lunes, 19 de noviembre de 2012

El PLAGIO LITERARIO.










El PLAGIO LITERARIO.
      


   Los Escritores y aprendices de escritores están sujetos al poder de las influencias que retoman de las ideas de sus precursores como las analiza Harold Bloom y no desde el delito (derecho de autor) que condena la usurpación de la paternidad de la obra total o parcial. Cómo define el diccionario Plagiar: Copiar o imitar voluntariamente una obra ajena, especialmente literaria o artística.
     ¿De dónde nace la idea de escribir sobre el plagio?
    En Cultura y entretención del diario La Tercera coinciden dos artículos referentes al tema: uno, titulado Bryce Echenique en su laberinto: premio revive las acusaciones de plagio y el otro ¿Copiando? ¿Yo? …y qué tanto. El plagio en los trabajos universitarios copiados desde internet.
     Bryce Echenique obtuvo el Premio FIL de Literatura de Lenguas Romance 2012. El galardón ha traído de vuelta controversia de hace cinco años, se acusa al autor Un mundo para Julius  de una serie de plagios cometidos en columnas de diarios españoles. Hoy la reputación del autor de La vida exagerada de Martín Romaña está en caída libre y lucha en los tribunales para recuperar su honor de escritor.
     El otro artículo se refiere expresamente a que a los alumnos universitarios no se les está enseñando desde las bases de cómo se construye un informe original. Y agrega “A los profesores nos costó mucho hacerles entender a los alumnos de qué se trata. Y ahora ellos no asumen que un trabajo se trata de investigar suficiente información para crear un texto propio”
    Retornemos a Bloom que estudia el plagio desde el poder que ejercen las influencias. Es precisamente la influencia el factor que determina la angustia que sufre el creador ante su precursor. La influencia nace de leer al escritor favorito y quizás permanezca dormida en el “Yo interior” o en “La Loca de la casa” y otros más atrevidos la esconden en la “Inspiración”. Lo cierto que existen muchos ejemplos de autores famosos acusados de plagiarios. Citaremos algunos: Es el caso de Oscar Wilde, en “La balada de la cárcel de Reading”, es embarazosa de leer, los brillos que emite son reflejos “La rima del viejo marinero “
    Dostoievski  y Saramago en sus obras “El doble” y “El hombre duplicado”.
    Yasunari Kawavata y  Gabriel García Márquez en sus obras “La casa de las bellas durmientes” y “Memoria de mis putas tristes”
    El famosísimo cuento más corto en inglés de Frederic Brown conocido como “La Llamada” y es “El último hombre vivo en la Tierra estaba sentado en su casa. Llamaron a la puerta” es una reescritura de otro micro relato “Mensaje” de Thomas Bailey Aldric “Una mujer estaba sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo; todos los otros seres han muerto. Golpean a su puerta”.
     El tema de plagio de la escritura y de la falsificación está presente en la obra Borgeana. En “Las Crónicas de Bustos Domenecq”, tiene su aplicación en el “César Paladín” de Pierre Menard. Pero no es todo. Algunos como Bernardo Arteaga sostienen que toda literatura es plagio, cada escritor está obligado a repetir lo que ya se dijo y nos dice que para que el plagio sea exitoso, se deben observar cuatro reglas fundamentales.
   1.- Tomar un texto clásico que ya nadie lee.
   2.- Pasarlo a otro tiempo y a otro lugar.
    3.- Cambiar los nombres propios y la persona del relato.
    4.- Enmascarar la narración, de tal manera que no la reconozcan.

     ¿Qué le parece a usted, amigo lector? ¿Qué opina ahora sobre el plagio?
      Esperamos su opinión.
                                         
                                                      

 Mario Alfredo Cáceres Contreras.


    
Bibliografía: Internet (ja, ja, ja,)

Premiados en poesía



A continuación, presentamos los trabajos ganadores del certamen literario “Recordando a Gabriela y Pablo”.


PRIMER PREMIO POESÍA:

          TIEMPOS

                                         María Soledad Albert

Ella tiene dedos largos
con los que camina
sobre la ventana
                     o la luna
¡da lo mismo!

Se ríen sus nudillos
y tocan puertas inexplicables.

Disecta una a una las celosías de mi alma
y con sus yemas
dibuja en el cristal líquido
que separa nuestros tiempos
un dolor que no es suyo,
Pero es mío.




SEGUNDO PREMIO POESÍA

EL SONIDO DE LA PALABRA

Juana Rosa Vergara Sepúlveda



Palabra es aquel sonido
que brota y que fluye;
a veces como agua cristalina
ora, con ecos de tormenta furiosa
o quizás suave y acariciadora
o amarga como el ajenjo.

En instantes, amigable,
embriagadora cuando emite
frases de amor,
sinuosa como una serpiente,
cuando hable desde la maldad
del corazón.

Es sagrada y mística
en el altar,
doliente y desgarradora
en el adiós
y bálsamo sanador
que suaviza las redes tristes
del alma.

Rígida en la disciplina,
audaz y sin respeto
en un dicho soez;
dolorosa en la boca de un hijo
que increpa a su madre
y obscena y promiscua
en el diario vivir.

Sueño con aquel día en que la palabra amable
pudiera ser escuchada;
que vaciara su caudal
la esencia bondadosa del ser humano
y convertirse en un rosario de bendiciones
vaciada en una ánfora de
dulces sonidos.




TERCER PREMIO POESIA


NOT DISTURB (No molestar)

                            Carlos Reyes Cárdenas

Desliza
su sombra antigua
sin quebrar el silencio
de su reino despojado

Teme
quebrar las rutinas
la invasión
de sus propios rincones.

Ochenta y nueve golpes
y otros tantos besos
un millón de grietas
sus ojos insondables
ya no escrutan futuro
su cuerpo mueble
no estorba el camino
en esquinas
simple y encogida

Está sola…
entre tantos
está sola.



REENCUENTRO




PRIMER PREMIO NARRATIVA


REENCUENTRO
                                   Elena Hermosilla Cisternas



¡Ernesto! ¡Ernesto! ¡Eres tú! ¿Cierto? ¡Ernesto!... Le llamo, le grito, casi. Varias personas me miran, pero él no. Pienso…Sé que han pasado ya muchos años, pero creo que él es único. ¡Cómo me voy a equivocar tanto! Aunque no me encaja que esté de pasajero en este recorrido. No me lo imaginaba andando en micro. Si en los años 70 ya tenía su auto. ¿Cómo entonces?...Estamos llegando al paradero Forestal y los recuerdos vienen a mi mente. Cómo olvidar aquellos tiempos que, aunque lejanos, me marcaron de por vida. Insisto y le toco el hombro. ¡Ernesto, eres tú! Y recibo como respuesta una mirada perdida, lejana, vacía…¡Sí! ¡Eres tú! ¿Pero qué ha pasado? ¿Quién o qué te ha dejado así? ¡Si tú eras mi Príncipe! ¡Aquel con quien yo soñaba a escondidas!...El chico alto de pelo dorado y bellos ojos grises con los que me encontraba a veces, y que hacía que me ruborizara. Inalcanzable, era la palabra. Sólo un sueño para mi…Un burgués, decían los “compañeros”. Un desclasado que seguramente quiere llevarle la contra a su papito. ¿Qué hace acá en esta población marginal?, decían otros. ¡Éste sólo está disfrazado de revolucionario!...Pero para mi era perfecto. Tan lindo, tan líder. Sobre todo cuando íbamos a las columnas de apoyo al Compañero Presidente, y él encabezaba las columnas, con las banderas rojas y negras y con las consignas revolucionarias: “¡Pueblo, Conciencia y Fusil!”…Mientras, desde los edificios nos atacaban con groserías o nos tiraban todo tipo de cosas.
Eran otros tiempos ¡Qué ilusos! ¿Cómo no nos dimos cuenta? Si no había que pensar mucho para comprender que todo era sólo un sueño. Y duró tan poco. O quizás fue demasiado. Los poderosos en Chile y en todo el mundo no tienen tanta paciencia con los “rotos metidos a gente”. ¡Qué lata más grande! ¡Mírenlos! Confundiéndose con la gente de bien en las universidades o en los organismos públicos. ¡Esto hay que pararlo! ¡Y más encima, estos cabros de mierda que lo tienen todo, se meten a apoyarlos! Yo no sé por qué lo hacen. ¡Por llamar la atención será! En vez de defender a su clase. ¿No se dan cuenta de todo lo que nos ha costado formar este país, y el sentido que tiene ser chileno? Si no fuera pos nosotros, estos rotos serían unos ignorantes, unos indios. Aunque estos cabros seudo revolucionarios necesitan plata o bencina para el auto no tienen escrúpulos y estiran la mano no más. Total, para eso están los padres.”
El Centro Comunitario de la población era un lugar de encuentro en donde llegaban los pobladores y gente de diversos partidos de izquierda. Fue así como les conocí. Ellos se distinguían porque sin presentarse se notaba la clase social de donde provenían, el porte, la forma de expresarse, en fin, todo. Más que pensar en el interés político, yo pienso que este grupo de muchachos eran un sueño para nosotras, algo así como nuestros héroes de las películas.
Sé que debo bajarme. Ya estoy cerca de mi trabajo, pero quiero saber más de ti, Ernesto, qué pasa con tu vida, en fin, qué fue de los demás compañeros. ¿están en Chile? ¿Están vivos? ¡Cuéntame, por favor! No te quedes en silencio, porque no entiendo nada. Yo tengo mucho que contarte también. Pero, por favor, te ruego, ¡Háblame!
Fue una noche en que se presentaron los Quilapayún con sus largos ponchos negros en el  Centro Comunitario. Mientras coreaba una de las canciones noté que estaba a mi lado. Sentí su mirada y luego su mano tomando la mía. Creí que estaba soñando, y me dejé llevar por la música y el momento. Cuando terminó la presentación nos fuimos a su auto a conversar. Él me contó de su vida y de la necesidad que tenía de luchar por sus ideales al igual que otros compañeros. Me contó que la vida no era igual para todos, me habló de la injusticia, de los que lo tenían todo y de las diferentes realidades que existían. Me dijo que si yo me lo proponía, algún día podría estudiar en la universidad, tal como él ahora, y llegar a ser una profesional.
Esa noche fue crucial para mi vida. Nunca olvidé esa conversación, ni la pasión con que exponía sus ideas. Aunque tenía solo 17 años y grandes carencias económicas, creí en sus palabras, y pensé que quizás alguna vez podría lograr otra vida. Si, podría ser. Si él lo decía es que era posible.
Cuando terminaron las canciones, se despidió de mí con un abrazo y un beso en la mejilla. La verdad es que me sentí en las nubes y así llegué a mi casa, donde me retaron por salir sin permiso y por lo tarde de la hora. Pero no me importó, porque fue tan emocionante compartir esos momentos con Ernesto que valieron la pena los retos y el posterior castigo.
Esa fue la última vez que lo vi, el día viernes 7 de septiembre de 1973. Después todo cambió. El bombardeo a la Moneda, la muerte del Presidente, los allanamientos, los vecinos que se llevaron presos y que nunca volvieron, los desaparecidos, el miedo…y también el olvido que hace que lo terrible e importante se vaya perdiendo a lo largo de los años. Sin embargo, a pesar de todo, a pesar de los amores que después tuve, y sobre todo, por encima de la dureza de la vida que nos tocaba vivir, yo seguí pensando en él, esperando verlo en cualquier momento, y recordando ese beso que marcó esa obligada despedida.
Varias veces me pregunté qué había ocurrido con los compañeros más conocidos, y sobre todo con los que venían de los sectores altos. Después del golpe de estado, la mayoría pensaba que ellos no tendrían problemas, ya que al fin y l cabo todos los ricos se conocen y se protegen entre ellos, y tienen los medios para manejar las situaciones difíciles. ¡Qué equivocados estábamos! El tiempo nos ha mostrado la realidad, pues el dolor esa vez golpeó a tantos y tan fuerte que no importaron clases sociales o familias de apellidos rimbombantes.
Recuerdo que hace un tiempo me encontré con Mariana, y a ella le pregunté por los “compañeros”. Me contó que algunos estaban muy bien, pero que otros estaban desaparecidos o exiliados, y que tú habías estado detenido, que te habían torturado, y que después habías pasado un tiempo en una clínica psiquiátrica. Yo no lo podía creer. Recuerdo que tú estudiabas en la Facultad de Arquitectura y todos decían que eras “brillante”. No podía ser que terminaras mal. Pensé que ella exageraba, pero ahora que no encuentro tu mirada y veo que tus manos tiemblan, me doy cuenta de que ya no estás, que te quedaste en aquellos años, cobijado en la ilusión de un país más justo, o en el terror de los días oscuros que viviste, o escuchando tal vez el eco de las duras palabras de tu padre, que te debe haber recriminado por tratar de ir por un camino distinto al que te había trazado. “Te lo advertí, huevón, no te metas en líos. Tu madre también te lo dijo, Ernesto, pero dale con que los pobres nos necesitan y que la conciencia social y tanta huevada junta. ¿Para qué, digo yo? Te eduqué en los mejores colegios. Siempre lo tuviste todo, y nos haces pasar por esto. Afortunadamente aún tengo mis contactos, por lo que logré sacarte antes de que te desaparecieran. Y ten en cuenta que lo hice por tu madre, por el amor que le tengo, para que no siguiera llorando, porque si fuera por mí, te habría dejado no más, porque tú te lo buscaste. Ahora te veo y me das lástima. ¡Solo eso provocas. ¡Lástima!”.
Ya me debo bajar, y aunque trato de encontrar señales en sus ojos grises, ahora sólo los veo oscuros y sin brillo… y me quedo con tu recuerdo. Me bajo rápido, sin mirarte de nuevo. Tampoco podría verte. Las lágrimas me nublan la vista. Y tú tampoco me ves. Me apuro, pues debo ir a mi oficina, donde me esperan tantos casos que debo resolver. Lo conseguí, querido Ernesto: ya soy abogada. A pesar de todo, lo conseguí. Gracias, Ernesto, gracias.

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LA INJUSTICIA









SEGUNDO PREMIO NARRATIVA               



LA INJUSTICIA
                              

                 Juana Rubio Pérez

Eran como las seis de la mañana cuando llegaron al velatorio de doña Pascualina los últimos parientes. La gran pieza de la casa que era a la vez recibidor, comedor y escritorio, se hacía chica en esos momentos de dolor. El rosario iba de mano en mano y el coro que contestaba los Ave María ya lo hacía en forma monótona y cansada.
En silencio, con un gesto o con un leve movimiento de cabeza, todo el mundo saludaba a los que iban llegando, mientras que a medida que las comadres se encontraban, comenzaba el cuchicheo.
-        Estaba bien la cuñada, ¿cómo fue esa desgracia?
-        - A mi me dijeron que fue un ataque al corazón.
-        ¡Pero si ella nunca sufrió de eso, pues!
-        Si ni siquiera se vacunaba la comadre y ni se resfriaba.
-        Salud nunca le faltó.
-        Vaya uno a saber la verdad algún día.
Éstas y otras muchas conjeturas se hacían en medio de los murmullos. Doña Pascuala era muy conocida en esa numerosa familia. Mujer campesina había sido, trasplantada al pueblo, pero ella nunca olvidó los valores enseñados por sus mayores y los traspasó a sus hijos. Ellos, ahora profesionales y de buena situación, callaban. Cabizbajos, se avergonzaban del “accidente”.
La buena nana, en la cocina lloraba triste cuando llegaron las personas que atenderían a tanto pariente.
-        ¿Y pa’ qué llorai?, no es nada sanguíneo tuyo, eres solo la nana, y además vai a quedar sin trabajo.
Pasó el día, la noche, y llegó el momento del entierro. La despedida fue con cantos, recitaron una poesía dedicada a la difunta, la recordaron como era de buena cocinera, cómo había trabajado con tesón para darles educación a sus hijos, cómo estaba de orgullosa de ellos…pero del accidente, nada se dijo.
Al retirarse toda esa gente, separándose en grupos y cuando doña Pascuala quedó sola descansando en su tumba, se desataron las lenguas.
-¿Supo lo del accidente, pariente?
- Si, dicen que hace varios años que tenía ese vicio.
- Fue de la cantina que se la llevaron a la Posta.
-¿Y qué la llevaría a enviciarse así?
- Quien sabe, pariente.
- Quizás qué penas la convirtieron en borracha.
Esto era lo más suave que se decía de la difunta. Curiosamente, fuera de los hijos y nietos, la única que realmente la sentía y sus lágrimas eran verdaderas, era la nana. Ella sabía lo que en verdad había pasado, pero no tuvo ocasión de contarlo. La recordaba, recordaba sus pasos lentos y como cojeando y el ruido que hacían los clavos en el taco de ese viejo zapato.
-        Miren la vieja porfiá, sáquese ese zapato, iñora y por último, yo lo llevo pa’ que se lo arreglen.
-        Me duele el pie con todo zapato, pero con éste camino lo más bien. No he podido encontrar otros como éstos.
Esta conversación era casi a diario, y aquel día no fue diferente. El almuerzo era con visitas y doña Pascuala cocinaba pescado estofado y tortilla de acelga, y para el postre, turrón de vino. Necesitaba vino blanco y en su despensa solo halló tinto. Tomó un jarro y fue al comedor, donde la nana preparaba la mesa para el almuerzo.
-        Cruzo la calle pa’ comprar vino blanco y vuelvo al tiro, échale un ojito a la cocina, porfa.
-        Doña, ¿y va a ir con esos zapatos?
-        Ah, qué más da, si voy ahí no más.
El dueño de la cantina estaba ocupado encerando el piso de su negocio cuando apareció en la puerta doña Pascuala con su jarro en la mano y le pidió un litro de vino blanco. La quedaron mirando unos clientes que conversaban comiendo algo, acompañados de una gran jarra de vino rosado.
-        Vecino, necesito vino blanco, no rosado.
-        Si vecina, pase no más.
Avanzó doña Pascuala, pero quiso la mala suerte que pisara cera fresca con sus zapatos viejos, su tacón con clavos la hizo resbalar sin remedio y ella cayó hacia atrás, azotando la cabeza contra el piso. Los clientes miraban espantados; el dueño llamó a los carabineros y en medio del tumulto que se armó en la calle, apareció la ambulancia que se llevó a doña Pascuala. Ella murió al llegar al hospital.

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TERCER PREMIO NARRATIVA


POBRE PAPÁ
  
                                                         Angelina Milla


Parece que a los mayores también les gusta jugar a la guerra. Papá cuando está solo en el dormitorio, saca su pistola del velador y juega a la guerra como si estuviera peleando con su enemigo imaginario, conversa cosas que no alcanzo a escuchar  desde mi pieza, dice algo así como ¡te voy a matar, desgraciado!, ¡no te escondas! ¡te voy a pillar igual! Luego guarda el arma en su velador y llora mucho, yo creo que le da pena tener que matar al enemigo, pobre papá…Cuando escucha a mami subiendo la escala, para la oreja y después se hace el dormido. Ella siempre le da un beso en la frente y como que se disculpa por llegar tarde. - No sabes lo aburrida que estuvo hoy la reunión, se alargó la discusión, y el tema se hace interminable, quería venirme luego, pero no te preocupes que me vino a dejar una compañera, voy a darme una duchita - le dice, y lo vuelve a dejar solo.
En las mañanas, papi sale casi de noche, no hace ruido para no despertar a la mami, como cuando yo era más chico, ahora tengo siete. Me acuerdo que antes de irse, llegaba calladito a mi pieza, decía que era el viejo del saco, me levantaba bien alto con sus brazos y se reía harto, era bonito ese tiempo, ahora ya no.
Mami es linda hasta cuando duerme, ella es joven, parece Barbie y viste a la moda ¡qué elegante! dice la tía Rosario cuando viene de visita y mamá le regala los trajes que ya no se pone. La tía Rosario siempre llama al papá por teléfono cuando mami no está; él le grita enojado y le cuelga, y luego no contesta aunque siga sonando y yo hago como que no escucho, pero siempre oigo aunque esté ocupado dando órdenes a mis soldados que peleen y no se rindan; cuando juego a la guerra yo mato al enemigo y no lloro como papi. A papi lo recuerdo distinto, ahora es callado y trabaja mucho, pocas veces me hace cariño o jugamos al viejo del saco, aunque se lo pida, con mami en cambio nos reímos mucho, sobre todo cuando jugamos a tirarnos almohadas y cojines sobre la cama, y terminamos re cansaos.
Hoy es sábado, mami salió sola otra vez, veo a papi desde la oscuridad de mi pieza, parece que va a jugar otra vez a la guerra, entonces pongo mis manos sobre mis orejas, para no escuchar lo mismo de siempre, pero esta vez saca su arma y suena como un petardo cuando se la lleva a la boca, luego cae de espaldas sobre la cama y se queda quietito.