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lunes, 15 de noviembre de 2010

Dos poemas de Sergio Jerez




Ojos del tiempo

                                 

Con el hambre
le han quitado el derecho
a la madera de conservar su forma natural

Con el hambre
han puesto tanto ruido en la cúspide
de la pirámide
que el canto de la greda
no pudo romper el silencio
de la ola rechazada.

Con el hambre
tu imagen, muro cruel, siempre que
pones tus manos en el mostrador
nacen flores apagadas.

Con el hambre
¡Qué azúcar más fría se compra
cuando tu presencia es cercana!

Con el hambre
es mucho el esfuerzo de la risa por nacer

Con el hambre
miro mis aguas
que no pueden despertar a la totora.

La búsqueda



¿Cuántas
huellas
senderos
cauces
aceras
y caminos
he recorrido?
No recuerdo
lo que si sé
es más que el canto
de dos primaveras.

Recuerdo haber ido
tras la ruta
del viento
que las aspas
del molino rechazan.

Haber seguido
muy de cerca
el sonido de las flores
cuando explotan
además
he recorrido todas
las copas de los árboles
y a través
de su tronco
escarbado hasta
la misma raíz
La sabia paciencia
de los deseos
conminó mi destino.
Aunque se acabe Dios
y las estrellas
nunca acabará tu búsqueda.

A VECES


   

Gladys Salinas



A veces los sueños nos parecen
quimeras inalcanzables  
están en los rincones más íntimos
jugando con nuestras ilusiones,
se escabullen cual mariposas buscando
la flor más delicada
nos muestran caminos, los dejamos pasar
huyen como pajarillos de nuestras manos
luego vuelven una vez más, se posan
sobre la ventana llenando de soles
caprichosos, susurran trinos mágicos

No escuchamos
se alejan por un descanso
sutilmente  duermen el viaje
de los tiempos
Retornan sigilosos nos acarician por instantes,
te dicen estoy aquí soy tu sueño
te esperaba en cada amanecer

A veces los sueños



LA PALABRA


 


                              Mercedes Mellado

 

Lucero de cinco puntas
va despuntando en el alba
cruzando por mil caminos
Llevo la angustia en el alma.
Coronaba los cuarenta
cuando escuché la palabra,
y salí con viento fresco
a perderme en la ensenada.

Me alisté en el regimiento
me echaron por patas planas,
me hice minero en el norte,
me corretearon las pampas.
me fui a pescar a Coyhaique,
me salieron almorranas,
me hice marino en el puerto
mas no me quiso la armada.

Llegué a Santiago tullido
de tanto caminar a pata 
me llegué hasta el Bío Bío
para ver si hacía plata,
me zurraron los de impuestos
y me metieron en cana.
Ahí se me compuso el naipe
me vendieron la pomada,
aprendí a fumar la buena
sin que me costara nada.

Salí más choro que nunca
convertido en doña Juana
y aquí me tienen rondando
los deslindes de mi rancha,
por si escucho a la Jacinta
que me diga la palabra,
que reconozca los huachos
que tengo en esta parvada
y que siente la cabeza
de una vez, en esta chacra.


Neruda




                                Osvaldo Mora

El de la palabra consagrada
a despertar pueblos de su infancia;
traía su mirada inmensidad de mares,
fuego de volcanes, claridad del alba.

Tu largo camino fue dejando huella,
esperanza y luz en los humildes,
por eso tu ausencia sentimos
cuando abres mil puertas fugitivo
estando la patria en tinieblas.

Desde la cordillera alzas tu mano
te vas con el canto en el oído,
aves batiendo sus alas
aplauden tu espléndido vuelo.
Ahora guerrero de batallas nobles,
cantos a lo bello: a la mujer, al niño,
mares, cielo; al hombre que genera
con sus manos riquezas, ahora te sentimos,
mas tu voz no tenemos.

Con flechas certeras denunciaste atropellos:
hambre, exilio, crimen de hombres honestos,
creaste volcanes con tus letras de fuego,
regalando a raudales el aire en cada verso;
ahora estás con ellos, los que ayer se fueron
a fecundar la tierra
te reciben de pie al sentir tu presencia.

Dos poemas de Idilia Núñez



Desierto de Atacama 

 

Susurra el viento
en medio de la calidez
del inmenso desierto
rodeado por la nada
cobijado por un mundo de estrellas
En las frías noches
emblanquecido
por los candentes rayos del sol.

Desierto y cielo
parecen unirse a lo lejos
donde se divisa
agua cristalina
refrescante
Solo un espejismo
de sedientos viajeros
que aquietan sus miradas
conmovidos por este paisaje colosal

Silencio y viento
abrazan la quietud
del desierto atacameño.


Éxtasis


Amado
has apresado mi corazón,
con el torrente tibio
de este amor prohibido.

Ven a tu campo de lirios
fuente de placer
amor deleitoso
que se posa
sobre este lecho
suavemente.
sexo hermoso
dulce como panal de miel
destilando en nuestros cuerpos

Sabes elevarme
a la cumbre más alta
y dejarme apacible
cual paloma en el nido.

Amor,
deléitate sobre este regazo
fúndete en el placer
en este amor
por siempre.


Poemas de Connie Tapia Monroy




CUANDO EL DEMIURGO HA SIDO CONDENADO

Señora, el miasma de su cuerpo es insoportable
¿Por quién me pregunta?
Creo que están en la habitación contigua.
Insisto, el olor a medicamentos ya se hace insoportable,
vaya de inmediato a recepción.

Sobre lo que expone,
lo siento, su hegemonía ya no es válida aquí,
puede guardarse sus monedas.
Debe dejar el calzado y sus ropas donde le indique,
ahí le darán una bata blanca.

¿Quiénes?
No!! los señores de blanco no trabajan en esta sección
¿Cómo dice?
Le explico, su examen toxicológico determinó gran presencia de rencor,
odios infundados, egolatrías incurables.
Además, de un escaso historial de buenas acciones.

¿Ha recordado por qué está aquí?

CAFÉ

Extrajo una palabra desde el fondo de la garganta
depositándola en la taza de café,
bebió el dulce brebaje
infusión de chocolate, vainilla y canela

Lo miró,
pensó por un momento que sus labios transmitían ese sabor.
Se amparó bajo la luz de sus ojos, como ilusión luciferiana.

Soñó,
a un hombre que surca cicatrices en la tierra
dirigiendo a los espectadores al infierno.

Extrajo un pedazo de corazón
y lo depositó en un caldero mágico,
soñó que besaba esos labios resecos,
sintió como su alma huía despavorida.

Oyó a lo lejos los cadáveres iniciar la danza,
como demonios en la cabeza
saltaban dando botes sobre las neuronas difuntas.

El café no era más que una ilusión
de los residuos de sangre en la corteza fantasmal,
construyendo un cuerpo de amargura.
Uno que no había dudado en explorar.

MÁS QUE UN COSTAL DE HUESOS

No recuerdo
si me encontró o lo encontré en medio de una madeja de cordeles
que se entrelazaban
y enredaban desde los pies hasta la cabeza.

Cuando salí de todo ese entuerto abracé ese esquelético ser.

A lo lejos escuché un murmullo,
la voz parecía moverse entre las centaureas
como aire gélido incrustándose entre los poros.

-Solo eran huesos los que tiré en aquella fosa común-
Las exclamaciones de respuesta pasaron del murmullo
a un estridente castañeo de piedras y huesos danzando.

Rodeé con mayor fuerza su tronco
y mis manos se perdieron entre la carne pegada
y el cuero deshidratado se pegaba a mi corazón,
como si de mi quisiese nutrirse.

-Cierra los ojos- le dije,
al mismo instante que tomé su mano. Corrimos.

No recuerdo cuando
ni cuanto
solo recuerdo que al borde de un risco nos detuvimos

Nos miramos.
Sus ojos hundidos habían desaparecido
y mi corazón se encadenaba en el suyo.

Aunque no recuerdo
si salté,
saltamos,
o aun intentamos besarnos entre la distancia.