domingo, 27 de febrero de 2011

EN LOS CALLEJONES ERA MÁS BARATO




                                                                                     Raúl Tapia Hernández





     Año 1954: la vida era dura. Jóvenes sin futuro, trabajadores explotados, sueldos bajos y sus hogares en conventillos, cités, poblaciones callampas, todo o casi todo muy similar a este milenio. Había una gran diferencia, no éramos tan pasivos ni consumistas; por supuesto no había TV.
      
     Éste era el ambiente donde se desarrolla la historia de este grupo de jóvenes.
Barrio Victoria, Nataniel, Pedro Lagos, Roberto Espinoza, sector de cités, conventillos y de casas en las cuales vivían de tres a cuatro familias, pequeñas fábricas de calzado, donde todo el trabajo era artesanal.
      
     Día lunes, ocho de la noche, esquina de Nataniel con Pedro Lagos, grupo de jóvenes de 17 a 20 años. La conversa versaba sobre el partido de fútbol del domingo. Todos eran jugadores del Deportivo Gabriela Mistral, club que fue echado a volar cuando todos eran niños. Ningún adulto, el mayor era el Jorge Órdenes, o el “Chuchata”. Hacía los partidos, se conseguía las camisetas, nos despertaba los domingos y hacía los equipos. Ustedes se preguntarán por el alias, bueno, era desbocado para hablar. Con necesidad o sin ella, le ponía su adjetivo a las frases o las personas. Lo curioso de todo era que el deporte favorito del Jorge era el box, pero como diría un entendido, no tenía dedos para el piano, porque las dos veces que peleó, besó la lona.
       
     La  familia del Jorge se componía de tres personas más, su hermano Óscar, que era diametralmente opuesto, las palabras groseras las tenía desterradas de sus labios, era alto, rubio, siempre bien presentado, las niñas lo encontraban buen mozo, pero como nada es perfecto, su coeficiente intelectual no era muy alto. Su pasión era ser arquero de un club profesional. Nunca lo logró. El padre de los Órdenes era carpintero, pero vivía en otro mundo, era alcohólico. Doña Clara fue la que sacó sus hijos adelante; hacía lavado y planchado, tendría cincuenta años, en su juventud tiene que haber sido hermosa. Ahora su rostro mostraba el sufrimiento y el cansancio de un siglo y la espalda, la curva de la artesa. Vivían en un conventillo llamado “La Paloma” en el cual vivían seis familias en igual cantidad de piezas. En invierno, la humedad se hacía eterna y en el verano, moscas y más moscas.
      
     El mayor del grupo era el Carlos Moreno, de 26 años. Lo llamaban el Huaso, sus raíces eran campesinas. Su familia: Rosa, su compañera, la hija de tres años, que llevaba el nombre de su madre. La señora Rosa daba pensión para ayudar a su compañero. Yo era un cliente. El Carlos me trataba como a un hermano, siempre decía: “Si no tenís plata, igual tenís que estar sentado a mi lado”. El Huaso trabajaba en una curtiembre ubicada en Ñuble con Nataniel. Siempre se quejaba del sueldo y del horario de 12 horas diarias. Y aquí es donde entra mi amigo Manay o Mario, como era su nombre, (lo de Manay, nunca supe su origen) era esmirriado de flaco, pero tenía una fuerza para exponer sus ideas y era claro. Cuando el Huaso empezaba a quejarse, le decía: “¡Qué reclaman los güeones si no tienen sindicato! Cada cual tira para su lado, parece que les gusta que los exploten, no tienen idea de leyes, después que se bajan los pantalones se quejan”. El Manay era militante del Partido Comunista. Como buen “rabanito”, como le decía el Abdón, siempre andaba a la caza de un nuevo militante, tenía una frase que lo retrata en toda su humanidad: “¡Cabritos, lean y escuchen, el saber no sobra!” (Ojalá el Manay esté vivo, creo que era de los imprescindibles, como escribía B. Brecht).
     
      Lo contrario del Mario era el Roberto Silva o “Cachito”: 1.75 de estatura, envasado en un terno vestón cruzado, una peinada a la gomina, zapatos lustrados y una labia que se la quisiera un che. Me olvidaba, unos lentes negros y como nadie es perfecto, era tuerto. Roberto era vendedor, todo lo que caía en sus manos era vendible. Creo que si alguien le propone vender la Virgen del cerro, la negocia y la vende. Éste vivía con su madre, hijo único; su padre se había echado el vuelo cuando tenía dos años. La señora Adela vivía para su hijo único, era modista, su clientela, como dicen los economistas, era A1, así que tenían un buen pasar.
      
     El Cachito era entonado y le gustaban los tangos y no era rogado, se sabía todos los discos de Alfredo de Angelis, cuando empezaba, no lo callaba ni su madre.
     Viernes, 8 de la noche: Nataniel – Pedro Lagos. La conversa versaba sobre el servicio militar de los Cortez. Sergio, el del medio, salía en la lista de los llamados.
     La discusión empezó cuando el Chuchata le dijo:
-         Serís gueón en lo que vai a perder el tiempo.-  Y ahí saltó el Cortez mayor:
-         Estai equivocado. Va a aprender a ser más responsable y más hombre.
El Manay, que estaba al acecho, dice:
-         No tenía idea que el Sergio era maricón. – Ahí no lo paró nadie, porque continuó:
-         Estai equivocado cabrito, para ser todo eso no es necesario que unos cabrones te den permiso hasta para ir a cagar. – Iba a seguir, cuando el Chuchata, con su lenguaje más florido, dijo:
-         Si los gueones volaran, Santiago pasaría nublado, así que veamos donde va a ser la despedida del futuro defensor de la patria.
El Abdón, que no había abierto la boca, musitó:
-         No sabía que hablaras tan de corrido. - Se escuchó un coro de risas y el ambiente se tranquilizó.
-         ¡Negro, te buscan en la puerta!
Abajo, la mamá del Cachito, con una cara de policía, lanza de sopetón la pregunta:
-         Negrito, ¿tú sabes donde se queda el Roberto todas las tardes? Cinco días que no llega a comer – Me mira como si sus ojos traspasaran mi mente. Aguantando su frialdad, le
contesto:
-         No tengo ni idea.
La señora Adela, no muy convencida, vuelve a su casa, mientras subo la escalera, pienso:
¿Dónde estará el gueón?
     Sábado 9 de la noche. Estaban todos menos el Roberto y el Óscar. Como siempre el Carlos Moreno era la alegría misma. Los Callejones y él tenían una atracción sin límite, bailaba, tomaba y era cargoso con las niñas.
     A las 10 partimos a pie para ahorrar locomoción. Caminamos en pequeños grupos, el nuestro lo integraban el Manay, Abdón, Peña chico y yo. La conversación era un almanaque desde fútbol hasta la nacionalización del cobre, que corrió por cuenta del Manay y terminaba ¿se imaginan? Más escuelas, hospitales, casas. El Abdón lo sacaba de su sueño. Le decía:
-         No soñís tanto, rabanito.

     El Peña chico no abría la boca, estaba nervioso, era debutante. Me imagino que pensaba que por ir a los Callejones estaba más cerca de ser adulto.
     Llegamos a nuestro destino. Los cuatro pasajes eran ver los paseos peatonales de hoy, todos con público vitrineando, cotizando precios y los vendedores de pan amasado, huevos duros, maní sandwiches de pernil y hasta el que vendía anillos de oro más falsos que Judas, le ponían fantasía al lugar.
     Después de recorrer los pasajes, llegamos donde doña Raquel. Ahí nos recibió un travesti que hacía de anfitrión, llemado Katy. Al entrar, pegó el clásico grito:
-         ¡Chiquillas, llegaron chiquillos!

     El salón era amplio, adornado con grandes espejos y una mala copia de un cuadro de Goya, “La maja desnuda”, unos grandes sillones y en uno de ellas estaba Cachito (Roberto) muy acaramelado con una niña. Le hago una seña de que se acerque, nos ubicamos en el rincón del salón.
-         ¿Qué pasó? –Pregunta.
-         Tu mamá anda preguntando por ti.
-         ¿Qué le dijiste?
-         Que no sabía.
-         ¿Estaba enojada?
-         ¡Claro!
Se acercó y me susurró:
-         Esta minita me espera todas las tardes con un bistec con huevo. Después nos acostamos y se me hace tarde. Poniendo una cara de decisión y con una voz más baja, dice:
-         Hoy es el último día de bistec con huevo y postre- y en su rostro se dibuja una sonrisa  maliciosa.
Por curiosidad, le pregunto.
-         ¿Y te da plata?
Enojado contesta:
-         ¡Esta niña no es guevona y yo no soy cafiche!

     En esos instantes, se escuchan los compases de un tango: “Fumando espero a la mujer que quiero”. El salón cobra vida, parecíamos lapas pegados a nuestras parejas. No había duda, éramos adictos al tango “Cuartito azul, fiel testigo de mi amor” letras de tangos que no pierden vigencia. ¿Quién no ha esperado o tenido un amor en un cuarto? Claro que no puede ser azul, pero hay un arco iris para escoger. Los parlantes hacían escuchar el tango “Cambalache. Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor. Nada es igual, nada es mejor” Parece que estas letras fueron escritas en este milenio.
     Terminó el baile, me senté al lado del Óscar. No se había parado, estaba triste. Le pregunto:
-         ¿Estai triste o enfermo?
Haciendo un gesto con las manos, pide que me acerque más, hablando suavemente, agrega:
-         Esto es entre los dos- Y lanza la noticia – Le dije a la Olga que se fuera a vivir conmigo.
Dije:
-         Esto parece epidemia, porque el Roberto se lo pasa aquí – Sigo:
El Aprendiz
-         No, y yo la quiero.
-         Parece que ella no mucho – observé – Está feliz de la vida – Y para remecerlo, le espeté:
-         Es mejor así, o todo el tiempo te andarás preguntando ¿con qué gueón  se acostó?
-         Cabritos, la plata se terminó y además hoy jugamos en las canchas de Las Higueras.
El anfitrión nos despidió:
-         Chiquillos, vuelvan cuando gusten.

     Poco movimiento en los pasajes, era final de marzo, la noche estaba fresca. Enfilamos por 10 de Julio, cada uno metido en sus propios pensamientos. Carlos Moreno iba feliz de la vida. Habían sido unas horas de mujeres, baile y vino, en ese orden. Los Cortez, seguro que pensaban que éramos buenos amigos al despedir a su hermano. El Manay (Mario) difícil saber en qué estaba su mente, claro que no precisamente en Los Callejones; Roberto, más bien lamentando perder el bistec con huevo y postre y el tener que inventar una buena mentira para su madre.
     El Óscar caminaba solo y cabizbajo, era la fotografía de pena y desolación. Pensé en el tango “Rechiflado en mi tristeza por una mala mujer”. Era todo lo contrario el Peña chico. Según él, había debutado como hombre, había ido a una casa de putas. Igual que siempre, teníamos los valores al lote, unos más que otros.
     Caminaba el lado de Abdón. Cerca de San Diego, éste me comenta:
-         No estuvo mala la noche.
Le respondo:
-         Prefiero el cine acompañado de la chica que no me cobra por una sonrisa y un beso.

     En San Diego, el letrero luminoso de “Las Cachas Grandes”, el Mac Donald de la época, invitaba a una taza de café con sopaipillas.


NACIMIENTO DE MARCELA










       Alberto Ramiro Pérez Yáñez

 

 

     Los golpecitos dados al vidrio de la ventana de la casa de mis padres  me despertaron muy temprano. A medio vestir fui a abrir la puerta.

- La Inesita está en la maternidad- me anunció un pequeño niño que luego de darme la noticia, se alejó corriendo dejándome con la cabeza llena de preguntas.

     Era el 9 de marzo de 1966. En tres días más yo cumpliría 19 años de edad. Hacían ya casi dos años que frecuentaba a  Inés, mi joven enamorada que en esos momentos daría a luz al fruto de nuestro amor. 

     En realidad no habíamos preparado nada. En el último tiempo, nuestra relación adquirió carácter de clandestinidad dado que mis padres me habían prohibido verla. Los argumentos no dejaban de ser contundentes, pero nuestra razón era demasiado poderosa. A ésto se sumaba la obsoluta inexperiencia mía en asuntos tan de gente mayor…
-No quiero que andes con una mujer que es separada y que ya tiene un hijo- me decía mi madre-.
En efecto, Inés había estado ya casada y tenía un niño de su primera unión. A mi no me importaba mucho o casi nada. El amor es ciego, eso se sabe.

     Probablemente sin evaluar conscientemente la gravedad de la situación, me fui a la maternidad del Hospital San Borja que en esos años estaba situado en la Alameda de las Delicias.
-Si señor, su señora dio a luz esta mañana y esta tarde la podrá ver si el médico lo permite- me anunció la recepcionista.
-Gra… gracias-, respondí como en las nubes y salí del hospital.
Ya afuera me di cuenta que algo me faltaba en la información que se me dio.
Volví al interior y pregunté un poco compungido.
-¿Y que fue?-
-Ah, si, tuvo una niñita-
-Una niñita, pensé. Una niñita… la palabra me resonaba como a algo tan grande como una montaña.
-¿Y ahora que hay que hacer?- me pregunté.
No tenía dinero y nada podía consultarle a mi madre por las razones ya conocidas.

     Al llegar a casa y al momento de enfrentar a mi madre, percibí que ya estaba al corriente. Me miró con aire consternado sin decir palabra y continuó sus quehaceres de ama de casa.
Me fui donde un amigo que las oficiaba de prestamista y accedió a facilitarme dinero para los gastos de maternidad.

     Al volver nuevamente a casa, vi a mi abuelo Misael el cuál rarísima vez venía a Santiago porque no le agradaba dejar en el campo sus sembrados abandonados y además porque en la gran ciudad se sentía como bastante fuera de lugar. La gente no usaba ojotas y a él le molestaban los zapatos porque le encerraban los pies. Fue él, quién advirtió a mi madre con la noticia del nacimiento de mi hija. El abuelo vino a Santiago a ver a Inés para que le comprara un radio transistor en la tienda en la cuál ella trabajaba y se dirigió a su casa. En vez de encontrar a Inés se encontró con la madre de ella y fue recibido de bastante mala manera.
-Su nieto dejó a mi hija  con un hijo!- fue lo menos que  le escuchó. El abuelo regresó a casa de su hija Juana con una leve sonrisa en sus labios. Quizás porque el hecho de ser bisabuelo por primera vez le hacía una cierta gracia.

     ¡Hola abuela! saludó a su hija Juana sin dar mayores explicaciones. Mi madre no comprendió inmediatamente el significado de tan original saludo sino sólo cuando me vio retornar a casa con cara de circunstancias después de haber visto al prestamista.

     Nadie me dijo ni me reprochó nada. Sólo mi viejo y noble abuelo se me acercó y me dijo.
-Ramiro, si necesitas una casa donde llegar, te puedes venir a mi casa en Batuco. Ahí está mi Rungue para que cuide a la Inesita- Me dijo con gesto seguro y afable, como si fuera la cosa más natural del mundo al darse cuenta de mi desesperación. Me pregunto que hubiera hecho yo, si la Providencia no hubiese puesto a mi querido abuelo en mi camino, en tan crucial momento.

     Mis abuelos le tenían mucho cariño a Inés y eso porque ellos me prodigaban un gran aprecio y todo lo que me concerniera me lo aceptaban. No por nada había vivido en su compañía un par de años en la cordillera de Los Andes, como si hubiese sido su hijo.
 Al día siguiente fui a ver a Inés y la habían trasladado a otro lugar dependiente del hospital.

     Me pareció que era una cárcel. No dejaban ver a nadie. No recibían recados y para colmo, me pasaron una cuenta enorme.  Al pedir detalles por el precio, una enfermera que se creía dueña del establecimiento, me regañó diciéndome una frase que  recordaría siempre: -los niños cuestan caro señor…-
     A nuestra hija la dejaron en la incubadora porque el parto fue bastante dificultoso. Tampoco me permitieron verla. Todo estaba prohibido y como me veían tan joven, poco caso se me hacía.

Inés estaba muy delgada y pálida, con ojeras y verdaderamente agotada. En ese estado la dieron de alta un par de días después. La llevé en un taxi a la estación Mapocho para irnos a Batuco. Hubo que esperar la partida del tren y dado que Inés casi no podía andar, la dejé sentada en un banco de  plaza y acudí a comprarle medicamentos a una farmacia. Cuando volví junto a ella la encontré casi desmayada. Como pude la llevé al tren y a cada barquinazo del vagón ella se quejaba de dolor. Era mediodía y el cielo estaba nublado ese abochornado mes de marzo de 1966.

     Y a mi hija aún no la había visto.

     La estación de Batuco, a unos treinta kilómetros al norte de Santiago, era en ese tiempo muy parecida a las estaciones de trenes de las películas del oeste norteamericano que se veían en el cine. Polvorienta, solitaria y silenciosa. Traté de encontrar un taxi para cubrir los tres kilómetros que me separaban de la casita de los abuelos. No había nada. Los taxis ahí no existían. No había un alma en los alrededores. Entré en una taberna que ya conocía y pedí una bebida para Inés. En realidad era más para que ella descansara mientras encontraba un medio de transporte. Lo único que encontré fue una vieja camioneta que estaba completamente cargada con frutas. Me acerqué al dueño del vehículo y expliqué mi problema.
-Pero no puedo amigo, porque la camioneta está cargada con sandías y con los hoyos que hay para allá donde vive su abuelo, se me van a caer y se van a romper- me dijo ya volviendo sobre sus talones dando por terminada la conversación.
-Yo se la descargo y después se la cargo de nuevo!- le propuse.

El hombre debe haber visto mi desesperación porque aceptó y me ayudó a descargar las sandías.
Una vez que el camioncito fue vaciado, fui a buscar a Inés que estaba todavía en la taberna, entregada su suerte a lo que yo pudiera hacer. En mis brazos la llevé a instalarla en el asiento trasero del vehículo. En realidad el chofer tuvo razón en descargar su máquina, porque el zangoloteo era para marear a cualquiera. A cada salto que dábamos Inés se quejaba de dolor y esos tres kilómetros me parecieron interminables. Llegamos a casa y salió a recibirnos mi abuela. Al ver su estampa de mujer campesina acostumbrada a la vida dura que me observaba con una mirada entre enternecida, reprobatoria y solidaria, sentí un flujo de llanto incontrolable que descargó toda la tensión acumulada. Hacía mucho tiempo que no me sentía en un ambiente seguro y eso me hizo sentir muy bien.

     Acompañé de regreso al sandillero y cumplí con mi promesa de volver a cargarle sus melones.
Mi abuela se ocupó de todo y yo le colaboré con los gastos que nuestra estadía produjo en su magro presupuesto. Vivían en una casa de madera, que les fue construida por la municipalidad después que su antigua casita de adobes se les derrumbó completamente durante uno de los terribles terremotos que suelen acaecer en el suelo chileno.

     Pero mi tranquilidad no sería completa hasta que no tuviera a mi hija conmigo. Me la imaginaba solita allí en una incubadora en donde no estaba ni su madre ni su padre para darle el cariño que un niño necesita.
-¿Y cuál nombre le pondremos a la niña?
     Habíamos dispuesto que si era una niñita, su nombre sería Marcela. Era un nombre que en ese tiempo salía de lo común y nos gustaba a los dos.

     Algunos días después por fin me permitieron ir a recoger a mi hija y me acompañó mi amiga Mercedes, que era una mujer bastante fuerte y que tenía cara de matrona. Inés tenía a menudo algunos arranques de celos con esta amiga. Pero para mi era absolutamente impensable tener algún sentimiento otro que no fuera el de la amistad con ella. Inés era una mujer muy linda y yo estaba totalmente enamorado de la madre de Marcela.

     Al ver a mi hija me emocioné mucho. Tenía las pestañas crespas y estaba durmiendo  con los ojitos muy cerrados. A pesar de que en esos tiempos Inés estaba con el pelo bastante rubio, mi hija tenía el pelo negro. La tomé en mis brazos y le dije que yo era su papá y que la llevaba a ver a su madre, pero creo que no me dio mucha importancia porque ni siquiera abrió los ojos. Todos los padres del mundo tienen la idea que su hijo es lo mas bello que existe y yo no fui la excepción.

     En la estación Mapocho subí al tren un poco azorado porque era muy poco usual ver a un muchacho tan joven con un bebé en los brazos.
Llevaba a Marcela en con uno de esos típicos chales de guagua chilenos y le iba contando todo lo que había pasado durante su ausencia. Yo estaba seguro que ella me oía porque si bien es cierto que no me respondía, por lo menos ponía bastante atención.

     Al bajar del tren en Batuco ni siquiera se me ocurrió buscar al hombre de las sandias. La primera experiencia con él me dejó los brazos sumamente adoloridos y tenía pocas ganas de cargar y descargar melones, además que no podía dejar a Marcela sola en la taberna.

     Me fui con mi hijita en brazos por el polvoriento sendero que me llevaba a casa de Don Misa y su Rungue, los cuáles pronto conocerían su primera biznieta.
La abuela recibió con gran contento a nuestra hija y dispuso de inmediato una cuna de mimbre que el abuelo había hecho especialmente para ella. Don Misa no acostumbraba interesarse por los bebés pero cumplía su deber como siempre: silenciosa y eficazmente. Quizás sería porque tenía unas manos de fierro galvanizadas por las callosidades provocadas por el duro trabajo de la tierra y tendría temor de hacerle mal a la criatura.

     Doña Uba conocía todos los secretos a la usanza campesina en recibimiento de los recién nacidos y sus consejos nos fueron de gran utilidad. Era casi una costumbre que los abuelos fueran un gran apoyo para toda la familia que necesitaba que se le diera una mano.
Cada mañana me iba a Santiago a mi trabajo y por las tardes cuando volvía ya estaba oscuro y el trayecto a casa era acompañado por los agresivos ladridos de los perros de los campesinos, que durante el día se mantienen tranquilos, pero que en las noches, se vuelven salvajes y atacan todo lo que encuentran a su alcance. Sentía temor de ser mordido por una jauría y noté que los perros no se amedrentaban por los gritos que les lanzaba, pero si por la llamita de los fósforos que encendía para ahuyentarlos. Me compré un encendedor gigante con una llama enorme que me ayudó mucho para defenderme de los ataques del mejor amigo del hombre.

     A Inés la había conocido cuando todas las mañanas tomábamos el mismo bus para irnos a nuestras respectivas labores. Teníamos los mismos horarios matinales. Durante tres meses nos miramos si decir palabra. Una vez no la encontré en el paradero del bus. Noté ostensiblemente su ausencia y con tristeza pensé que quizás había cambiado de domicilio y probablemente no la vería nunca más. Pero a mitad de recorrido la vi subir al bus y nos encontramos frente a frente. No nos quedó otra posibilidad que la de hablarnos. Y así comenzó nuestra historia que habría de durar dos años y medio, con dos hijos a nuestro haber. Marcela y Albertito mi primer hijo hombre, el cuál falleció trágicamente a la edad de seis años, víctima de una meningitis.

     Un mes después de haber llegado a casa de mis abuelos y una vez que Inés y Marcelita ya estaban bien recuperadas, nos fuimos a vivir a casa de la madre de Inés, quién para variar tampoco nos recibió de muy buena gana. Un tiempo después, arrendé una casa en el mismo barrio de mis padres en donde el poco tiempo que vivimos, fuimos bastante felices, hasta nuestra ruptura en noviembre de 1968.

     Una de las más grandes penas de mi vida fue cuando me vi alejado de mis hijos. Cada vez que los veía era una inmensa alegría para mí, pero luego cuando debía ir a dejarlos a su casa, caía en penosos estados depresivos. Perder a sus hijos, sea cual el motivo, es un mal que no le deseo a nadie.

     Uno de los recuerdos más nítidos que tengo de mi hija Marcela, es cuando una vez la llevé a la costa y ella gritaba de miedo cada vez que me veía entrar al mar. Me sorprendió agradablemente el hecho de que alguien se preocupara por mi. Hay que decir también que el Océano Pacífico chileno, de pacífico no tiene nada. Es muy raro encontrar una playa con bandera verde autorizando la entrada a ese mar que tranquilo te baña…

     El nacimiento de Marcela fue para mí, el primer gran acontecimiento importante en mi vida. Espero beneficiar con ella nuestra memoria compartida al máximo posible.

     Hoy día, treinta y cuatro años más tarde, pienso que mi hija no sólo traía una marraqueta bajo el brazo. Con ella llegaron ya tres nietos y un cuarto en camino de su linda unión con Mario. Otros cuatro hijos iluminan mi existencia. Alejandro el bajista informático, Cristián el guitarrista electrónico, su esposa Carolita y su hija Céline, Camila la dulce y Nicolás el sabio.
Mi familia ha crecido extraordinariamente a través de este tiempo. Es la única fortuna que tengo y la más promisoria.
    
     Albertito estaría orgulloso de todos ellos.





La casa de las abuelas




                   Rolando Salas Cabrera


            Se quedó dormido en los brazos de su padre. Viajaban en un tranvía, uno de esos viejos carros que atronaban las calles de Santiago en la década de los cuarenta.  Tenía frío y deseaba una cama caliente. Su padre seguía hablando pero él no le escuchaba pues el sueño lo vencía, acunado por el movimiento  del carro, y tal vez, por el fuerte olor a vino de su progenitor.
Cuando descendían del tranvía,  estaba oscureciendo. Era  el mes deabril del año cuarenta y tres. El padre vestía un largo abrigo sal y pimientay un sombrero de color marrón.  Llegaron hasta la casa. Tenía una enorme
puerta con argollas de metal y al entrar, su vista se perdió en un corredorinterminable. Aparecieron las abuelas, unas señoras viejas vestidas denegro que lo besaban y le acariciaban la cabeza.
¿"Cómo te llamas?" Preguntaban.
Él miró a su padre, "¡ Ya pues, diles tu nombre a las abuelitas!".
"Me llamo Galvarino" contestó con timidez.
"¿Galvarino?  "¡Ese no es un nombre cristiano!" protestó la más vieja.
Una de ellas, que parecía la más importante,  lo cogió de la mano y leenseñó la casa que era enorme.
"¿Te gustaría vivir aquí, con tus abuelas?", preguntó. Él estaba indeciso.
"¿Y papá?".
"Vendrá cada día a visitarte", dijo la abuela.  Corrió hacia el comedor en donde dos abuelas y una mujer más joven tomaban el té con el padre.
"¡Papá!", susurró, "Me quedo a vivir aquí."
Las viejas sonreían con ternura.  "Pero te vamos a cambiar el nombre,vamos a buscar un nombre cristiano.", dijo la abuela importante. "¡Ya lotengo!  ¡Pascual!  Porque has llegado en el mes de la Pascua". "¡Sí, Pascual, Pascualito!" corearon todas.
Así comenzó la vida con las abuelas.

     La casa era muy grande y tenía una galería acristalada que daba a un patio de baldosas, repleto de macetas; luego venía el comedor, con una enorme mesa de patas torneadas,  que crujía como una persona cuando alguien se apoyaba en ella. En el comedor estaban también los clásicos muebles de entonces; el aparador, un mueble al que llamaban  trinche y la vitrina.  A Galvarino le gustaba observar las botellas de diversos colores y tapas de vidrio quese alineaban en la vitrina,  también esas altas copas verdes que sólo se sacaban en las grandes ocasiones.
     Sobre el aparador había siempre una gran frutera de plata con frutas frescas, que él cogía cuando no le miraban y que se iban poniendo mustias con los días,  sin que nadie  las comiera.
   
     Desde el primer momento los muebles de la casa le parecieron similares a los habitantes, esas señoras viejas vestidas de negro. Las sillas y las personas parecían hermanadas por una suerte de actitud vital, de manera de mirar el mundo, incluso por el mismo afán de inculcarle valores y criticar sus desaciertos.
Botellas, hermosas botellas de formas diversas, casi siempre muy gordas o cuadradas encerraban licores de diversos colores. Era la alquimia familiar: las mistelas, esos licores de frutas que las abuelas hacían dos veces al año, macerando frutas con azúcar y canela y bañándolas luego con aguardiente de uva.

     La cocina era amplia,  con paredes manchadas de hollín, y era el lugar de la casa en donde Galvarino mejor se hallaba.  Había una mesa redonda y coja, en donde tomaba desayuno, y por las noches, se dormía escuchando los cuentos de miedo de la Emperatriz, la sirvienta.
     El patio de atrás era grande y misterioso. Tenía un parrón que durante el verano se cargaba de racimos negros y olorosos, un gallinero en donde convivían patos, gallinas y palomas y una fila de árboles frutales, entre ellos  dos paltos, largos y oscuros, muy cerca uno del otro y que inclinaban sus ramas como tratando de tocarse.  Al fondo estaban el guindo, un manzanosiempre frondoso y la enorme higuera de ramas retorcidas, luego venía un pequeño canal,  que servía de límite natural de la propiedad con el camino de atrás, que era una frontera que separaba dos barrios. A Galvarino le parecía que detrás de la casa se acababa la ciudad y comenzaba el campo, quizá con bosques y misterios. Con el tiempo tuvo que aceptar que trasunos sitios baldíos, la ciudad continuaba su cuerpo envejecido y urbano.

     Galvarino, ahora  Pascual, se apropió con rapidez de los rincones del caserón. Igualito que de su nuevo nombre. Le parecía más corto, nombre de gato decía Emperatriz la criada, pues cuando las viejas lo llamaban:
“¡Pascualito!”, acudían él y el gato  de la casa. El padre venía casi todos los días y jugaban en el patio. Las viejas lo mimaban, y pasados algunos días,  comenzó a dejar de llorar cuando su padre se marchaba.

     Las abuelas eran tres. Carmela, la dueña de la casa y de todo; Felicinda, la mayor, vieja y autoritaria, que caminaba apoyada en un bastón el cual usaba para golpear a cualquiera que osara pasar a su lado;  y Sara la menor, que era casada con tío Jorge, un hombre moreno y calvo, que fumaba mucho y  aparecía los fines de semana. Con el tiempo se enteró  que estabainternado en un manicomio.
Pero, además, estaba la tía Carmen, hija soltera de Felicinda, una mujer nerviosa, de largas manos blancas que revoloteaban entre sus rizos de un rubio desteñido y que tenía en su rostro un perenne gesto de inquietud. Para ella, la llegada de Galvarino fue algo así como un parto, el hijo tan deseado.
   
     Eran las tías abuelas, por parte de la familia del padre.  Vivían modestamente, pero presumían de ser de la clase alta y de poseer muchos bienes;  lo cierto es que todas vivían de los alquileres de dos viejas casas que la abuela Carmela había heredado de sus dos respectivos maridos, ya fallecidos, y del sueldo de tía Carmen que trabajaba en el Hospital El Salvador.
La verdad es que a Galvarino le gustaba tener dos nombres, era divertido. Como divertido era vivir en esa enorme casa. Cuando llegó a vivir con las abuelas acababa de cumplir cuatro años. Venía de una ruptura.


     Hacía cerca de un año su madre había ingresado en el hospital del cual no volvería a salir viva. Pascual recordaba a veces, como en un sueño, a una mujer de ojos tristes que tosía mucho y no dejaba que él la besara.   Los niños fueron repartidos en casas de familiares o vecinos y  luego de un tiempo de dar tumbos con familias diversas su padre los llevó  a casade sus parientes.

     Antes, creía haber estado en una casa en donde había muchos niños, a veces le pegaban y él lloraba el día entero. Vino un día su padre, hubo una discusión,  lo cogió en sus brazos y partieron de esa casa sin despedirse.

     De aquello se acordaba bien. Caminando por calles mojadas de lluvia; el padre vestía un abrigo largo, muy viejo, su barba estaba crecida y le picaba cada vez que acercaba su cara para besarlo,  y su aliento olía a alcohol.
Se detuvieron frente a una casa grande, con mamparas de vidrio labrado y penetraron a un salón muy grande, lleno de sillones y espejos. "Aquí estaremos unos días, verás lo bien que lo vas a pasar", dijo el padre.

     Él estaba muy cansado. Por las habitaciones muy grandes y llenas de cortinas,  iban y venían mujeres muy vistosas que lo cogían y lo besaban y una señora muy gorda a la cual llamaban tía Nena.
Esa noche las mujeres lo bañaron. Había una mujer joven de senos muy grandes y una boca grande y roja que lo estrechaba contra su pecho. El niño sintió una paz y mucho sueño. En algún momento de la noche, despertó sobresaltado. Oía risas de mujer, risas estridentes y en algún lugar una mujer se quejaba. Todo eso le dio mucho miedo y comenzó a llorar. Acudieron mujeres que lo miraban y hablaban muy fuerte y él lloraba con más pavor. Hasta que apareció la mujer de pechos grandes y lo tomó en sus brazos. Olía a alcohol, como su padre.

     En esa casa vivió durante algún tiempo. Galvarino nunca recordaba si fueron días o meses. Él jugaba todo el día en el patio lleno de macetas y mesas y sillas con un pequeño perro, muy peludo, que tenía cintas de colores y cascabeles en el cuello.

     Las mujeres iban lentamente tomando forma e identidad: Marianela, muy rubia y pintada, con grandes pechos en donde a él le gustaba dormirse;  Rossana gorda y muy alta con la boca pintada de un color muy rojo y que cada vez que lo besaba le embadurnaba la cara; Tamara, pequeñita y morena, con los ojos achinados y que fumaba unos cigarros apestosos, y por supuesto la tía Nena, siempre sudando, sentada en un enorme sillón y vestida con unas ropasde colores chillones. Nena reía con una risa tan abierta y tan clara,  que a Galvarino le gustaba contemplar su risa y sentirse contagiado. A veces la tía Nena estaba de mal humor y daba gritos e insultaba a las mujeres, entonces todas temblaban, también Galvarino, pero ella lo llamaba a su lado y lo sentaba en su regazo acariciándole cabeza.

     Había otras mujeres, pero venían de vez en cuando, sobre todo por las noches, cuando él ya muerto de sueño se quedaba dormido en los brazos de Nena, o  sobre unos enormes cojines que había sobre la alfombra.  Pero a su padre, casi no lo veía y preguntaba por él todo el tiempo. Hasta que un día, vino con una maleta pequeña. "Es para ti", le dijo. "Para que guardemos tus cosas".

     Las mujeres colocaban su ropa en la maleta en forma cuidadosa. Le hacían regalos. Almorzaron con la tía Nena y ella y su padre reían y contaban chistes. Después del almuerzo el padre dijo que se marchaban y él comenzó a llorar; las mujeres también se pusieron a llorar mientras  lo cogían en sus brazos y lo besaban, Galvarino  lloraba desolado. No quería irse de allí.

     Partieron al fin hacia el tranvía y papá le hablaba de las abuelitas

                                                    

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Revista Nº 6

correo: sinalefa25@hotmail.com

viernes, 17 de diciembre de 2010

Palabr@s nº 5, Descargala aqui!


Última revista Palabras de este 2010. Y como ya sabes solo da click a REVISTA PALABRAS Nº 5, deja que cargue la pagina y espera que diga "Click here to start downloand" das click sobre esta frase azul y tendras la revista en formato pdf.

Esperamos que este proximo año sigamos con este hermoso colectivo literario.

Prosperidad para ustedes!

jueves, 9 de diciembre de 2010


Revista del Círculo Literario de Maipú

5 - DICIEMBRE DE 2010



Escriben esta vez: Enrique Darío Lamas, Camilo Camus, Julio Abel Sotomayor, Palmenia San Martín, Bruno Antonio González, Ricardo Lagos N., Mario Cáceres y Melania Tello

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Hemos llegado a diciembre y aparece la revista con el quinto ejemplar del año, mostrando una imagen del lanzamiento del libro de poemas de Orietta Carolina González, Amanecerdeluna, presentado por Sergio Rodríguez y Ariela Córdova, en la Casa del Escritor de Almte. Simpson 7, ocasión especialmente emotiva en que se reunieron parientes y amigos junto a la poesía realzada por la música.


Falta otra presentación de fin de año, que esperamos con ansias, pero sin adelantar detalles,

(por una vieja superstición).

Tenemos esta vez, en primer lugar, un ensayo de Enrique Darío Lamas. Palmenia San Martín nos hizo llegar un pequeño cuento relativo a la Navidad; rescatamos un poema entre los enviados a un concurso de un autor que aún no habíamos mostrado, se incluye un poema de Bruno González junto a su biografía y entre otros poemas y cuentos, se han elegido dos autores entre las efemérides literarias de diciembre, ambos longevos, abogados y que han merecido amplio reconocimiento durante sus vidas.


Deseamos a todos quienes lean esta revista un final de año pleno de alegría y paz y un venturoso futuro gracias al esfuerzo de todos los días.

LAS PULSACIONES HISTORICAS. EL PANCHILENISMO Y CINCO VIÑETAS PARA EL BICENTENARIO CON UNA DÉCADA DE MIEDO. CÓMO NOS PILLÓ EL BICENTENARIO EN SEPTIEMBRE DEL 2010.

                                                                                  Enrique Darío Lamas



Las cosas, los fenómenos, no brotan de la nada. Tampoco los períodos de expansión y contracción de las naciones - estados y en general de todos los sistemas sociales .Los sistemas per se no favorecen el cambio porque su sustancia es permanecer, perdurar. Pero como vivientes dentro del sistema en esencia abierto como es Chile, siempre estamos en crisis larvadas o expuestas debido entre tantas cosas, al crecimiento poblacional y como afecta esto a las necesidades de alimento, educación etc. etc. De la cesantía que se provoca por la importación de productos con los que no podemos competir por su bajo costo como son las mercaderías que llegan de China y han provocado el cierre de las textiles. En este momento las exportaciones de frutas y de vinos están en grave riesgo por el bajo precio del dólar y los exportadores piden al Banco Central que intervenga la paridad de la divisa . Y así problemas y problemas donde las fuerzas políticas tienen que entrar en consensos para mantener el sistema en funcionamiento y así se dilata el cambio social que piden las fuerzas progresistas.

Pero, a veces, las crisis se resuelven con un impulso nacional de expansión que no es deliberado, ni obedece a una política de cambio social. Son estallidos con desprendimiento de mucha energía psíquica. Esta apertura se dirige a la conquista, sea territorial o hacia el interior, como son los avances culturales y la profundización democrática. Otro síntoma de los períodos expansivos es el aumento de la creatividad en el arte, el folklore, en muchas facetas culturales.  Doy el nombre de panchilenismo a estos períodos y desde mi punto de vista señalo cinco de ellos en nuestra historia republicana.  Otros más expertos como son los historiadores encontrarán muchos más, lo supongo. Lo expondré lo más sucintamente posible.

1.-El despertar de la República. Su comienzo está en nuestros pies. El 5 de abril de 1818 después de la batalla de Maipú se inicia una etapa de consolidación. Pese a la gran pobreza del país, los patriotas con O`Higgins a la cabeza, encuentran los recursos para organizar la expedición libertadora del Perú. Lord Cochrane acepta dirigir la escuadra que salió el 20 de Agosto de 1820 con 4500 hombres en siete buques de guerra (de la época) y 30 lanchas cañoneras y de transporte. En el Callao se apoderan del bergantín Esmeralda.  Las tropas desembarcaron para dirigirse hacia Lima y ocuparon la ciudad con éxito Más de dos tercios de las fuerzas eran chilenas, pero el Jefe, el General San Martín, el 28 de Julio de 1821, proclamó la independencia del Perú.

2.-Destaco el segundo período de expansión entre el año 1837 y 1846. En el gobierno de don Joaquín Prieto y su ministro Diego Portales se enfrentó a la naciente confederación Perú-Boliviana que comandaba el presidente de Bolivia don Andrés Santa Cruz. Portales exige el pago de los cuantiosos gastos derivados de la expedición libertadora. Ante la negativa se declara la guerra. Pese al asesinato de Portales el mismo año 1837, el presidente encomendó al general Manuel Bulnes, la organización del ejército. En el mes de julio de 1838 salen 5.400 hombres en 16 transportes. Entran victoriosos a Lima en agosto de ese mismo año sin muchas bajas y el 20 de enero de 1839 vencen al ejército reagrupado de Santa Cruz en los campos de Yungay.

Como un premio al veterano guerrero, se elige a Manuel Bulnes presidente de la República y gobierna en el período 1841 a 1851. Se produce un renacimiento intelectual y literario del país con la participación de personajes y figuras ilustres de Chile y del extranjero como el venezolano Andrés Bello, el matemático Gorbea, el naturalista Claudio Gay y Lorenzo Sazié. Participan los argentinos B. Mitre , Domingo F. Sarmiento y R. Alberdi. Otros chilenos : Lastarria , G. Blest y entusiastas jóvenes como Tocornal, A. Varas, García Reyes, Joaquín Vallejos, Salvador Sanfuentes, el poeta Eusebio Lillo, intelectuales como F. Bilbao y muchos otros nombres ilustres. El año 1843 se funda la Universidad de Chile. También la Escuela Normal de Preceptores, la de Artes y Oficios y muchos liceos y escuelas públicas. El mismo año se toma posesión de la Patagonia y se funda la ciudad mas austral del mundo: Punta Arenas. Se favorece la inmigración extranjera y colonos alemanes se establecen en las provincias de Valdivia y Llanquihue . Eusebio Lillo escribe la nueva y actual letra del himno nacional y se canta por vez primera en las fiestas patrias del año 1847.

3.- El tercer período de expansión se produce entre los años 1879 y 1883.
La Guerra del Pacífico contra la alianza Perú-boliviana se declara el 5 de abril de 1879. Comprende las campañas de Antofagasta, el combate naval de Iquique, la campaña de Tarapacá , la campaña de Tacna y Arica .El día 7 de junio de 1880 se toma el Morro de Arica, quizás desde el punto de vista militar, la más brillante y decisiva acción guerrera del conflicto . Después viene la campaña de Lima en 1881 y la de las sierras. La guerra fue desgastadora y aunque culminó con éxito, el sacrificio de vidas humanas y de material bélico fue muy oneroso.

4.-Un periodo de cambio y avance 1938-1944.

Se elige como presidente a don Pedro Aguirre Cerda después de una esforzada campaña del Frente Popular. Su lema "Gobernar es educar " significó un avance de la educación chilena en cobertura y calidad. También un mejoramiento de las condiciones laborales. Los partidos Radical , Socialista y Comunista impusieron un programa de conquistas sociales.

5.- Una década de miedo. 1960 -1971.
Una ola gigante de rebelión adolescente y juvenil barrió Europa y llegó también a Norteamérica desde comienzos de la década. Pero veamos solamente los hechos culminantes. El día 2 de diciembre de 1964 ,se congregaron unos 6.000 estudiantes ante el pabellón de gobierno de la Universidad de Berkeley, California,  en ese momento la universidad más grande y moderna de Norteamérica. Llevaban libros, vituallas y sacos de dormir con el propósito de tomarse el recinto universitario. El estudiante de filosofía Mario Salvio dirigió a sus compañeros el siguiente discurso : "Ha llegado el momento en que el funcionamiento de la máquina se ha hecho tan odioso y repulsivo, que ya no cabe colaborar con él ni siquiera tácitamente. Tenemos que abalanzarnos sobre los engranajes, las ruedas, las palancas y los mecanismos todos de la máquina y hacer que esta se detenga, Y estamos obligados a decirle a la gente que la mueve que, si queremos ser libres, hemos de impedir que la máquina siga funcionando ." ( La referida máquina era no solamente la Universidad , sino toda la sociedad liberal industrializada ) Al lado del dirigente Salvio, una muchacha con los pies descalzos, Joan Báez ,animó a sus compañeros a entrar al edificio entonando una canción : We shall overcome ( Venceremos ) Alcanzaron a entrar cantando más de mil estudiantes antes que la policía universitaria pudiese intervenir. La intervención de la policía y el arresto de cientos de estudiantes en los días posteriores causó conmoción en todos los Estados Unidos y el conflicto se agravó .

A Ronald Reagan gobernador en ese entonces de California, le correspondió sofocar esas rebeliones .Cuando los que dirigen son de una derecha poco liberal y el sistema social se presenta rígido, normativo casi totalitario, la respuesta es contundente y exagerada ,como para causar escarmiento . Pero eso es apagar el fuego con bencina y se potencia el odio al sistema. En ese mismo tiempo y sin que nadie pudiera comprender como, si no había entre ellos comunicación , Berlín y otras ciudades de Europa se vieron envueltas en rebeliones estudiantiles. Eran movimientos de mucha espontaneidad y los partidos políticos no pudieron conducirlo. Algunos teóricos marxistas, Marcuse y otros, se frotaban las manos pensando en el final del capitalismo .Pero los rebeldes adoptaron una actitud crítica a los bloques de Occidente y Oriente.

En Francia, la revolución estudiantil de l968 hizo tambalear al gobierno. Eran movimientos antisistémicos incontrolables para los partidos de la izquierda .Los estudiantes tenían entre sus consignas :" Pidamos lo imposible "

Otra postura antisistémica fue el movimiento hippie..En este caso sin violencia, invocando la paz y el amor, denostaban a la sociedad de consumo. Los hippies vivían prácticamente de las sobras pues el trabajo representaba para ellos el símbolo del circuito consumista .No tardó mucho la sociedad capitalista en entregarles algunos cebos puesto que pronto estaban fabricando vestimentas especiales, collares, baratijas artesanales y otros productos relativos a la libertad sexual que practicaban .Es también algo natural que, temprano o tarde las parejas tengan hijos y se formen familias que deben aplicarse a resolver las necesidades. Así devienen los integrados con mayor o menor grado de adhesión al sistema social.

El último período de expansión en nuestro país entre los años 1960 y 1971 tiene su comienzo en el gobierno del presidente Jorge Alessandri R. un distinguido y mayoritariamente respetado representante de la derecha democrática . El presidente Alessandri caminaba sin escolta desde la Moneda a su departamento de la calle Phillips en la Plaza de Armas,  conversando con sus asistentes como un ciudadano cualquiera.  En el trayecto recibía voces de apoyo de transeúntes o voces de algunos bocones que le consultaban la fecha en que iba a presentar a la primera dama. Su ministro del interior don Sótero del Río G., era un médico bronco-pulmonar de amplia visión y criterio.  El presidente y la derecha de ese tiempo eran estatistas y él que era muy austero, cuidaba los dineros del Fisco, peso a peso .Sin embargo entregaron apoyo y respaldo para la realización del Mundial de Fútbol de 1962. Este evento levantó la participación ciudadana, provocó el entusiasmo de todos y Chile pasó a ser ese año el centro de la atención mundial .Comenzaba además, la tecnología de la televisión. En este gobierno de Allesandri ,después de ser ministro de Economía, se desempeñó como alcalde de la comuna de Maipú, don José Luis Infante Larraín, terrateniente de esta zona. La izquierda lo calificaba como "momio reaccionario" .Sin embargo tenía más dedicación y sentido de ayuda social que muchos ediles de izquierda de hoy. Todos los días estaba presente en las actividades más relevantes; fueron considerables sus iniciativas y las inversiones del municipio en transporte, agua potable y recreación de la gente. Lo cierto es que en estos períodos de expansión la balanza se inclina hacia el cambio y a mejorar las condiciones de bienestar del pueblo. De manera que la derecha se izquierdiza.

Un gran movimiento social llevó a Don Eduardo Frei Montalva a la presidencia . Su talento y prestancia lo llevó a mostrar otro rostro de Chile a varios países del mundo. Quiso hacer reformas en todos los planos .Se trabajó especialmente en las organizaciones de la comunidad profundizando con ello la participación ciudadana .Su programa izquierdizante y más aún el que `presentó Radomiro Tomic después, les habrían llevado en la actualidad a rendir cuentas en el Tribunal de Disciplina de la Democracia Cristiana. Así lo creo.

Las elecciones a tres bandas, esto es la derecha, la democracia cristiana y la Unidad Popular llevó a don Salvador Allende G. a la presidencia de la República, después de la firma de un Estatuto de Garantías en nviembre del año 1970.  Era un médico de larga trayectoria política, un gran orador y el programa de la vía chilena al socialismo dentro de la institucionalidad democrática establecida, concitó el interés en todos los países del mundo. Allende tuvo un gobierno normal hasta mediados del año 1972.  La ofensiva del desabastecimiento y el debilitamiento de la producción condujeron a muchas dificultades a los más pobres porque el acaparamiento de los que tenían más recursos, las huelgas de los transportistas especialmente de los camioneros que no dudaban en dejar sus camiones destruyéndose sin mantención, porque la CIA los abastecía de dólares; las huelgas promovidas en todas partes; las amenazas de mineros como el señor Medina del Teniente convertido en guerrillero, ya que aseguraba que con su banda viajarían hasta la Moneda con dinamita en las mochilas etc etc, todo eso tensionaron el gobierno de la Unidad Popular. El ejército y otras ramas de las fuerzas armadas estaban divididas entre los constitucionalistas y los politizados .El año 1972, el General Pinochet se reunió en Panamá durante tres días con el General Underwood para frenar la actividad subversiva en la región.

La expropiación legal de bancos, empresas, fundos, etc. se hizo por disposiciones contenidas en leyes que estaban vigentes desde el año 1932. Pero el funcionamiento de esas instituciones fue difícil por el caudilllismo de muchos y por el empuje de grupos de ultraizquierda antisistémicos que pregonaban "avanzar sin transar". Por otra parte no se tenía memoria en el país de un despliegue tan formidable de fuerzas populares en trabajos voluntarios sin pensar ni en el reloj ni en el pago. Jóvenes asumieron responsabilidades gigantescas sin la preparación adecuada pero con la voluntad de tener éxito en esas funciones. Todos tenían optimismo desde el hecho impensado en el día de hoy, de que la nacionalización del cobre se hiciera por unanimidad en el parlamento.
La iglesia mediaba con el cardenal "rojo", Raúl Silva H. La creatividad apareció en todas las artes. Brillaron con muchas luces Víctor Jara ,Violeta Parra ,la música folklórica renovada por muchos conjuntos musicales. El año 1971 Pablo Neruda recibe el premio Nobel de Literatura.

Pero todo terminó abruptamente con el golpe de Estado. Junto a la quema de los registros electorales y el cierre del parlamento, también se extinguieron las conquistas laborales.

De la forma ahora muy conocida por las masacres, persecusiones y represiones, terminó el último período de expansión, de entrega personal y colectiva por la patria ingrata. El último período de heroísmo, grandeza y generosidad. El último panchilenismo que hemos vivido y sufrido como nación.

5.- La época actual y como nos pilló el Bicentenario. Una vez llegado después del gasto energético, al afelio del sistema, comienza un retorno a las fuentes que pueden energizarlo. Esto no significa que no existan actividades y esfuerzos en fundación de estructuras .Pero inciden más bien en un crecimiento material. Las bases para que funcionen correctamente el mercado y las relaciones internacionales que trae la globalización son ataduras al fin al sistema internacional de los grandes poderes fácticos. Otra cosa son las relaciones humanas quebrantadas que perduran, la desconfianza y la escasa o muy pobre participación de la juventud en las grandes misiones sociales de lograr una vida digna y plena . ¿Como explicarse que los jóvenes que nacieron mucho después del golpe de Estado no quieran inscribirse en los registros electorales? En estos períodos de retracción o contracción energética no existen motivaciones atrayentes para la participación en la vida social de la comunidad. El registro electoral ha envejecido.

La educación misma está pensada como un negocio más para los particulares y no como una misión de país. El objetivo principal de las instituciones educativas es el rendimiento y a eso llega el que es más fuerte y tiene más recursos . Hace ya muchos años que el objetivo de la formación personal, del desarrollo bio-síquico no es el principal .Se cambió al éxito social, saltando por encima de esos logros indispensables.

El trabajo voluntario que hace siempre la juventud, se plantea con pautas mecánicas, más bien como un ejercicio de solidaridad y fraternidad.

El sálvese quien pueda y el arréglatelas con tus uñas, son las enseñas que nos cultiva el individualismo.

Ante todo la ganancia es el lema de los negocios privados y públicos.

La actividad política casi no sobrepasa los cálculos electorales. No se solucionan exclusiones y discriminaciones porque no conviene al reparto de los cargos parlamentarios.

Los candidatos no presentan proyectos-país en sus plataformas de conquista eleccionaria .Los objetivos que mueven a las candidaturas son puntuales y mezquinos.

La izquierda ha perdido sensibilidad social .Al derechizarse hay confusiones de roles y responsabilidades y tránsfugas pasan a las trincheras a las cuales antes combatían .

La ciudadanía pasó de la época del terror a la violencia de la dictadura, al temor paralizante que es la incertidumbre por el empleo .

El sistema económico neoliberal atraviesa cada vez por más frecuentes convulsiones. El porvenir de nuestro país no se ve con grandes augurios de estabilidad y progreso.

Es lo que hemos tenido para celebrar el Bicentenario. Disculpen mi escaso optimismo.

LA EMPERATRIZ DEL MAPOCHO

                                                   El Loco Estero (Camilo Camus)



¡La conocí hace un tiempo allá en la Vega Central!

Una anciana redondita que vagaba todo el día por esas calles estrechas

en su piojosa cabeza un mundo de fantasía

Ella vive todavía si ustedes la quieren ver

anda vestida de andrajos, la envuelve la fetidez

para ella es un perfume que le llegó de París

los harapos son encajes de Florencia y de Madrid.



Ella se sabe una reina y se ha llamado a sí misma del “Mapocho Emperatriz”

orgullosa y convencida sentada en un tacho de basura

“Éste es mi trono forrado de fino armiño y las moscas que rondaban

son mariposas de Marte y en las alas llevan niños

éste es mi río turquesa, transparente y perfumado”.

Para ella la inmundicia que el río lleva al mar

son rosas, son lirios, violetas y nardos

son ramos de jazmines para los enamorados.

Prendidos en cada tallo llevan sonetos de la divina Gabriela.

¡Sí ella!, la que nació en Montegrande

que por cantarle a los niños, ella la hizo su comadre

Altiva, insana, coqueta, repite “Yo soy la dueña total de este reino encantado

tiene fronteras con Francia, con China y con Bolivia

y mi nombre es Catalina, como mi prima la Grande,

soy hija de Cleopatra y de un chilote del sur.



Yo danzo sobre mis aguas como la Duncan , señor.

Al llegar la madrugada, de los postes de la luz

cosecho mis manzanas, bananas y mandarinas.

Estoy casada con Baco, me baña en vino y miel en el dedal de mi madre.

Fui preñada por Ulises cuando pasó por mi río hacia Itaca triunfador

A los mil días parí, emergieron de mi vientre

ochenta soles neutrales, veinte lunas y una estrella.

Los soles los regalé para el África Central

Con las lunas me hice un aro, tres pulseras y un collar

La estrella se la di a un hombre que era poeta y pintor

la bordó en mi bandera que flamea entre alerces y pehuenes

con ella me hice un manto para ir donde Neptuno

él me lleva a navegar en el Caleuche al desierto.





Cuando pulso mi guitarra bailan hasta los muertos.

¡Abran cancha, abran cancha, abran quincha

que viene la Emperatriz del Mapocho

en carroza de sandía, con ruedas de jazmín y margaritas

la tiran cien mil hormigas vestidas cual arcoiris!

y me escolta una nube de picaflores naranja.



Vengan pronto, vengan todos, que mi río está de fiesta

Todos cantan, todos bailan, todos disfrutan mi orquesta

compuesta de ochenta pianos, mil guitarras y un violín

novecientos los tambores y tres mil son las cantoras

hay ochocientos panderos y setenta flautas dulces

¿Quién las dirige? ¡Mi hermano, el flautista de Hamelin!



Mi hijo es Prometeo y lo llevo a veranear

a la playa que poseo en medio de Shangri La

Mi abuelo fue un acordeón y mi abuela una vihuela

también he parido arpas, aves, cirios y jaguares.

Fue siempre mi fiel partera una olla de Pomaire

por las redondas esquinas de mis calles triangulares

ya vienen a saludarme y vienen de todas partes

llegaron ya de Saturno, del Tibet, de Macchu Picchu,

desde Alaska, de Barbados, Santa Lucía y Brasil

vienen princesas y lustrabotas, pescadores y ministros

llegaron reyes y condes, estrellas del cine vienen

llegó la Piaf de Paris, la Marilyn y la Evita.

También llegó Santa Juana, viene Medusa y ña Pancha

Bailando viene Chaplin, lo acompaña Paganini con su charango de luna

lo sigue Violeta Parra en sus aladas sandalias de gardenias y de espumas.



John Lennon me canta en quechua, Mozart me canta rancheras

y al compás del bandoneón Negrete me canta cuecas

con sus palmas acompaña mi primo Napoleón.

Neruda y Huidobro, niños, juegan elevando un volantín de ladrillos

Verne me trae un obsequio: una nave transparente en forma de corazón

que me lleva hasta el centro de la tierra, rellena de manjar blanco.

Mi anillo de compromiso, está perlado de rocío otoñal

mi prendedor de burbujas me lo obsequió Julio César.

Bajad la frente, mancebos, que ya traen mi corona

la decoró Paul Gauguin con laurel de Alejandría.

Mi diadema resplandece de luciérnagas doradas

y con esto me declaro por los siglos de los siglos “Emperatriz Coronada”.



En este instante alucinado declaro que me nombro Emperador absoluto


de mi barrio el Matadero, Rapa Nui y toda la Amazonía.


Dalí pintó mis veredas, Van Gogh plasmó girasoles en paredes y tejados.


Presentado, me retiro. Soy el mentado Loco Estero,


mañana en Notre Dame, me casaré a las ocho


con mi amada virginal, la emperatriz del Mapocho.






Nuestra Soledad             

Julio Abel Sotomayor

 
La esperanza se extingue, mal herida,
El olvido marchita las manos.
Sobre la pared sin sombras, horas inmóviles,
Esperando la humedad de otra piel.
 
El silencio narra un racconto;
Los ojos cerrados:
Reflejos, emociones, sentimientos,
Labios  desnudos de cicatrices.
 
En la penumbra del ocaso
Eco de palabras perdidas golpean la ventana,
Empañada de tiempo no reconoce las voces.
La noche, fría, posa sus pies en la tierra.
 
El vaso sobre el velador recuerda
Beber antídoto para el insomnio
Mientras, ella, esperando tendida en la cama,
Se ha quitado el pijama para sentir las manos.
 
 
 
 
Inconciencia
 
Se oscurecen las pantallas. Las oficinas continuarán mañana discutiendo las formas y detalles, transacciones y divisas. Las calles se inundan de gente. El ruido de bocinas alerta a la multitud que corre zigzagueante detrás del bus que les llevará al hogar. Otros, con el mismo destino, se sumergen intentando ganar un espacio en el metro que a esa hora, ahíto de pasajeros, parece una tripa satisfecha. La tarde en tránsito se viste de sepia y poco a poco, como una vedette, se desnudan las calles. La noche avanza rauda y en la oscuridad ampara seres que deambulan tramando sórdidos delitos. Un gato huye al sentir en su espinazo el golpe de la sombra y en su loca fuga atraviesa la línea invisible, aquel ululante ruido obliga a escapar al monrrero. Mientras, en un motel de la ciudad, una Venus voyerista observa nuestros cuerpos desnudos, consumiéndose en una efusión de orgasmos, ignorantes del tráfago nocturno que transcurre.



ESTRELLITA BLANCA


                                                                       Palmenia San Martín Torrejón



Papá Lucero y mamá Estrella, se conocieron cuando él regresaba de Oriente. Era un pálido atardecer de otoño, y ella se asomaba titilando tímidamente en el balcón del cielo. Era muy joven, apenas unos millones de años. Fue un amor a primer fulgor.


De esta bella unión nació Estrellita Blanca. Eran tan, tan hermosa con sus cachitos de luz, que Don Sol y la blanca Luna, quisieron apadrinarla en cuanto la conocieron.

En la misma forma que derrochaba belleza, derrochaba energías, lo que obligaba a mamá Estrella a correr constantemente tras ella. A veces se perdía y tras afanosa búsqueda, se la encontraba trepada peligrosamente sobre alguna nube mirando hacia la Tierra, ésta ejercía especial atracción sobre ella...


Un día, a fines de diciembre, se extravió como tantas veces. Sus padres la buscaron largamente, pero pasó el día y gran parte de la noche sin ser encontrada. Cuando ya comenzaban a inquietarse, a mamá Estrella se le ocurrió mirar hacia la Tierra. Era muy tarde, casi amanecía. Mirando aquí, mirando allá de pronto dio con un humilde pesebre, sobre el cual dormía plácidamente un niño y a sus pies Estrellita Blanca, durmiendo tan serenamente como su nuevo amiguito.

Mamá Estrella alargó y alargó sus brazos y cogiéndola de uno de sus cachitos de luz, la depositó en su camita.


Cuando despertó, mamá Estrella y papá Lucero quisieron saber qué hacía durmiendo en aquel pesebre, a los pies de ese hermoso niño; ella respondió – sólo quería alumbrar al niñito, para que no sintiera miedo en la oscuridad, pero la paja era tan mullida y fragante y sus pies tan rosados y hermosos que me dormí mientras contaba sus deditos. ¡Por favor mamá, no me regañes!

BRUNO ANTONIO GONZÁLEZ




LA ROCA ARRIBA





Hijo, observa:

la roca allá arriba

se alza majestuosa,

omnipotente, erguida;

al desprenderse arrasa,

a su paso destruye,

violenta, aniquila,

en el abismo se pierde

por siempre olvidada.

Solo que la roca

no se ha desprendido,

por siglos se mantiene,

altiva, firme en lo alto

magnífica, sublime

sosteniendo el viento,

en un romance eterno

de abrazos y caricias.

El viento apasionado

la lame, la besa;

la roca complacida

devuelve caricias

y devuelve besos.

Si vas por la vida

cabalgando el tiempo

el viento y la roca

te servirán de ejemplo.


Bruno Antonio González Silva, oriundo de Villa Seca, comuna de Retiro, provincia de Linares, nació el 5 de septiembre de 1929. Realiza sus primeros estudios en la Escuela Pública del lugar, donde sobresale como recitador y en sus composiciones escolares. En el Liceo de Hombres de Cauquenes se distingue con su cuento "Lirio blanco" y algunas publicaciones en la Revista "Trampolín".
En el Liceo de Hombres de Linares publica algunos versos y pensamientos en la revista "Horizonte" y junto a su compañero de curso Enrique Gólez, obtienen el primer premio en un concurso sobre Cervantes y El Quijote, trabajos publicados en dos periódicos.
Desde 1938 a 1973 se dedica a la educación de adultos en horario nocturno.
Hasta 1981 trabaja para el DUOC por convenio entre esa institución y la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Maipú.
Hasta 1990, trabajó en diferentes sedes sociales y capillas con el respaldo y apoyo de las parroquias Caritas, Vicaría de Pastoral Obrera y Depto. Cultural de la Embajada de Francia. En 2005, se jubila como profesor colegiado.
El 17 de octubre de 1949 contrae matrimonio con doña Blanca del Carmen Venegas Yáñez, su permanente y fiel colaboradora, formando una gran familia de nueve hijos, muchos nietos y varios bisnietos, avecindados en Maipú desde 1954.
En el año 2007 entró a los talleres de narrativa y poesía avanzadas, donde permanece escribiendo cuentos y poemas. Es autor de "Copihues y Nomeolvides", un pequeño libro que pretende decir mucho.

DOS ESCRITORES NACIDOS EN DICIEMBRE



Dulce María Loynaz (La Habana, Cuba, 10 de diciembre de 1902 - 27 de abril de 1997) .

Fue miembro de una familia acomodada, jamás asistió a una escuela, fue educada privadamente, pero ingresó a la Universidad de La Habana donde en 1927 obtuvo el título de doctora en Derecho.

Sus primeros poemas aparecieron en un periódico en 1920 y viajó desde esa fecha por una serie de países de europa, américa y el medio oriente. Escribe además de poemas, novelas y crónicas en diversos diarios y revistas de su país. Fue elegida en 1959 miembro de la Reall Academia Española y presidió la Academia de su país hasta su fallecimiento. Entre los premios recibidos figuran el Premio Cervantes en 1992, la Cruz de Alfonso X y el Premio Isabel la Católica de periodismo. En Cuba recibió la Orden Culturalk Félix Varela y el Premio Nacional de Literatura y en 1944, el premio González Lanuza otorgado por el Colegio Nacional de Abogados de Cuba. En su antigua casa de El Vedado, (La Habana) se hospedaron, entre otros los poetas Federico García Lorca, Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez.





EN MI VERSO SOY LIBRE



En mi verso soy libre: él es mi mar.

Mi mar ancho y desnudo de horizontes...



En mis versos yo ando sobre el mar,

camino sobre olas desdobladas

de otras olas y de otras olas... Ando

en mi verso; respiro, vivo, crezco

en mi verso, y en él tienen mis pies

camino y mi camino rumbo y mis

manos qué sujetar y mi esperanza

qué esperar y mi vida su sentido.



Yo soy libre en mi verso y él es libre

como yo. Nos amamos. Nos tenemos.



Fuera de él soy pequeña y me arrodillo

ante la obra de mis manos, la

tierna arcilla amasada entre mis dedos...

Dentro de él, me levanto y soy yo misma.



Gonzalo Rojas. Nació en Lebu, Chile, el 20 de diciembre de 1917. Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Fue profesor de Estética Literaria y Jefe del Departamento de Castellano en la Universidad de Concepción. Ejerció la docencia en Utah, EE.UU., Alemania y Venezuela. Organizó a partir de 1958 los famosos Congresos de Escritores en Concepción, reuniendo lo más selecto de la literatura latinoamericana. Fue diplomático en China y Cuba. Perteneció al grupo surrealista reunido en torno a la Revista Mandrágora, 1938 - 1943.
Ha recibido internacionales entre los que se cuentan: Premio Sociedad de Escritores de Chile por «Poesía Inédita» 1946, Premio Reina Sofía de poesía de España, Premio Octavio Paz de México y José Hernández de Argentina, además del Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y del Premio Cervantes de Literatura 2003.


LAS HERMOSAS


Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos,

turgentes, desafiantes, rápida la marea,

pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones

y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle,

y echan su aroma duro verdemente.



Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas

ni arcángeles: muchachas del país, adivinas

del hombre, y algo más que el calor centelleante,

algo más, algo más que estas ramas flexibles

que saben lo que saben como sabe la tierra.



Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería

de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile

de las calles veloces. Hembras, hembras

en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos

para sacar apenas el beso de la espuma.

SUEÑO Y VIGILIA

                                                                                     Ricardo Lagos Núñez


Houston, TEXAS. 9 p.m. James O’ Farell, 43 años, irlandés y mecánico de profesión se disponía a acostarse en la litera de su celda después de haber ingerido su exquisita cena.
Ésta había consistido en una entrada de caviar, consomé de ostras y asado de búfalo flambeado al
whisky; el vino, Rose del Napa Valley, California.

Acostóse, liberando sus pensamientos y recuerdos.
Y así se durmió como a las 11p.m., con un sueño que ahuyento los pesares de su mundo sólido y le atrajo las fantasías de la dimensión onírica. Y fue en este primer sueño que recordó cuan verde era su valle en Irlanda; el lugar de su niñez y adolescencia en Cork, la casa de su abuela, dirección adonde su madre le enviaba mensualmente el dinero para su manutención, remesa de lo que ella ganaba en el burdel mas grande de Dublín.

Despertó como a las 12:30 y, en su pensamiento, recordó a la feroz pandilla negra, los motorizados Howard: estos habían intentado asaltarle mientras asolaban el mercado de Houston.
Y como repelió el ataque con certeros disparos de su revolver Colt 45: el resto de la banda al ver a sus tres capos baleados decidió huir.

Como a las 2 a.m. le vence el sueño y sueña con su adorada Mary mientras se despedía en el muelle de Cork, y para siempre, de ambas; su novia y su amada Irlanda.

Se embarcaba hacia América a los 24 años…Las últimas palabras de Mary:

__Nada podrá ser demasiado duro para nosotros, aun en la distancia: cuando tengas un mal momento “píensame “ a tu lado contigo. Y yo lo mismo, viceversa…

Despertó cerca de las 3 a.m. y su primer recuerdo fue la sala del Tribunal, la Suprema Corte y la sentencia de triple homicidio calificado a raíz de la corrupta versión del Sheriff de los Rangers, cómplice, encubridor y protector de la pandilla Howard.
Pero nuevamente se sume en un profundo sueño y evoca en imágenes a su confesor y párroco cuando el sacerdote le aconseja:
__Hijo, cultiva el optimismo, terreno apto y caldo de cultivo para las grandes realizaciones.

4 a.m. Se vuelve a despertar recordando la anterior entrevista con su abogado: algunos pormenores de su apelación a la Suprema Corte y después su solicitud de indulto o postergación, esta al Gobernador del Estado de TEXAS, George W. Bush.

Y al caer de nuevo en un profundo sueño, aparecen las imágenes de su madre cuando le decía:

__Hijo; siempre hay un mañana.

5 a.m. Se despierta, y al no lograr conciliar el sueño, toma del velador de su celda el libro “General Song” traducción al Ingles del “Canto General”, del poeta chileno Pablo Neruda, y leyendo le vuelve el sueño, apareciéndose su pelirroja e incondicional conviviente Maggie quien con su tierna voz le dice:

__Jimmy, jamás dejes de soñar, a menos que estés muerto.

6 a.m.. Logra despertarse pero su mente agotada lo induce nuevamente al sueño y en el aparecen radiantes y con túnicas blancas las amables presencias de su madre y Mary, quienes le llaman a coro:

__Te esperamos, querido Jimmy.

6:45 a.m. Le despierta una comitiva presidida por el alcalde de la prisión de Houston, más el Secretario del Gobernador del Estado de Texas, 7 gendarmes y el medico forense:

__Arriba, James O’Farrell__le grita y ordena el alcalde__El Señor Secretario del Gobernador nos ha comunicado que su solicitud de indulto o postergación ha sido denegada.
¡Acompáñenos a la silla eléctrica para que de acuerdo con la sentencia de la Suprema Corte del estado de Texas, proceder a su ejecución.

¡Mr. James O’ Farell, vamos andando!