa previsión.
A pesar de todo, es agradable (y agotador) dar unas vueltas por la feria, hojear algunos libros y encontrarse con algunos conocidos que andan en lo mismo.

PREMIACIÓN 19 CONCURSO LITERARIO RECORDANDO A GABRIELA Y PABLO 2011


Enrique Lamas, presidente del jurado


 Se efectuó una lucida premiación de este concurso tradicional en Maipú organizado desde hace 19 años por el Centro Cultural Prof. Manuel Guerrero C., en la CUT,  local que se hizo pequeño para la gran cantidad de asistentes. La ceremonia estuvo amenizada por el Coro de Dirigentes Sociales, un grupo de ejecutantes de música chilena y una pareja de bailarines de cueca, que fueron muy celebrados por la concurrencia.

Los galardonados fueron los siguientes:
Hernán Ricardo Jara Sánchez, primer premio de narrativa


NARRATIVA    :
Primer premio :  Hernán Ricardo Jara Sánchez   
Segundo premio.-: Gladys  Bustos    C.
Tercer premio :  José Miguel Loyola.

Menciones. honrosas     :  
Primera  mención :  Raúl  Paz  Pastor              
Segunda mención Gonzalo Herrera Caroca
Tercera mención   :  Juana  Rubio.

POESÍA   :    
Primer premio : Carla de los Reyes Cabrillana
Segundo  premio : Gladys Salinas Fuentes
Tercer premio : Marta Flores Pérez.

Menciones honrosas.
Primera mención  :  Yorka   Gallegos    Urzúa      
Segunda  mención    : Silvia  Núñez  Guzmán
Tercera mención   : Margarita Carvajal  Fredes

Fue una lucida premiación de este concurso tradicional en Maipú desde hace 19 años, efectuada en la CUT local que se hizo pequeño para la gran cantidad de asistentes. La ceremonia estuvo amenizada por el Coro de Dirigentes Sociales, por un grupo de música chilena y una pareja de bailarines de cueca, que fueron muy celebrados por la concurrencia.


En esta oportunidad, publicamos el primer premio de poesía: “Cuadriláteros” de Carla de los Reyes
Carla de los Reyes, primer premio de poesía


Surcando el espacio
dibujan estelas coloreadas,
viajan creyéndose libres
desafiando la gravedad.

Desde la tierra miles de ojos observan
como se alzan altivos,
mas el orgullo los nubla
desplomándolos a un cementario
de volantines caídos.

Quebranto de esqueletos,
desgarros de papel,
ilusiones vacías
desprendidas de un cordel.


DE MIEDOS Y ESPANTOS





Patricia Franco Müller


          De todos los temores racionales e irracionales que acechan en el inconsciente prestos a dejarse caer sobre una prójima desprevenida, me parece que el mayor ha sido el medio a la libertad o, mejor dicho, hacia la facultad de elegir y en consecuencia, equivocarse. Si analizo  retrospectivamente las decisiones tomadas hasta la fecha, siempre resueltas con dificultades, dudas y tremenda ansiedad, todas han sido erradas, o al menos, tal lo han parecido a la luz de los acontecimientos acaecidos con posterioridad. Desde elecciones de pareja, trabajo, decisiones en aquellos casos de vida o muerte, opciones financieras, elección de casa, lugar de vacaciones y hasta la administración de fondos de retiro.
         
Ante la duda, en todos los casos ha primado la opción por lo malo conocido, aparentemente más seguro, mediocre o conservador, antes que la selección primera y ansiada pero que iba por el camino de la aventura e incertidumbre. En consecuencia, siempre ha ganado el dar un paso atrás sin osar el enfrentamiento de lo inexplorado. Y ahora voy vislumbrando que tal actitud timorata ante la vida puede haberse originado en cierto tipo de  literatura. Recuerdo obras en que el personaje principal sufría horrores por haber sido presa de pasiones incontrolables, otros que llegaban a las situaciones más abyectas por su afición desmedida al juego, la bebida, o las drogas. Para no caer en tales abismos de indignidad, procuré siempre tomar todas las precauciones contra salidas de madre, logrando llevar una vida perfectamente aburrida al rechazar sistemáticamente todas las posibilidades de cambio.
        
Entre otros temores absolutamente comprensibles como el causado por los terremotos, los huracanes, los asaltantes, la enfermedad, la vejez y la muerte, existen otros más irracionales, como puede ser el miedo a volar, a subir en un ascensor, a ciertos insectos.
       
Es en éstos últimos casos cuando se hace todo lo posible por dominarlos, siendo que el mismo afectado sabe que son absurdos. Yo tuve por años uno bastante ridículo. Me había obsesionado imaginando y a veces también soñándolo, que me debía lanzar en paracaídas y el sólo pensar en saltar del avión al vacío, me producía verdadera angustia. Como una forma de dominar tal sensación, llegué al aeródromo de Vitacura para inscribirme en un curso de paracaidismo. Pero resultó ser tan caro, que tuve que desistir y la obsesión terminó, ya que no estaba en condiciones materiales para llevarla a cabo. Más duradero ha sido el horror por las arañas. Para intentar vencerlo, en época juvenil me dediqué a buscar ejemplares para un amigo entomólogo y a aprender más sobre las variedades de los bichos aquellos. Sin mucho éxito, pues se me ha acrecentado el miedo a las arañas de rincón, las loxosceles laeta, que pueden producir la muerte o graves trastornos al recibir su mordedura. Y hay cientos por todos lados.
      
 Si se piensa en todas las posibilidades de accidentes, enfermedades fulminantes, asaltos, cataclismos, ataques nucleares y caída de meteoros que pueden ocurrir en un segundo, se llega al terror absoluto y el asunto puede terminar en la desconexión total a través de la demencia.
       
Para evitarlo, desde que existe el ser humano, se ha inventado una serie de amuletos protectores contra todo tipo de males, desde colgajos de diversos tamaños y formas hasta pólizas de seguro. Como estamos en un mundo globalizado, ahora se conocen más los usos y costumbres de otros pueblos y algunos, para estar más seguros, se agencian un surtido de embelecos, por si acaso y van por ahí, anunciando su paso con el estrépito de la ferretería que llevan colgada.

        Nadie está libre de miedos y los que prefieren atacar la raíz de su problema recurren a otro tipo de ayudas: meditación, yoga, siquiatras. Todo recurso es bueno para lograr la aceptación de vivir en un mundo a punto de explotar. No menciono las religiones pues es un tema que puede ser peliagudo de tratar. Nunca se sabe si no andará suelto por allí algún fundamentalista que pueda creer que le están pisando los callos. 



POEMAS DE PALMENIA SAN MARTÍN TORREJÓN


MODUS VIVENDI                                  

No me faltó jamás
lo que no tuve.
Nunca me sedujeron
los encajes.
No vendí
a cualquier precio
mis ideas.
Ni lancé a fuente alguna
los deseos.
Tuve mi cuota
de alegría y llanto
La risa me fue fácil
las penas
llegaron sin pedirlas
como llega el ocaso,
las mañanas
el resfrío común,
las desgracias.
los susurros de amor
nunca murieron,
en el viejo balcón
aún florecen.
Jugué a la ronda
con mis soledades.
Amasé el pan
de mis tribulaciones
y con él comulgué
cada mañana.
No fui la encarnación
de la alegría
en mi corona
hubo más de una espina;
pero a veces reí
de buena gana.
Pude haber sido
algo más feliz
lo reconozco,
porque aquello
que ensombreció mi vida
debí tirar al basurero
sin contemplaciones;
pero viví discretamente;
mas, sin buscar laureles,
pequeños triunfos
le arranqué a la vida…

Para lecho final
elegiré la tierra
porque en ella
se pasearán a gusto
mis gusanos.
Crecerán libremente
los yerbajos
y rondarán mi tumba
sin pudores,
las sigilosas pisadas
de los gatos
tratando de cazar
a los gorriones.


DUETO

Se me llenan las manos
y los dedos de ojos,
en la palma me crecen
dos grandes labios rojos.

Y te toco y te miro
y me asomo hasta el fondo;
y en cada hueso tuyo
se dibuja el asombro.

La boca de mi mano
de tu piel se alimenta.
La mirada te adopta,
la caricia te repta.

Mis deseos son pasos
buscando tu vereda.
Te acaricio y te miro,
y en el ojo te quedas.

Y tu piel entre las manos,
me promete una fiesta.
Voy célere al encuentro
y tú me abres la puerta.

Y en esta fiesta bebo
y me embriago hasta ser,
un puñado de nada;
muero y vuelvo a nacer.

MÁS


Más que un beso, un tormento;
más que un abrazo era todo
desgarrándose por dentro.

Más que susurrar, te quiero,
un grito rompiendo el tiempo,
ensordeciendo hasta el cielo.

Más que un simple adiós, el alma
saliéndose por los ojos,
despeñándose en la cara.

Más que el dolor de partir,
al filo de la mañana;
más que partir, morir.

NUESTRA NOCHE

Se ha hecho tarde, te has ido,
amanece.

Ya las blancas paredes
se sonrojan
frente al sol que aparece.

Como un viejo fisgón
goza al buscar,
los vestigios de amor
de nuestra noche…

En medio de la pieza,
aún tirados,
ha encontrado: mi bata
y un reproche.

Y en relieve, bordado
en mi almohadón;
tu susurro, tu beso,
tu pasión.


Palmenia San Martín Torrejón

POEMAS DE ROLANDO SALAS-CABRERA


Todo es uno
 Qué sueño, qué sonrisa, qué misterio, qué roza mi frente ahora sin saber lo que piensa,
  hoy que la noche es bosque de súbito y de sombra
  y un perfil imposible de belleza me tienta.
                                         José Lupiáñez


Desde las lentas bóvedas del sueño
hasta la claridad de la mañana;
desde el boscaje azul de mis anhelos
hasta la liturgia que amasa
el pan de cada día;
todo es uno, un milagro
solo y portentoso,
una estirpe de ríos cotidianos,
el trazo fraterno de mis manos
en el corazón del infinito.

Y no sabemos si lo que viene
es el mar desbordado del espanto
o los surcos que marcan
los grillos en la tierra;
pero toda la noche
seré un pájaro aleteando
entre tus arcos de luz,
una barca que boga sin consuelo
en el lago azulado de tu espalda.


La palabra escrita.


Fueron cortos los días, presurosos.
Y las noches muy lentas.
Encantadas.
Y se quedaba uno pensativo
con la mirada sujeta en la distancia.
Y así pasó el tiempo, se detuvo
un instante la pena y el vacío.
Y esa palabra escrita me llenaba
el corazón de sueños.
Nunca rocé su piel
ni bebí la mirada de sus ojos.
Nunca fueron mis manos
rehenes de su cuerpo presentido.
Y se fueron las palabras agostando
como una brisa que muere en los silencios.
Y pasó la vida con sus gritos,
y uno se oscureció de nuevo,
sumergido
en este mínimo templo donde habita
un manojo de signos y de sueños.
Hasta que un día, cuando ya el olvido
cubierto había la bruma del recuerdo,
me encontré frente a frente con sus ojos.
Sin brisas, sin delirios, sin palabras.            


Las dos mitades de la vida.  


Uno habla con palabras simples
de cosas cotidianas.
De la vida que pasa
y es a ratos un destino
de caricias dormidas,
una enredadera de sueños.
El placer
que nos hace más libres y más buenos.

Pero aquí también se crecen las desdichas.
Las noticias golpean el corazón como un martillo.
Sin embargo uno queda perplejo
ante el milagro de un pájaro en vuelo,
el sonido del agua canturreando en la fuente.
O deslumbrados ante una mirada
que se mete en los ojos
como si fuera el mar.

Y así vamos.
Entre las noticias de mujeres muertas,
las bombas que explotan destrozando la aurora.
Y estos arreboles de sueños
que pareciera nos hablan de otro mundo.

Y sin embargo es este.
Son las dos mitades de la vida.
Son las calles que acumulan suspiros.
Insultos, sonrisas, atentados,
orines, besos, amenazas.
Los eternos señores de la guerra
que en ovales despachos decretan
la tortura.
Y es la boca que escupe sus blasfemias
 y el ruido
que estremece la calle
con su histeria de motores.

Es la congoja a ratos, y a ratos la comedia.
Y hay rincones donde solloza
la sombra de una mujer o un niño,
que no puede levantar los ojos para mirar el cielo.
Y hay señoras y niños que van hacia el mercado
y una bomba les roba los huesos y los sueños.
Y uno sigue aquí mirando
como se aman las palomas.

Y sólo quedan los gemidos. Y escribir unos versos.
Y decirle a la vida que ya basta.





LA ABUELITA




Miguel Veragua Contreras


Era mediados del siglo veinte, vida apacible comparada con el hoy, la doble jornada de trabajo permitía a los padres alternar todos los días alrededor de la mesa a la hora de almuerzo con los hijos, que por lo general eran numerosos y que en este caso eran ocho, junto a la figura cercana y venerable de la abuelita, centro de tiernas y jocosas anécdotas.

Ella era quien nos recordaba los buenos hábitos, los rezos y las buenas costumbres si es que la mamá no alcanzaba a hacerlo cuando nos íbamos a la escuela. Se desplazaba con temores por su avanzada edad y su deteriorada visión, siempre estaba ayudando a nuestra madre en los quehaceres, aunque ella le dijera no hacerlo, la abuelita quería siempre cooperar y no sentirse inútil, no fueran a decir algún día que no servía para nada.

La mamá hacía comidas exquisitas y abundantes como la tradición lo exigía, el almuerzo debía contemplar: entrada consistente en verduras con algún picadito de mariscos, plato segundo que por lo general era cazuela, plato de fondo y el postre que debía consumirse en la mesa. También nuestra madre hacía queques, tortas, empanadas, sopaipillas, picarones, calzones rotos y gran variedad de kuchens y siempre mantenía aderezos en cantidad para acompañar todo aquello, siempre los fines de semana le pedíamos que nos hiciera “cositas ricas”, como lo decía el menor de nosotros, frase que hasta el día de hoy repetimos los hermanos rememorando a nuestra madre.

Cierto día, en que la abuelita dentro de su rutina diaria salió al antejardín a dar alimento a sus palomas, llegaron tantas como nunca antes, pues tantas eran las supuestas migas lanzadas en este oportunidad, claro que no pasó mucho tiempo para que una bandada de niños las espantara y embelesados se pusieran a recoger lo lanzado por la abuelita, mientras que adentro, la mamá desesperada buscaba el paquete recién comprado de los dulcesitos para agregar a la torta que nos había prometido.
En otra oportunidad, llegó con un niño colgado de la oreja “mira niña, no se quería venir el callejero y me lo traje a la fuerza”. “¡Pero mamá, si es el Rafa que vive al frente, suéltelo, no vaya a venir su mamá a hacernos un escándalo!”. “Perdónala, hijo, es que mi mamita no ve bien”. Lo había confundido con uno de sus nietos.

Nuestro padre era un trabajador calificado sin mayor instrucción y lo notable era que todos pasaban como de clase media, pues no existían las estadísticas que los definían o descalificaban, sólo se sabía que había mucha pobreza, pero nadie se angustiaba más allá de lo que sus medios podían, ni había estrés, menos se hablaba de la comida chatarra o de la obesidad. De enfermedades sólo hablaban los hipocondríacos que han existido en toda época.

Se disfrutaba de la vida, sobretodo en familia, cuando alrededor del almuerzo, cada cual tenía tiempo para contar su acontecer al resto; los reproches, las palabras de afecto, los recados, la situación personal en el trabajo o en la escuela, de los obvies o entretenciones, de la última misa y por supuesto, también el espacio en que hacíamos todo tipo de preguntas a la abuelita, había nacido a mediados de la segunda mitad del siglo diecinueve, así que la llenábamos de interrogantes.

Era muy activa, siempre estaba haciendo algo, tal vez por ello surgían aquellas situaciones tan vivas y fuertes en nuestra memoria.
Cierta madrugada, nuestra madre se llevó el susto de su vida, eran menos de las cinco cuando golpearon apresuradamente a la puerta y llena de temor al abrir junto al papá, ve un cuadro paralizador en que se retrataba su mamita en medio de dos carabineros, según contaría posteriormente, perdió toda noción pues en esos años la relación entre uniformados y civiles era muy lejana y extrema, tanto es así que casi cae desmayada. Claro que la abuelita entró con mucho enojo, murmurando “creen que soy niña y no ven que puedo valerme por mi misma”. La habían encontrado en la panadería en actitud de espera, también se equivocaba con la hora; preocupada por el pan y la leche quiso demostrar nuevamente que no era ningún estorbo. Esta ternura despertaba en nosotros situaciones de inocente suspicacia y desde ahí le inventamos que quería cambiar al abuelito de al lado por el lechero, que también era un anciano.

Quién no recuerda a esa abuelita tan tierna, cercana y acogedora a la que jamás llamamos de tú y que en nuestros enojos y bromas le demostrábamos que era nuestra y suya nuestra casa, nuestros anhelos y proyectos y también todas nuestras vivencias.

Su última anécdota fue días antes de morir, siempre nos había recomendado tuviéramos cuidado con las corrientes de aire que se producían dentro de la casa al quedar entre brisas opuestas; nos decía una y otra vez “ten cuidado con el aire, niño”. Jamás nos preocupó su recomendación, seguramente por no creer. El aire supuestamente acabó con su vida, pues estando en la mesa todos reunidos, de improviso cayó desmayada al abrirse la puerta y al cabo de una semana dejó de existir, dejando en nuestros sentimientos, además de una profunda pena, una frase a considerar por el resto de nuestras vidas: “ten cuidado con el aire, niño”.

INTENTO DE HOMICIDIO




Palmenia San Martín Torrejón


Ayer fue un día como cualquiera en mi vida. La mañana era hermosa y me sentía feliz, hasta me atrevería a decir, un poco más de lo usual.
Había terminado un cuento y me apresuraba a comenzar uno nuevo, cuando apareció el cartero. La carta fue una sorpresa (no acostumbro recibir correspondencia) Si ésta fue una sorpresa, más lo fue su contenido: una acusación por intento de homicidio.

Hoy, después de una noche espantosa, me presenté ante el juez. Al escuchar nuevamente la acusación, grité horrorizada:
-         ¡Es un error, yo jamás haría daño a nadie. Soy una mujer pacífica! Absolutamente pacífica.
-         - Lamentamos contradecirle – dijo uno de los jueces – Escuche, leeré su expediente: Candela Torre, casada, nacida en Santiago, es acusada de intento de homicidio y, por lo tanto, será juzgada por este tribunal.
-         ¿Y a quién se supone que intenté matar? – pregunté.
-         Según consta en el expediente, se le acusa de intentar dar muerte al idioma.
-         Pero eso es absurdo . repliqué –El idioma no es un ser vivo.
-         Profundo error, señora, para su información debe saber que el idioma estuvo, está y estará eternamente vivo. Vive, aunque no le demos el lugar que merece.
-         ¡Insisto, esto es un error! – grité angustiada.
-         Señora, le ruego no seguir alegando inocencia. El arma utilizada en tan deleznable hecho, se encuentra en mi poder y sus huellas totalmente identificadas- - entonces con horror, reconocí mi lápiz. Ante la irrefutable prueba, me derrumbé al borde del colapso. En ese momento, mi abogado procedió a argumentar mi defensa.
-         Señores del jurado: las conversaciones sostenidas con mi clienta, me permiten dar fe de su inocencia. Nunca fue su intención incurrir en tal atrocidad. Ella, si reconoce su falta de respeto hacia el demandante y la negligencia con que lo trató. En consideración, pido un juicio benévolo para mi defendida.
Calló mi abogado y a continuación escuchamos el veredicto.
-         Con fecha 31 de mayo del año en curso, siendo las 11.30 horas, este tribunal condena a la acusada aquí presente, a diez años y un día de lectura diaria. Los libros deberán ser de buenos autores.

-         Y a su juicio – preguntó mi abogado - ¿cómo se reconoce un buen autor?

-         Bueno – contestó el juez – un buen autor, independiente del tema tratado, debe ser claro y conciso, no usará palabras pomposas, rimbombantes , lateras ni kilométricas, para decir lo mismo que podría expresar con un tercio de ellas. ¡Nada de barroquismos!

-         Y eso ¿qué significa? – pregunté con timidez

-         Significa, señora “tendencia al barroco” y esto aplicado a la escritura: estilo literario donde predominan la pompa y el ornato. A modo personal, le sugiero consultar el diccionario más a menudo.
Este tribunal – añadió el juez – espera que usted cumpla con la pena impuesta; en caso contrario será condenada a morir como escritora. Algo más, dentro de los textos que deberá leer durante estos años, quedan totalmente excluidos los siguientes: “Condorito”, “La Cuarta”, las novelas de Corin Tellado, además de los grafittis de baños públicos, fachadas de casas particulares y respaldo de los asientos del Transantiago.

El juicio ha terminado. Dios salve al idioma.