viernes, 30 de septiembre de 2011

LA TORRE


                                                 Gladys Abarca


El hombre, mientras conducía su automóvil a gran velocidad por las calles de Nueva York, trataba en los semáforos de buscar su celular, era imperioso que hiciera una llamada. Cuando logró encontrarlo, se dio cuenta que estaba descargado,  lanzó una maldición y apuró más el vehículo. Entró casi corriendo a la oficina en el piso 60 de la torre. Le ordenó al secretario, que lo miró sorprendido: ¡Que nadie me moleste, debo hacer una llamada urgente!

Se sacó el impermeable y lo tiró en un sillón, acto que no era habitual en él. Siempre con mucho cuidado guardaba su ropa en un pequeño closet disimulado en la muralla. Le gustaba ver su oficina impecable.

Pero era más importante hacer esa llamada y no debía perder tiempo. Marcó el número mientras miraba el paisaje desde su amplio ventanal, el día era frío pero luminoso y podía ver el puente de Manhattan con sus cintas de vehículos avanzando, miró hacia el horizonte, éste era de un azul claro y solo pequeñas nubes jugueteaban en el cielo. El teléfono hacía el sonido clásico de la llamada pero al otro lado de la línea nadie contestaba. En un murmullo rogaba - ¡por favor Anne contéstame! Debo y quiero disculparme, no debí ofenderte, te amo igual que siempre, tal vez más que antes, has sido una buena esposa, sin tu ayuda ahora no estaría en esta torre ni tendría tanto éxito.

Levantó la vista, como para rogar al cielo que ella le contestara, pero vio con espanto un avión que se venía encima, directo a donde estaba.
En ese mismo instante se levantó el auricular al otro lado y una voz femenina preguntó  - Hola, ¿Quién habla? Y sintió por respuesta un espantoso estruendo.

La oficina reventó en mil pedazos y el hombre moribundo quedó atrapado entre los fierros retorcidos, aún tenía en teléfono en la mano y con su último aliento dijo: perdóname te amo.

DE LAS MEMORIAS DE ALBERTO PÉREZ YÁÑEZ





La casa de la calle Nataniel                 

                                                                Un año después, papá nos consiguió una casa de verdad. Era un antiguo y amplio edificio de dos pisos en la calle Nataniel, en donde funcionaba la empresa de enlozados que empleaba a nuestro padre. Los dueños de la firma le ofrecieron la posibilidad de ser el responsable del recinto, teniendo como regalía, el derecho de habitar con su familia toda la planta superior. En el primer piso estaban los talleres.
                                                                El suelo de la nueva vivienda era muy sobrio,  con piso de madera y paredes de ladrillo y adobe. Tenía sala de baño, electricidad y llaves para el agua en la cocina y en el lavatorio. Nunca pensé que se podía vivir tan bien. La primera noche que pasamos en nuestra nueva casa, poco antes de que obscureciera, le pregunté a mamá si era necesario ir a gritar a la calle para obtener la luz.
                                                                Tenía mi habitación para mí solo y la decoraba a mi manera. Se me ocurrió adornarla con un cactus como aquel que el tío Juan le regaló a la profesora en la cordillera. Pero mi mamá me disuadió, diciéndome que se podía caer del velador, en donde quería ponerlo y dejarme la cabeza ensartada como las olivas de cóctel. La adorné con una espléndida foto de mi equipo de fútbol favorito: Colo-Colo, con los astros Cuá-Cuá Hormazábal, Jorge Robledo y el mejor arquero de Chile: Misael Escuti, quién tenía el mismo nombre de pila que mi abuelo.
                                                                En la planta baja se hacían los enlozados y papá era el pistolero. Le decían así porque era con una pistola que él ponía el esmalte a las bañeras, a los lavatorios y otros artefactos que después eran cocidos en un inmenso horno que tenía una puerta levadiza, que cuando se abría dejaba ver unas tremendas resistencias eléctricas calentadas al rojo vivo.   El fin de semana se le desconectaba y se volvía a accionar el domingo por la noche. Me agradaba tener la responsabilidad, bajo la vigilancia de papá, de subir las palancas del contacto eléctrico para que estuviera en funcionamiento a la llegada de los obreros el día lunes por la mañana.
                                                                Durante el fin de semana, mamá aprovechaba el calorcito que le quedaba al horno industrial para hacer una de las cosas que más me gustan en la vida: el pan amasado casero. Sólo había que levantar la puerta e introducirlos, blancos y achatados y luego sacarlos gorditos y dorados.
                                                                Toda la semana esperábamos ese momento con ansias... y una vez más... éramos niños felices.
                                                                El trabajo de papá era muy pesado. Con su pistola esparcía pintura o esmalte en las armazones metálicas, dentro de una gran cámara y el aire se impregnaba de ese polvo. Papá lo aspiraba todo. Comenzó a tener problemas respiratorios. Afortunadamente llegaron unos inspectores de Sanidad y ordenaron a los patrones  instalar aspiradores.
                                                                La casa era muy grande, tanto que incluso teníamos una habitación que sólo utilizábamos para las fiestas. Toda nuestra familia era de origen campesino y con escasa escolaridad porque en esos tiempos había que empezar a trabajar desde niño para ganarse la vida. Del sur se venían a la capital para buscar trabajo y mejorar su situación.
                                                                Nuestro domicilio era el punto de llegada para muchos familiares y amigos. Los hombres encontraban ocupaciones en fábricas y las mujeres se ocupaban como empleadas domésticas en el Barrio Alto, puertas adentro y con unos horarios de dieciséis horas y más por día -en esos tiempos no se usaba el engañador término de asesoras de hogar.
                                                                También las mujeres eran fuertemente explotadas. Buscaban trabajo en las páginas de  avisos económicos del diario El Mercurio en donde se podía leer: Se busca señorita sureña... quizás porque la gente del sur era más sumisa. ¿Y las del norte?
                                                                El fin de semana era siempre una fiesta en casa. Llegaban los tíos y tías que trabajaban en Santiago y se organizaban unas fiestas memorables con familiares, amigos y más amigos que traían los amigos de los amigos. Cada uno aportaba algo y creo que desde ese tiempo heredé el placentero hábito de hacer fiestas familiares. Todos eran muy jóvenes. Nadie llegaba a los treinta años de edad.
                                                                Uno de los acontecimientos que más dio que hablar fue el casamiento de la tía Eda con el tío René -el de la bicicleta como la de Thierry. La fiesta fue magnífica. La novia vestida de blanco era lindísima y el tío René con su piel tostada y sus ojos verdes parecía torero por lo garboso de su estampa. Hacían linda pareja y causaban admiración. Toda la gente se hacía fotografiar con ellos. Vivan los novios y todo el mundo feliz... bueno, casi todos...
                                                                Cada vez que veía una novia, mi corazón se ponía a latir a toda velocidad. ¡Era mucho más excitante que la Primera Comunión!

                                                                Hubo un formidable animador de muchas veladas, que llegó a la casa y tenía como muletilla decir a cada instante: ¡Flor flor! Y quedó con ese apelativo para siempre. Nadie se acordaba de su verdadero nombre. El Flor-Flor cantaba, tocaba la guitarra, contaba chistes y bailaba los mambos de Pérez Prado y el rock and roll de Bill Halley, equilibrándose en la punta de los pies y moviendo las caderas en un ritmo endemoniado, encantando a las mujeres y haciendo reír a los hombres.
                                                                -Ese, parece que es maricón, -decían los que tenían menos éxito.
Pero el Flor-Flor, dijérase lo que se dijiera, bailaba realmente, flor, flor.

                                                                En ese entonces, los hijos éramos cuatro hombres y María nuestra primera hermanita recién nacida. Lógicamente, nos gustaba el fútbol. El único problema que había era que el espacio que teníamos para jugar era muy reducido. Jugábamos en el corredor del segundo piso sin tener la más remota esperanza de obtener el permiso paternal, para ir al antiguo Parque Cousiño, situado a un par de cuadras de nuestra casa.
                                                                Nos fabricábamos pelotas de trapo con las medias de la abuela Zoila, que era una anciana que llegó a nuestra casa simplemente por el hecho de que nuestra casa era grande y trabajaba como doméstica, puertas adentro, en casa de un alto funcionario público que posteriormente ayudó a papá a encontrar un mejor trabajo y una casa propia.
                                                                Frecuentemente las pelotitas que confeccionábamos, caían al patio del primer piso, como consecuencia de alguna volea espectacular de Lalo, Chechito o del pequeño Juan. Nos asomábamos al borde del balcón para observar si alguno de los patrones, -que eran tres- andaba merodeando por ahí y poder bajar a recuperar nuestro juguete. Nos estaba prohibido deambular en la planta baja durante los días de  semana y además nos daba pena tener que despojar a la abuela Zoila de otra de sus gruesas medias.
                                                                Cuando no podíamos recuperar los balones, contemplábamos consternados por la baranda cómo éstos eran confiscados indolentemente por alguno de los patrones que con gesto indiferente los almacenaba en su oficina. Era evidente que nuestras reñidas pichangas en el pasillo del segundo piso no eran en absoluto de su agrado.
                                                                Los tres empresarios eran argentinos. Uno de ellos se  llamaba Bruno y era de origen italiano. Acostumbraba a decirme conllú cuando me veía. Un día me armé de coraje y le pregunte el significado de lo que me decía.
                                                                -Significa buenos días, en francés y se dice Bonjour -me respondió con aire bonachón y divertido.
                                                                Cada uno tenía su automóvil y se me ocurría que cada auto se parecía a su dueño. Como buenos argentinos eran buenos consumidores de carne a la parrilla. Hacían asados TODOS los días del año. Jamás los vi comer otra cosa. A mediodía don Bruno comenzaba a hacer fuego en su  brasero, ponía sobre la parrilla unos pedazos de carne que al asarse despedían un humillo y un olorcito que al llegar al segundo piso, en donde nosotros estábamos almorzando legumbres por enésima vez,  nos hacía agua la boca.
                                                              Nosotros, TODOS los días, de lunes a sábado, comíamos porotos con olor a asado.

                                                                Enfrente de nuestra casa vivía una familia que tenía un niño muy bonito, siempre andaba vestido como muñeco. Solía usar chalecos de color amarillo, lo cuál me hacía pensar en un patito nuevo.
                                                                Nuestra madre, preocupada de que fuéramos niños buenos y honorables, solía ponernos como ejemplo el vecinito de enfrente y lo llamaba El Niñito Decente.
                                                                -¿Bueno y nosotros no éramos decentes acaso?
                                                                Nuestra condición social de familia proletaria y con escasa información, nos hacía reaccionar erróneamente ante dudosos signos de riqueza exterior manifestados por personas que vivían en nuestro propio barrio obrero. Es común en nuestros países subdesarrollados  tratar de parecer socialmente superior a su vecino.
                                                                -Yo no me igualo con nadie o ¡Yo no igualo mis hijos con nadie!-
                                                                Pero raro es aquél que busca la confrontación real con aquellos que sí tienen más posibilidades socioeconómicas. La ventaja de la igualdad es que en el individuo, existe la tendencia a considerar su igual a aquél que él considera superior.
                                                                Nuestro vecinito del chaleco amarillo, me tenía bastante intrigado y hasta me parecía que era un ente irreal.
                                                                Encumbrando un volantín chileno -era construido con los colores y la forma de la bandera nacional- se me cayó en su patio y me vi en la obligación de ir a recuperarlo a la casa del Niñito Decente. Toqué el timbre y salió el muñequito a abrirme la puerta. Se me entró el habla, se me nubló la vista y sólo atiné a imitar el gesto de encumbrar un volantín que se cae. Pero me di cuenta que a él le sucedía más o menos lo mismo que a mí, porque como respuesta, emitió un sonido que más parecía quejido y se fue en silencio al patio de su casa a buscar el volantín.
                                                           Tiempo después me enteré que el niñito éste, nos admiraba, porque éramos cuatro hermanos y jugábamos siempre entre nosotros sin necesidad de otros niños. Observé, cuando me devolvió el volantín chileno, que también nosotros  éramos un buen ejemplo para él...


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Esperamos sus comentarios, sugerencias, artículos, crónicas, cuentos y poemas en nuestro correo electrónico: sinalefa25@hotmail.com

miércoles, 31 de agosto de 2011


PALABR@S

            Revista del Círculo Literario de Maipú
                Nº 11    -   31 de agosto de 2011


                   
              - Julio Cortázar

- Enrique Bunster

- Ian McEwan

- Alejandro Venegas,
   Segunda parte

- Poemas de abril

- Tu vida, mi vida

            - Microcuentos

- Cuentos

http.revistapalabrasclit.blogspot.com  - correo: sinalefa25@hotmail.com

 

EDITORIAL





Estamos al borde de terminar el más frío mes del año, ese que algunos celebramos haber pasado sin perecer en el intento. Podremos reanudar entonces acuerdos sobre actos pendientes y celebraciones postergadas.

En esta oportunidad concluye el artículo de Enrique Lamas sobre Alejandro Venegas, se ofrece un par de comentarios de libros, se destaca a Julio Cortázar, nacido en agosto, llega una visión de la “historia del círculo” muy personal, hay poemas de distintas voces, también algunos microcuentos, para terminar con cuentos de extensión normal.  

Se anuncia la Feria del Libro, que se hará en la plaza de Maipú desde el 28 de septiembre hasta el 2 de octubre, donde podremos contar con un stand, mostrar varias publicaciones y esperamos concretar la realización de algunas presentaciones con público en los próximos meses.

Alejandro Venegas. Segunda parte.




                         Enrique Darío Lamas


En   el  escrito  anterior planteé  tres interrogantes. Estimo mi deber  encontrar respuestas  para  ellas.
            La primera   se refiere  a si  la  historia  se estanca,   pues  los  problemas  que  encontraba  el profesor  Venegas  hace ya más de cien años, (pobreza, abuso de poder, educación mercantil) se hacen presentes  en la  vida social  de hoy .Hay efectivamente   permanencia  de  ellos pero  los  sucesos históricos  del siglo  XX nos revelan  que existen  fuerzas  conservadoras  que  pretenden mantener  sus privilegios  de clase plutocrática. Pero  vimos  surgir también  en los  períodos del Frente Popular  desde  D. Pedro Aguirre Cerda  y posteriormente  en las presidencias  de Frei  Montalva  y Salvador Allende ,  fuerzas populares  que luchan por  el cambio  y  logran  una  educación  estatal gratuita ; un gran  avance  en la protección de  la salud  de la población y en lo económico  la nacionalización del cobre , aprobada  por unanimidad  en el Congreso Pleno. Así  se aseguraba el ingreso presupuestario, llamado el sueldo  de Chile.
 
La dictadura militar instalada  el año 1973 produjo la pérdida  de las  conquistas laborales, la eliminación del Congreso, supeditación de la  educación pública  a la  privada. Los Chicago Boys llevaron a  la economía  a las  fluctuaciones  del mercado y de las empresas transnacionales .Los  bienes del  Estado fueron vendidos  a los privados  a  precio vil.. La periodista  María Olivia  Monckeberg  en su  libro “El saqueo  de los grupos  económicos al Estado  chileno” editado  el año 2001 , revela este  atentado  brutal  a los  haberes  de  todos .Un comentario y  una precisión al trabajo de la valiente periodista .El Estado siempre ha sido  una entidad inerte , un ropaje jurídico  e institucional de la nación. Esta si  que  es  una unidad viva , por  sus  habitantes, nacidos  y/o  criados  en  el territorio del país. por  sus riquezas  minerales,  su fauna y flora,  sus  fuentes  de agua  y de energía, por  el capital  acumulado  en las  estructuras financieras que  le permiten  mantener y desarrollar  niveles  de  vida que debieran ser dignos  a la población  que  le  pertenece  y  que  recibe  su  identidad .En  este  caso la  de  chilenos . Entonces  el saqueo no se hace  al Estado sino  a  la nación  chilena.
   
Alejandro Venegas en su época  fue un defensor  de los bienes públicos.
            El Estado ha sufrido  mutilaciones , amputaciones  con los  cambios  constitucionales  a espaldas  de los ciudadanos ,cambios  que  fueron a servir  a los  intereses  de la  clase dominante y del  poder económico. Intelectuales al servicio  de  ese  Poder han conseguido demonizar  al Estado y colocar  esa  cualidad  peyorativa  en la mente de la opinión pública. Nunca  debemos olvidar que  no existen Estados flotando en el aire. Solamente  existen  naciones-estados. Como  hemos  constatado, el despojo de los bienes  de la  nación  continuó, desgraciadamente con  el retorno  de la  democracia.
           
La  segunda  pregunta  dice  relación  con los  movimientos ciudadanos para  proteger  los  bienes  públicos, como  es el caso de  la marcha  contra  el proyecto  de Hidroaysén . Se dijo  que  estas  movilizaciones sobrepasaban  a los  partidos  políticos.  Esto  es verdad. Se dijo también que  los  indignados  y  los  estudiantes  son  o están desideologizados. Esa afirmación  es falsa. A todos  nos  mueve  alguna ideología .Perdón. En el todos  yo excluyo  a los anarquistas porque  más allá  de la destrucción que  producen  nunca he conseguido entender  qué  objetivos  persiguen . Estamos  dentro  de  dos  grandes  corrientes  o  ideologías, las  más viejas y persistentes en la historia  de  los pueblos que encontramos  ya  presentes  en  la  democracia  ateniense, pero  son  actuales, existenciales, latentes en el diario vivir  y nos  colocan , separan en condiciones   familiares,  socio-económicas,   morales , distintas .
             
La gran particularidad  de  las  dos  ideologías las  cuales  son :la liberal capitalista y la  nacional  estatista  es  que  aparecen confundidas  hasta  nuestra  adolescencia  por  sus  dos  grandes características . En el  primer  nivel  aludido, la ideología  liberal ofrece  el desarrollo de  las  capacidades  individuales e  ingresar  en  el  camino  del éxito  en  la  vida personal .Esto  es  irresistible .La ideología  nacional  estatista  nos  entrega  en la base  la pertenencia  a una gran comunidad  nacional, territorial .La pertenencia  al suelo patrio ( que  es lecho  y techo protector) se extiende desde  los pueblos originarios  a los mestizos, nacidos  y/o  criados, a los con sangre extranjera asimilados o nacionalizados .Incluye  entonces  ”momios  y compañeros”  unos  más  otros  menos , manifiestan su corazón de chilenos  y desde pequeños  se vivencia  “el amor  a la patria”.
    
Hasta aquí no hay relación  agonística .El  enfrentamiento vendrá después, expresado  en términos generales, en el conflicto entre dominio   público  y  dominio privado.
            El ingreso al liberalismo puede  tener  relación con pertenecer  a  familias  que  tienen  negocios, empresas u otras relaciones. Enseguida viene  el apetito  de  la ganancia. Y es una verdadera adicción el dinero rápido, el hacerse rico de la noche  a la mañana .El capitalista  necesita  vender y es aspecto positivo el  que  necesite  compradores para   sus productos y favorezca la creación  de empleos.  Pero  en  el mercado no existe  para ellos  la  beneficencia ni la lástima .Todo  debe  ser bien de consumo :la educación , la salud , la vivienda  serán  campo  para  los  negocios. La población del país  debe  contentarse  con el chorreo que  produzcan las ganancias. Exigen  del Estado  que  no se  convierta  en propietario  y menos  en  empresario. Exigen en nombre de la libertad,  la eliminación de las trabas burocráticas. Pero  enseguida  viene  para las  empresas  nacionales, el ingreso al engranaje  de la concentración  del capital  y a la relación  de  dependencia  y subordinación  a las transnacionales. Los  bienes del país, de sus habitantes,  van  a bailar  en la cuerda  floja  de  las especulaciones  bursátiles (así  les  sucede por ejemplo a los millones de dólares del  ahorro  de  los que cotizan  en las AFP )
  
La ideología nacional-estatista  se instala  en todos  los  que  ven  el escaso  progreso que  produce  su trabajo, en  el infierno  que significa  ser  despedido  del empleo por una  inestabilidad  laboral  permanente . En la impotencia que  se  observa por el traspaso del agua ,de la energía  eléctrica  a manos  privadas, por  el alza  de las tarifas  y la congelación de los salarios, por  el costo  ingente  en educar  a los  hijos,  el endeudamiento permanente  en que  se vive  para costear una vivienda , para  mejorar  su salud  ,etc. etc.
    Surgen  aspiraciones   en este  sector reflejadas  en  algunos  principios:
    - La  educación  es un bien público; debe ser  atención preferente del Estado.
    - Los  ingresos  del Estado deben  distribuirse con equidad.
    - Igualdad ante la Ley. Igualdad  de oportunidades
    - El mercado debe estar al servicio del hombre  y no  éste al servicio  del mercado.
    - Nacionalizar  las riquezas, el agua y la energía. 
   
Los  partidos  declarados  de izquierda  han  recogido estos  y muchos  otros  objetivos que no se pueden  detallar  en  un breve  comentario. Postdictadura  formaron el bloque   llamado Concertación .Después de  muchos  años  de gobierno debieron ceder el poder  administrativo de la nación y reciben  un repudio importante en las encuestas porque perdieron su  identidad ideológica  y entraron en crisis de representación .Sin embargo ya  preparan su maquinaria  electoral  para  continuar con el reparto  descarado  que hacen  con la Alianza de  los  cargos de diputados  y senadores  del Congreso , de los cargos  claves  en el Banco Central ,  en el Tribunal  Constitucional y aún en el cuoteo de Ministros  del Poder Judicial .
   
 Pienso que  aún quedan personas honestas en  ambos  bloques políticos Pero  me  permito citar porque calzan en el momento actual , algunas palabras  del discurso de  Pericles  a los  atenienses  en el siglo V  a. C. que  aparecen en la  obra de Tucídides ”La guerra  del Peloponeso”. Dice:
“ SI SE SIENTE AMOR POR LA PATRIA  PERO  NO SE ES INMUNE  A LA  CORRUPCION,  SE  ES  CAPAZ DE VENDERLO TODO  POR  DINERO .”
  
Si  me permiten  continuar en una  próxima, lo haré  sobre los  signos  del acabo del mundo, según los astrónomos  mayas.

NACIDO EN AGOSTO


Julio Cortázar

                                                      Emilia Páez Salinas   



He seleccionado este escritor movida por la nostalgia de un tiempo lejano y además por su extraordinario aporte a la literatura de Latinoamérica.
           
En noviembre del año 1970, Julio Cortázar visitó nuestro país y solidarizó con el gobierno de Salvador Allende. Por esos años yo estudiaba en el Pedagógico de la Universidad de Chile. El escritor recibió una invitación para conversar con los estudiantes y tuve la oportunidad de escucharlo. Lo primero que llamaba la atención era su estatura,  un hombre bastante alto, representaba menos edad de la que tenía. Numerosas fueron las preguntas que recibió y siempre tuvo la respuesta asertiva, clara.
Mucho se puede decir de él, por lo tanto he seleccionado lo que me pareció más relevante.
         
            Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914, de padres argentinos. Llegó a la Argentina a los cuatro años.
            Se graduó como maestro de escuela e inició estudios en la Universidad de Buenos Aires, los que debió abandonar por razones económicas. Trabajó en varios pueblos del interior del país.
        
Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general. Comparable a Jorge Luis Borges, Antón Chejov y Edgar Allan Poe. Creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en Latinoamérica rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal, los personajes adquieren una autonomía y profundidad sicológica pocas veces vista hasta entonces.
          
En 1973 fue galardonado con el Premio Medicis por su Libro de Manuel y destinó sus derechos a la ayuda de los presos políticos en Argentina. En 1974 fue miembro del Tribunal Bertrand Russel II reunido en Roma para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones a los Derechos Humanos.
        
Algunas de sus obras son:
         Novela.
         Los premios                                   (1960).
         Rayuela                                          (1963).
         62 Modelo para armar                    (1968).
         Libro de Manuel                             (1973).
         Cuentos.
         La otra orilla                                   (1945).
         Bestiario                                         (1951).
         Final del juego                                (1956).
         Las armas secretas                          (1959).
         Todos los fuegos el fuego              (1966).
         El perseguidor y otros cuentos       (1967).
         Poesía.
         Presencia.                                        (1938). Sonetos que escribe con el seudónimo           
                                                                                De Julio Denis.
         Pameos y meopas                             (1971).
         Salvo el crepúsculo                          (1984).
         Teatro.
         Los reyes.                                         (1949). Con el seudónimo de Julio Denis.
         Adiós Robinson y otras
          piezas breves                                   (1995). Obra póstuma.



            En 1983, Francois Mitterand le otorga la nacionalidad francesa.
         
Vivió buena parte de su vida en París y fallece en esa ciudad el 12 de febrero de 1984 a causa de una leucemia.


Comentarios de libros



             Mario Cáceres Contreras (Baruc)

Oro y Sangre.

     Al inicio del comentario sobre el libro El club del crimen, dejé muy en claro que soy un fanático, asiduo y vicioso lector de novelas policiales. Éstas tienen un poder de atracción indestructible sobre mí. Y fue el título Oro y Sangre de la edición color oro y letras negras en la portada que actuó como un poderoso imán.  El libro, quizás desde hace mucho tiempo, reposaba en uno de los anaqueles del librero en casa de mi cuñada y, como la fantasía camina a mi lado, esperaba por este lector. La verdad es que me apoderé de él sin autorización de su dueña, sólo dejé una nota indicando el día en que lo retiraba y la identificación de la obra. Esa noche acomodadito en mi cama, acompañado de una leche tibia sobre el velador me dispuse a leer esta novela; que por el título ofrecía una trama de crímenes, avaricia y todo aquello relacionado con el misterio por develar. ¡Sorpresa! El texto de Enrique Bunster es una obra en que se entrelaza la historia y el género de la crónica. Les aseguro que me sentí engañado, pero, inicié el ingreso a sus páginas un poco vacilante, más aún cuando en el prólogo dice” El presente libro no constituye una historia general de la Conquista de América, sino es una mera evocación de sus momentos descollantes. Evocación selectiva, necesariamente incompleta y de plan flagrantemente arbitrario. De los paisajes y tipos con que tropieza en su camino, el pintor escoge los de su personal preferencia, y no hay razón para que al cronista le sea negada esta libertad”. El título del primer capítulo me pareció muy sugerente El Diablo predicando en las Antillas. Y sólo fue necesario leer estas primeras páginas para quedar atrapado en la lectura. Describir la llegada de Colón a Guanahaní o la Española posteriormente, conocida en la actualidad como Haití y República Dominicana, me impactó. La entrada de Colón en el Caribe es como el descenso de un dios que viene a completar la creación del mundo. A sus cañonazos de saludo contestaban las islas soltando miríadas de estrepitosos papagayos multicolores y de la espesura emergían  los adanes y las evas portando ofrendas para el que venía del cielo. Ésta es la portada sobrecogedora y engañosa de la historia de América. No podían sospechar los indígenas que esos dioses venían a desparramar la destrucción y la desgracia. De haberlo adivinado ¡qué distinto hubiera sido el recibimiento!  De esta forma inicia Enrique Bunster su obra Oro y Sangre. En las páginas siguiente aparecen los terribles conquistadores españoles acicateados por el oro, dominados por la codicia y conocí  a Ojeda, Cortés, Pizarro, Hernando de Soto, Almagro y Pedro de Valdivia en todas sus dimensiones. Es conocido con la ligereza que se nos da a conocer la historia de América en nuestros colegios. En Oro y Sangre  se escribe la historia con tal vibración y amenidad que se vuelve popular e inolvidable, es el canto a las glorias de la raza que este libro lleva envuelto. El texto debería ser lectura obligada en los colegios y debatir sobre estos relatos dramáticos y palpitantes que corren por las páginas de Oro y Sangre. La obra en primera edición fue publicada en octubre de 1974 con 5000 ejemplares por Editorial del Pacífico.
    El libro aún no lo devuelvo y espero mi próximo cumpleaños para solicitarlo como regalo, porque es un regalo al conocimiento de todo ciudadano americano Y es necesario, imprescindible que el Reino de España de rodillas pida perdón a todos los pueblos indígenas masacrados y violentados con tanta crueldad. Nota aparte son las crónicas de Ovando Bartolomé de las Casas.
      Las obras del escritor, cronista y dramaturgo  Enrique Bunsters  son: La primera noche galante( 1933), cuentos. Nadie puede saberlo (1934), farsa cómica. Un velero sale del puerto (1938), drama en un acto, estrenado por el Teatro del Pueblo en Buenos Aires. Lord Cochrane (1943), un estudio con variaciones. Cuatro ediciones. La Isla de los Bucaneros (1944), drama en 14 cuadros. Premio teatro experimental 1945 y traducido al inglés en Nueva York por John G. Underhill. Bombardeo de Valparaíso (1948) Motín en Punta Arenas (1950)  dos ediciones. Mar del Sur (1951). Chilenos en California (1954), miniaturas históricas en 5 ediciones. Para Reír y Llorar (1958), cuentos. Chile país excepcional (1959) escrito por encargo del Ministerio de R.R.E.E.) Operación Vela (1966), crónica del décimo viaje del buque escuela Esmeralda. Recuerdos y Pájaros (1968), crónicas. Tiempo Atrás (1970) crónicas. Casa de Antigüedades (1970) crónicas. Bala en Boca (1973) crónicas. Cuentos Selectos (1973) Oro y Sangre (1974).
     Enrique Bunster Tagle, nace en Santiago el 2 de julio de 1912. Cursó sus estudios en el Colegio de los Sagrados Corazones. Periodista, se destacó como redactor de los diarios El Mercurio y Las Últimas Noticias. Periodista, escritor, dramaturgo, cronista de la historia y de los mares de Chile. Documentado a fondo con mucho ingenio y humor. Muere en Santiago en 1976.





SÁBADO de Ian McEwan.

                             Patricia Franco Müller


328 páginas - Edit. Anagrama
Procedencia: Bibliometro.

Es el primer libro que leo de este autor y era su único título disponible en esa biblioteca.

Nació el 21 de junio de 1948 y pasó su infancia en el Este Asiático, Alemania y países del Norte de África, ya que su padre, un oficial escocés, estuvo destinado a esos lugares. Fue educado en el Woolverstone Hall School en la Universidad de Sussex, recibiendo su diploma de Literatura Inglesa en 1970 y en la Universidad de East Anglia fue uno de los primeros graduados del curso de escritura creativa de Malcolm Bradbury.

Hace años, una antigua amiga cuya opinión me merece respeto, confesó que compraba todas las novelas de McEwan, de manera que lo tuve presente para leerlo en la primera oportunidad que se presentara.

La trama de SÁBADO se teje durante las 24 horas que median entre la madrugada del sábado 15 de febrero de 2003, hasta la madrugada del domingo siguiente, que corresponde a la más multitudinaria manifestación popular de los últimos tiempos en Inglaterra, contra la inminente invasión de Irak.
El personaje principal de la obra es el neurocirujano Henry Perowne quien despierta cuando aún reina la oscuridad del comienzo de ese día; mira casualmente por la ventana y ve descender un avión en llamas,
Espera el estruendo de la caída, pero no ocurre. Es un signo, magnificado por lo ocurrido en el ataque a las Torres Gemelas, muy presente en la memoria colectiva que vive en una constante sensación de temor y hasta la vida plácida del protagonista y su familia se verá remecida por la violencia latente y quien lo lea será testigo de la reacción de personas exitosas, inteligentes y de buen nivel social y cultural ante el ataque de seres desquiciados..

El autor no escatimó tiempo ni esfuerzo en interiorizarse y dominar el vocabulario propio de un neurocirujano, describiendo procesos y cirugías en una prosa impecable, sin que el lector se sienta perdido, gracias a su descripción amena y explicativa.

Es un libro que se lee sin pausa – pese a su extensión –además permite aumentar el léxico con algunos vocablos poco usuales, como tentorio, cóclea y putamen.