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miércoles, 30 de noviembre de 2011

POEMAS DE PALMENIA SAN MARTÍN TORREJÓN


MODUS VIVENDI                                  

No me faltó jamás
lo que no tuve.
Nunca me sedujeron
los encajes.
No vendí
a cualquier precio
mis ideas.
Ni lancé a fuente alguna
los deseos.
Tuve mi cuota
de alegría y llanto
La risa me fue fácil
las penas
llegaron sin pedirlas
como llega el ocaso,
las mañanas
el resfrío común,
las desgracias.
los susurros de amor
nunca murieron,
en el viejo balcón
aún florecen.
Jugué a la ronda
con mis soledades.
Amasé el pan
de mis tribulaciones
y con él comulgué
cada mañana.
No fui la encarnación
de la alegría
en mi corona
hubo más de una espina;
pero a veces reí
de buena gana.
Pude haber sido
algo más feliz
lo reconozco,
porque aquello
que ensombreció mi vida
debí tirar al basurero
sin contemplaciones;
pero viví discretamente;
mas, sin buscar laureles,
pequeños triunfos
le arranqué a la vida…

Para lecho final
elegiré la tierra
porque en ella
se pasearán a gusto
mis gusanos.
Crecerán libremente
los yerbajos
y rondarán mi tumba
sin pudores,
las sigilosas pisadas
de los gatos
tratando de cazar
a los gorriones.


DUETO

Se me llenan las manos
y los dedos de ojos,
en la palma me crecen
dos grandes labios rojos.

Y te toco y te miro
y me asomo hasta el fondo;
y en cada hueso tuyo
se dibuja el asombro.

La boca de mi mano
de tu piel se alimenta.
La mirada te adopta,
la caricia te repta.

Mis deseos son pasos
buscando tu vereda.
Te acaricio y te miro,
y en el ojo te quedas.

Y tu piel entre las manos,
me promete una fiesta.
Voy célere al encuentro
y tú me abres la puerta.

Y en esta fiesta bebo
y me embriago hasta ser,
un puñado de nada;
muero y vuelvo a nacer.

MÁS


Más que un beso, un tormento;
más que un abrazo era todo
desgarrándose por dentro.

Más que susurrar, te quiero,
un grito rompiendo el tiempo,
ensordeciendo hasta el cielo.

Más que un simple adiós, el alma
saliéndose por los ojos,
despeñándose en la cara.

Más que el dolor de partir,
al filo de la mañana;
más que partir, morir.

NUESTRA NOCHE

Se ha hecho tarde, te has ido,
amanece.

Ya las blancas paredes
se sonrojan
frente al sol que aparece.

Como un viejo fisgón
goza al buscar,
los vestigios de amor
de nuestra noche…

En medio de la pieza,
aún tirados,
ha encontrado: mi bata
y un reproche.

Y en relieve, bordado
en mi almohadón;
tu susurro, tu beso,
tu pasión.


Palmenia San Martín Torrejón

POEMAS DE ROLANDO SALAS-CABRERA


Todo es uno
 Qué sueño, qué sonrisa, qué misterio, qué roza mi frente ahora sin saber lo que piensa,
  hoy que la noche es bosque de súbito y de sombra
  y un perfil imposible de belleza me tienta.
                                         José Lupiáñez


Desde las lentas bóvedas del sueño
hasta la claridad de la mañana;
desde el boscaje azul de mis anhelos
hasta la liturgia que amasa
el pan de cada día;
todo es uno, un milagro
solo y portentoso,
una estirpe de ríos cotidianos,
el trazo fraterno de mis manos
en el corazón del infinito.

Y no sabemos si lo que viene
es el mar desbordado del espanto
o los surcos que marcan
los grillos en la tierra;
pero toda la noche
seré un pájaro aleteando
entre tus arcos de luz,
una barca que boga sin consuelo
en el lago azulado de tu espalda.


La palabra escrita.


Fueron cortos los días, presurosos.
Y las noches muy lentas.
Encantadas.
Y se quedaba uno pensativo
con la mirada sujeta en la distancia.
Y así pasó el tiempo, se detuvo
un instante la pena y el vacío.
Y esa palabra escrita me llenaba
el corazón de sueños.
Nunca rocé su piel
ni bebí la mirada de sus ojos.
Nunca fueron mis manos
rehenes de su cuerpo presentido.
Y se fueron las palabras agostando
como una brisa que muere en los silencios.
Y pasó la vida con sus gritos,
y uno se oscureció de nuevo,
sumergido
en este mínimo templo donde habita
un manojo de signos y de sueños.
Hasta que un día, cuando ya el olvido
cubierto había la bruma del recuerdo,
me encontré frente a frente con sus ojos.
Sin brisas, sin delirios, sin palabras.            


Las dos mitades de la vida.  


Uno habla con palabras simples
de cosas cotidianas.
De la vida que pasa
y es a ratos un destino
de caricias dormidas,
una enredadera de sueños.
El placer
que nos hace más libres y más buenos.

Pero aquí también se crecen las desdichas.
Las noticias golpean el corazón como un martillo.
Sin embargo uno queda perplejo
ante el milagro de un pájaro en vuelo,
el sonido del agua canturreando en la fuente.
O deslumbrados ante una mirada
que se mete en los ojos
como si fuera el mar.

Y así vamos.
Entre las noticias de mujeres muertas,
las bombas que explotan destrozando la aurora.
Y estos arreboles de sueños
que pareciera nos hablan de otro mundo.

Y sin embargo es este.
Son las dos mitades de la vida.
Son las calles que acumulan suspiros.
Insultos, sonrisas, atentados,
orines, besos, amenazas.
Los eternos señores de la guerra
que en ovales despachos decretan
la tortura.
Y es la boca que escupe sus blasfemias
 y el ruido
que estremece la calle
con su histeria de motores.

Es la congoja a ratos, y a ratos la comedia.
Y hay rincones donde solloza
la sombra de una mujer o un niño,
que no puede levantar los ojos para mirar el cielo.
Y hay señoras y niños que van hacia el mercado
y una bomba les roba los huesos y los sueños.
Y uno sigue aquí mirando
como se aman las palomas.

Y sólo quedan los gemidos. Y escribir unos versos.
Y decirle a la vida que ya basta.